Opinión
Cuotas siempre hubo: sólo hombres en los espacios de poder

Por Marisa Kohan
Periodista experta en temas de género e igualdad
La puesta en escena es rotunda. En la fotografía que inmortaliza el encuentro de dos potencias (China y EEUU) para decidir el futuro del mundo, hay 24 personas. Todas ellas hombres. Dos largas filas de señores, todos uniformados igual: chaquetas azul o negra, camisa blanca, corbata debidamente ajustada… A estas alturas del siglo XXI, la imagen grita la ausencia de mujeres.
La fotografía ha dado la vuelta al mundo no por el contenido de lo discutido, sino por su simbolismo y la realidad incómoda que representa. Que la 'dictatorial' China y la 'democrática' (aunque cada vez menos) USA, coinciden plenamente en algo fundamental: los espacios de poder están reservados en exclusiva para los hombres. Un mundo en el que las mujeres, la mitad de la población mundial, no está representada, ni se la espera.
Es imperativo recordar que la desigual representación de hombres y mujeres en el espacio público no es fruto de la generación espontánea o de una desigualdad innata, sino de políticas y leyes muy concretas que las discriminaban. Que les impedían trabajar sin el permiso de sus maridos o sus padres, abrir una cuenta bancaria solas, acceder a estudios superiores o carreras concretas o tomar decisiones sobre los propios hijos. Esto, como quien dice, ocurrió hasta hace dos días en España. Y sigue siendo una realidad en muchos países del mundo.
También es importante recordar que la mayor participación de las mujeres en la política, en la economía y las instituciones donde se toman decisiones clave, no se produjo de forma espontánea ni por el devenir. Fue el resultado de una larga lucha de las mujeres en las calles, en los parlamentos, en todas las esferas públicas, que se plasmaron en leyes.
En España, por ejemplo, la aprobación de leyes de participación igualitarias en la política, que obligo a la creación de listas ‘cremallera’ en las elecciones, supuso un tremendo avance en la participación de las mujeres en los espacios de decisión política. Otras, que obligan a la participación igualitaria en las empresas y en los consejos de administración, les abrió las puertas a esferas de poder que siempre habían sido masculinas. En la UE el avance de las mujeres en la toma de decisiones también se produjo por el cambios normativos que amplió derechos y obligó a las empresas, los partidos y las instituciones a tender hacia la paridad.
El último informe elaborado por el Instituto Europeo para la Igualdad de Genero (EIGE), sitúa a nuestro país como el cuarto más igualitario de la UE, lejos de los puestos de cola que ocupaba hace sólo una década. A pesar de estos avances, el estudio advierte de que la igualdad plena entre mujeres y hombres en la UE sigue estando a unos 50 años de distancia según los datos actuales. Un ejemplo: en los países de la zona euro, las mujeres siguen cobrando de media un 77% menos que los hombres (un 72% en España), lo que supone que para obtener los mismos ingresos ellas deberían trabajar 15 meses y 18 días. La mayor dedicación de las mujeres a los cuidados y las labores en la casa sigue siendo uno de los elementos de desigualdad más poderosos.
Nuestro país obtiene su mejor resultado precisamente en el ámbito del poder, donde se sitúa como el tercer país de la UE gracias al notable aumento de la representación femenina en espacios políticos, empresariales y sociales. España registra un 45% de mujeres en puestos ministeriales, un 44% en el Parlamento y un 47% en las asambleas autonómicas. También destaca el incremento de mujeres en los consejos de administración de las empresas cotizadas, que ya representan el 41%. Ninguno de estos avances hubieran sido posibles sin las normas que impidieron que ninguno de los sexos tuviera una representación menor que el 40% o superior al 60%.
Pero como hemos visto en los últimos años, los avances no son lineales y los retrocesos están a la vuelta de cualquier esquina. Los discursos y políticas revisionistas que han aflorado en Estados Unidos y en diversos países del mundo (incluidos los de la UE) y que presentan las leyes de igualdad como discriminatorias e injustas (y a los hombres como grandes perjudicados), suponen uno de los peligros más acuciantes para la igualdad y para la vida de las mujeres.
Dificultando el acceso al voto a las mujeres que hayan cambiado su apellido al casarse (una amplísima mayoría)
Las dificultades en el acceso al voto a las mujeres que hayan cambiado su apellido al casarse (una amplísima mayoría), la idea de que se implante un voto por hogar y que éste lo ostente el paterfamilia o las campañas para la vuelta de las mujeres al hogar y a las tareas domésticas (las tradwifes) son parte de esta avanzada contra la igualdad.
En este contexto, la fotografía no es sólo un símbolo, sino todo un aviso a navegantes. Y es preciso estar muy alertas para que esta foto no sea un reflejo de nuestro futuro.
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