Opinión
El diablo viste a Abascal

Por Anibal Malvar
Periodista
Los ultracatólicos de Hazte Oír han generado un vídeo con inteligencia artificial, a falta de otra, en el que Santiago Abascal recibe en su despacho la visita de Mefistófeles. Según parece, Vox no sigue las directrices de su secta fundacional en lo referente al aborto. Y hay desde hace tiempo un conflicto entre ultrafascistas y ultracatólicos que tiembla el misterio. Es el acabose.
Cuando las cosas seguían un orden natural, el fascista daba la hostia asesina y el católico la consagraba. Ahora aquella armonía parece rota. Los hazteoíres de Ignacio Arsuaga van con sus hisopos cargados de sulfúrico a reventar los actos de Vox. El otro día, el vicesecretario del partido neonanzi, Enrique Cabanas, le arrebató el teléfono a uno de estos piononos y lo arrojó contra el suelo. Se rumorea que en Hazte Oír hay debate sobre si llevarlo a juicio ante dios o ante los hombres.
Esta guerra entre demofascistas y fascicristianos no es asunto baladí, como aventuraréis los profanos. Al fin y al cabo, los primeros dineros que hacen posible a Vox nacen del entorno de Hazte Oír. Y el entorno de Hazte Oír es de los que reparten hostias como panes: en su red de donantes figuran sacropúgiles como Isidoro Álvarez (El Corte Inglés), Esther Koplowitz (Foment), Juan Miguel Villar Mir (OHL), David Álvarez (Eulen) y Bernard Meunier (Nestlé).
Lo del vídeo generado por IA con Abascal recibiendo a Mefistófeles es de lo mejorcito que han parido las pantallas terrenales en muchos años. El día de la bestia es un cuento infantil a su lado. “Has cambiado la defensa de la vida por el tentador sonido del conteo de votos. Cien mil niños cada año, tantos como para llenar este estadio”, declama Belcebú, y se ve un estadio de fútbol rebosante de bebés con pañales, se supone que abortados.
Al pobre Abascal le dan poco diálogo los guionistas, lo dejan mudo. Y el libreto tiene alguna incoherencia narrativa, como cuando el diablo se despide: “No puedo vender tu alma porque ya la has perdido”. Con todo el mal que saben hacer, estos señores de Hazte Oír no tienen ni pajolera idea de diabluras. Mefistófeles no vende almas. Las compra. La beatitud y el conocimiento nunca han ido de la mano. Pero ni eso justifica tamaño fallo argumental.
Ya conté antes que la ruptura diferida entre Hazte Oír y Vox viene de lejos. En 2019, los de Arsuaga escenificaron un principio de divorcio porque Vox, desde las administraciones donde iba sometiendo al PP, no exigía la derogación de las leyes igualitarias ni emitía bandos prohibiendo a los maricones y a las lesbianas circular por las calles. Esta gente son piezas de El Yunque, una fantasmagórica pero muy real mafia ultracatólica y fascista que está infestando continentes gracias a los discretos dineros de magnates y oligarcas. En el Vaticano se los toman muy en serio, y al menos dos papas han impulsado estudios sobre sus prácticas y manejos con el fin de frenar su auge.
Vox y el PP tienen un verdadero problema con esta mafia. Porque los tentáculos de El Yunque no solo ruedan vídeos de diablillos. Perpetran verdaderas diabluras. Y son capaces incluso de hacer temblar Estados. Su poder financiero y su arraigo popular se van multiplicando exponencialmente en muchas partes del mundo. Son tan poderosos que todavía mucha gente piensa que no existen.
Vox tiene un dilema cuando toca poder: ni quiere ni puede ni se atreve a imponer algunos de los maximalismos que exige el satélite de El Yunque en España. Viven felices con su paguita en la oposición. Son cobardes, y les complace más el papel de víctimas que de verdugos. Pero los que mueven la marioneta no se van a conformar con postureos. A mí me ha hecho reír un rato (por burdo) el vídeo de Mefistófeles visitando a Abascal. Pero estoy seguro de que Abascal no se ha reído tanto. Ni poco. Ni nada.
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