Opinión
La derecha española siempre ha sido violenta

Por Paco Tomás
Periodista y escritor
-Actualizado a
La derecha española siempre ha sido violenta. No hay momento histórico en el que no lo vaya demostrado. Porque ejerce el poder con violencia y ejerce la violencia cuando no tiene el poder. Por eso no me resultan insólitos los insultos que el Partido Popular y su brazo armado, Vox, pronuncian contra su oposición y contra todos aquellos que no suscriban su manera ramplona de hacer política.
Es cierto que hubo un tiempo en el que creían, como buenos clasistas que son, que el insulto era propio de gente vulgar y sin recursos dialécticos. Y como ellos eran la élite, ejercían una violencia más pragmática y menos evidente. Una especie de violencia lenta, que definió el ensayista Rob Nixon. Hasta que su kale borroka de extrema derecha empezó a ejercer violencia clara, callejera y digital. Y ellos, en lugar de seguir defendiendo su elitismo, decidieron bajar al barro y comportarse como hooligans. Ahí tienen a Ayuso, Tellado, Abascal, De los Santos y Figaredo, que bien podrían protagonizar un remake de La naranja mecánica.
Pero lo que sí me resulta inaudito es que la derecha política que ha instalado la violencia en el Congreso de los Diputados, legitimando así su trasvase a la sociedad española, sea la que constantemente señale la violencia de un grupo parlamentario, EH Bildu, que, desde hace años, está demostrando ser un partido mucho más de Estado que ella.
La manera en la que EH Bildu está haciendo política en el Parlamento es ejemplar. Ha apoyado más de quince leyes de contenido social como la ley de eutanasia, la creación del ingreso mínimo vital, la derogación del despido por bajas médicas o suprimir el delito que penaba a los piquetes en las huelgas. Medidas que, a diferencia de la derecha nacionalista catalana, benefician a todos los españoles. No solo a los vascos. Incluso las propuestas de ley que ha presentado en el Congreso nos benefician a todos: prohibir las pelotas de goma que lanza la Policía en las manifestaciones, acabar con los pisos turísticos ilegales en plataformas digitales e intervenir el mercado del alquiler. Todo eso demuestra que es un partido político preocupado por hacer de España un país mejor.
Pero el PP, y su brazo armado, siguen insistiendo en que EH Bildu es ETA. Y eso, además de ser mentira, porque ETA no existe desde 2018, pone en evidencia la ignorancia mayúscula de unos líderes políticos que pretenden gobernar España. Aunque claro, cuando ven el triunfo de su líder espiritual, Donald Trump, comprenden que la inteligencia y la cordura no son valores que interesen a su electorado.
EH Bildu es una coalición de partidos vascos de izquierdas entre los que están Eusko Alkartasuna y Alternatiba, dos partidos políticos que siempre se han posicionado en contra de la violencia de ETA y han apostado por vías políticas y pacíficas. Ni siquiera existe algo parecido a Herri Batasuna, partido que fue ilegalizado y disuelto en 2003, por razones que, a día de hoy, también nos servirían para ilegalizar a Vox o SALF.
Pero si para el PP, Sortu es ETA porque recogió el capital político de HB, entiendo que no les molestará que los españoles pensemos que el PP es un partido franquista, ya que recogió el capital político de Alianza Popular, un partido fundado por un ministro franquista que firmó sentencias de muerte.
No borro a ETA del paisaje histórico de España como tampoco elimino la dictadura franquista, aunque ninguna de las dos exista actualmente. Pero si somos honestos, en la España de hoy está más presente el franquismo que ETA. Lo vemos constantemente a la puerta de la sede del PSOE, en Madrid, con sus banderas del aguilucho o en las declaraciones de un sector de la juventud celebrando una dictadura que no vivieron.
¿Se imaginan a un líder de la izquierda abertzale diciendo que no puede condenar el terrorismo de ETA porque su hermano, o su padre, formaba parte de la banda terrorista? Pues eso dijo Aznar, el peor presidente de la historia de la democracia, cuando aseguró que no podía condenar el franquismo porque su padre participó de él. Repugnante es poco.
Cuando, en la comisión parlamentaria de investigación sobre la DANA Alberto Núñez Feijóo señala la vinculación de Oskar Matute, portavoz parlamentario de EH Bildu, con la banda terrorista, miente y demuestra que es un ignorante. Porque ya todos sabemos que, en los años más sangrientos de ETA, Matute se estaba manifestando contra los crímenes de la banda, poniendo incluso su vida en peligro. De hecho, han tenido más relación con la banda terrorista los mensajeros que el PP de Aznar manda, en 1999, a Zúrich y a Burgos, para negociar el fin de la violencia, que el propio Matute.
El descrédito del PP llega a cotas alarmantes cuando señala a EH Bildu como una línea roja -no percibe lo mismo con la extrema derecha- después de que todos sepamos que se reunió con ellos, en 2023, para que apoyasen la investidura de Feijóo. Como no lo consiguieron, EH Bildu pasó a ser ETA. Si no fueran tan peligrosos, solo nos darían risa.
A veces me pregunto de dónde viene esa obsesión anacrónica del PP con ETA. Si uno rebusca en la hemeroteca, comprobará que cada vez que había un atentado, la reacción de condena de los partidos políticos pasaba por apuntar que, en democracia, no tenían cabida los asesinos. Que la política se hacía en las urnas y en el Parlamento y no con tiros en la nuca. Y ahora, que la política se hace en las urnas y en el Parlamento, a la derecha no le convence. ¿Por qué? Porque ETA desapareció con el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Y eso no lo pueden soportar. Hoy, la única violencia que sufre nuestro país es la del PP y Vox. Por mucho que quieran hacernos creer lo contrario.

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