Opinión
La defensa del antifascismo ante el discurso de 'los dos extremos'

Por Miquel Ramos
Periodista
En julio de 2023, el programa Horizonte de Iker Jiménez, presentaba a Alice Cordier, una joven francesa que alertaba sobre los peligros de la inmigración para la seguridad y los derechos de las mujeres. Cordier es la portavoz de Némesis, una organización de extrema derecha que se reivindica como ‘feminista’ pero que reduce el problema del machismo y de la inseguridad para las mujeres a la inmigración. Esta estrategia, que se conoce como feminacionalismo, no es nueva. A pesar de que históricamente las extremas derechas han negado las desigualdades de género y se han enfrentado al feminismo, algunos grupos, en su particular batalla cultural, tratan de usurpar los marcos progresistas para inyectar sus odios y buscar nuevas complicidades más allá de su electorado. Sucede también con los derechos LGTBIQ+, usados por algunos grupos de extrema derecha para señalar a las personas migrantes como las portadoras del gen homófobo. En las pasadas elecciones, Némesis pidió el voto para el ultraderechista Eric Zemmour.
La tarde del pasado 13 de febrero, Némesis pretendía reventar la conferencia de la eurodiputada de origen palestino, Rima Hassan, del partido de izquierdas La Francia Insumisa, al que acusan de ‘islamoizquierdista’, uno de los insultos favoritos de las extremas derechas francesas contra las izquierdas antirracistas. La acción, sin embargo, terminó en una algarada en las inmediaciones del Instituto de Estudios Políticos de Lyon, donde iba a tener lugar la charla. Varios jóvenes neonazis que acompañaban a Némesis se encontraron con otro grupo de jóvenes antifascistas que trató de impedir el asalto a la conferencia. Uno de los ultraderechistas murió a consecuencia del enfrentamiento. Quentin Deranque, de 23 años y simpatizante de varias organizaciones fascistas y neonazis, se convirtió en el nuevo mártir de la extrema derecha, y en la nueva excusa del establishment político y mediático para criminalizar al antifascismo.
El relato de la extrema derecha, que varios medios compraron acríticamente, era que Quentin pasaba por allí y que una turba de ultraizquierdistas lo mató de una paliza. Varios medios relacionaron directamente al partido de Melenchón con la muerte del chico, y el Gobierno insistió en la idea de que todos los extremos son malos. LFI se desmarcó de los antifascistas y uno de sus asesores, detenido tras los hechos, fue apartado del grupo. Durante los primeros días, varias sedes de LFI fueron atacadas mientras los fascistas pedían venganza. Desde entonces, la violencia de la extrema derecha se ha extendido por todo el país.
La respuesta de una gran parte de los medios de comunicación (muchos de ellos en manos del magnate ultraderechista Vincent Bolloré), y de gran parte de los políticos ha sido responsabilizar al antifascismo y a la izquierda de la supuesta ‘polarización’ y la violencia política que existe. Pero a pesar de esta ofensiva política y mediática, la reacción de gran parte de la izquierda ha sido mantenerse firme. Nadie celebra la muerte de un joven, como sí han hecho a menudo los ultraderechistas cuando la víctima es de izquierdas, como bien sabemos aquí con casos como el de Guillem Agulló, Carlos Palomino o Jimmy, objeto de mofa habitual, de cánticos en los estadios y de pintadas recordando que nos desean la misma suerte. "Un fascista es demasiado. Pero ninguna vida es demasiado. Son las ideas fascistas las que queremos ver desaparecer", decían desde Cerveaux Non Disponibles. Y advertían que "no recurriremos a echar a los activistas antifascistas a los lobos para satisfacer la demanda de equilibrio mediático."
Conforme avanza la investigación se ha sabido que la presencia del grupo neonazi en el que se encontraba el joven fallecido en las inmediaciones de la charla no era casual. Todo formaba parte del plan habitual de Némesis: ellas atacan un acto de izquierdas, la gente las echa y aparecen los nazis a agredir a los presentes. Y luego, a través de su propaganda, difunden el relato victimista de que un grupo de mujeres ha sido atacado. Así lo expuso el periódico L’Humanité tras acceder a algunas de las conversaciones de miembros de este grupo y neonazis, que hablaban de las habituales trampas que tendían a los antifascistas para cazarlos. Medios alternativos como Contra Attaque aportaron nuevas pruebas que demostraban cómo los fascistas fueron quienes fueron de caza y atacaron primero. Este y otros medios empezaron a desvelar las vinculaciones neonazis de los atacantes y del mismo Quentin, retratado anteriormente en otras algaradas de la extrema derecha. Esta vez, el plan de las ultraderechistas se cobró una vida. La de uno de los suyos.
Lyon ha sido una ciudad azotada desde hace años por la violencia de la extrema derecha, como bien relató el medio independiente Rue98, contabilizando decenas de ataques y remarcando la impunidad de muchos de ellos. Ante la pasividad de las autoridades surgieron varios grupos de autodefensa antifascista, entre ellos, la Joven Guardia, un colectivo sobre el que pesa un proceso judicial para su ilegalización y al que los medios relacionan con la pelea en la que murió Quentin. Desde que el partido de la saga de los Le Pen empezó a ganar normalidad, y con la llegada de nuevos actores como Eric Zemmour, el empoderamiento de las bandas fascistas ha ido in crescendo, a la vez que los poderes públicos han ido trasladando la supuesta amenaza violenta y antidemocrática hacia la izquierda.
El pasado domingo tuvo lugar en Lyon la marcha en recuerdo a Quentin convocada por conocidos ultraderechistas franceses y a la que acudieron cerca de tres mil personas. Medios y periodistas independientes, como Ricardo Parreira, estuvieron presentes y desentrañaron la red de organizaciones y líderes fascistas que está detrás de la campaña por rentabilizar el suceso. También el Observatorio Nacional de la Extrema Derecha publicó la identidad de las principales figuras ultraderechistas que se encontraban tras la manifestación. Finalmente, la misma familia del joven muerto ha denunciado la instrumentalización del caso, y ha denunciado los cánticos racistas y los saludos nazis que se vieron durante la convocatoria.
Lo sucedido no es ninguna sorpresa, dada la campaña de violencia que la extrema derecha está llevando a cabo desde hace años, empoderada por su cada vez mayor normalización. Las agresiones racistas contabilizadas oficialmente en Francia llegaron en 2024 a casi los 10.000 casos, un incremento de un 11% respecto a años anteriores. La violencia fascista se ha cobrado también varias vidas, desde el joven antifascista Clément Méric en 2013, hasta la del jugador de rugby argentino Federico Martín Aramburu en 2022. El periódico Le Monde contabiliza hasta 53 asesinatos cometidos por la extrema derecha desde 1986 hasta 2021, esto es nueve de cada diez crímenes con motivación política en Francia han sido obra de la extrema derecha. Tan solo en estos últimos tres años, la extrema derecha ha asesinado a doce personas en Francia.
A lo largo de toda la semana, la violencia de la extrema derecha no ha dejado de crecer, con ataques a varias sedes de organizaciones de izquierda, cacerías contra antifascistas y hasta avisos de bomba en las sedes de LFI, del sindicato CGT y de un grupo ecologista. Mientras varios jóvenes que presuntamente participaron en la pelea de Lyon ya han sido detenidos y acusados de homicidio voluntario (todos ellos antifascistas), el Estado y gran parte de los medios siguen pasando de puntillas por la campaña de agresiones fascistas, estirando el chicle contra el antifascismo.
Lamentar la muerte del joven ultraderechista no está reñido con seguir defendiendo la legítima defensa ante los ataques de la extrema derecha. El papel de los medios y periodistas independientes estos días ha sido fundamental para derribar el relato que pretendía imponer la extrema derecha y que varios políticos y medios de comunicación todavía mantienen. A pesar de la magnitud de la ofensiva contra la izquierda, los datos sobre la autoría de la violencia política en Francia son un muro infranqueable contra el que choca el relato victimista ultraderechista. "Dejar que el campo supremacista dicte su lectura de los acontecimientos es irresponsable. Es hacer la cama de la extrema derecha y ayudar a una maniobra que pretende, por primera vez desde la Liberación, invertir los papeles entre fascistas y antifascistas", alertaba un manifiesto firmado por más de 180 novelistas, historiadores, sociólogos y otras personalidades bajo el título "Afirmar nuestro antifascismo: el deber del momento".
Los mismos que han abierto las puertas a las extremas derechas y a sus odios con su peligrosa equidistancia, hoy se rasgan las vestiduras ante las consecuencias de lo sembrado. En España ya estamos viendo la coordinación entre los agitadores ultras, los grupos neonazis que los acompañan y los partidos políticos que los financian y hasta los invitan a sus actos de campaña. Si la ultraderecha se siente acompañada por el relato institucional, por la acción policial y por la campaña de intoxicación mediática, y sobre todo, si no encuentra contrapeso, va a seguir buscando bronca para luego presentarse como víctima. Es en estos momentos cuando la extrema derecha espera retrocesos de la izquierda, cobardías y equidistancias que la normalicen y la victimicen una vez más. Y es justo ahora cuando no se puede volver a dejar solos a los antifascistas.

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