Opinión
El derecho de las mujeres de ir al baño

Periodista
Que las mujeres tardan mucho en el baño. Que hacen una cola eterna porque van "juntitas". ¿Casualidad? No. Hablemos del derecho de ir al baño. Nos hicieron creer que era normal la fila infinita del aseo en los conciertos. En festivales. En centros comerciales. En estadios. En cines. Las mujeres esperando mientras los hombres entran y salen en segundos. Y como sucede tantas veces con las desigualdades, acabaron haciendo burla de nosotras. Siempre se cuestionó a las mujeres.
Ahora, el movimiento "Derecho al aseo", impulsado por la arquitecta e investigadora Laura Cambra Rufino, ha puesto sobre la mesa algo importantísimo: que las colas eternas en los baños femeninos no son una anécdota. Son una desigualdad estructural. Un problema de diseño.
¿Cómo? Porque los mismos metros cuadrados de superficie para hombres y mujeres no siempre dan el mismo resultado. Donde caben dos urinarios masculinos entra solo una cabina para las mujeres. Y mientras ellos entran y salen en menos de un minuto, las mujeres necesitan cerrar una puerta, quitarse ropa y sentarse. Eso, si no tienen que cambiarse productos menstruales. Y si no tenemos que hacer malabares, porque no hay espacio suficiente, ni forma de colgar el bolso (si es que lo llevas).
Conclusión: que nosotras tardamos hasta un minuto más en el baño. No porque queramos, sino porque estamos en un espacio que no está diseñado para nuestras necesidades. Por no hablar de otras realidades donde se cruzan otras variables. Que los cambiadores estén más en baños femeninos y los hombres que quieran cambiar un pañal tengan que ir al de mujeres. Que no haya espacios para cambiar a personas mayores, dependientes u ostomizadas. Que muchas mujeres no sepan dónde limpiar su copa menstrual. Hombres molestos por urinarios donde tampoco tienen privacidad.
Todo tiene una historia detrás. Los espacios públicos se pensaron para el hombre que no menstruaba, que no acompañaba niños, que no atravesaba embarazos, endometriosis o menopausias. Durante siglos las mujeres no tuvieron ni espacio público propio de baño porque no estaba previsto que estuvieran ese espacio público. Que se lo digan a tantas que llegaron a trabajar en espacios masculinos y no tenían ni baño propio.
Hasta principios del siglo XX, la falta de aseos femeninos limitó literalmente la movilidad de las mujeres. Entre otras cosas, porque se decía que no tenían que estar tanto tiempo fuera de casa. Así muchas reducían desplazamientos o tiempo fuera del hogar. solo porque no tenían acceso a un baño. Es decir, algo tan básico como orinar condicionaba nuestra presencia en la calle.
Ahora, allí donde se han rediseñado baños, las colas se han reducido o equiparado. Porque no es lo mismo igualdad que equidad. Es decir, el problema nunca fueron las mujeres. Era el diseño. Mientras, siglos de machismo ridiculizando las conversaciones sobre este tema. Mientras, nosotras viviendo lo que todo esto representa. Tiempo robado. Aguantar las ganas. Perder parte de un evento. Dejar de beber agua. Perder salud. Esperar siempre. Adaptarnos siempre.
Porque al final el problema nunca fue que las mujeres tardaran demasiado porque ellas querían. El problema es que el mundo se construyó suponiendo que nuestro tiempo y presencia vale menos.

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