Opinión
Días históricos para la justicia transicional en Siria

Por Leila Nachawati
Doctora en comunicación y conflicto, profesora en el departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III. Autora de 'Cuando la revolución termine'.
-Actualizado a
Un hombre con ropa militar verde oliva, barba corta y un gorro de pescador sujeta por el brazo a un joven que lleva los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. En la siguiente escena, el hombre del gorro de pescador ordena al joven maniatado que corra hacia un foso profundo cavado en el suelo. Cuando este alcanza el foso, el del gorro dispara con un fusil de asalto. El cuerpo cae en el agujero. Quien graba la escena ríe, se acerca al borde y muestra el fondo: se ve una cama de neumáticos viejos y una pila de cuerpos, decenas o quizás cientos.
La secuencia se repite a lo largo de los casi siete minutos que dura el vídeo, sin que la cámara tiemble en ningún momento. Otro civil con los ojos vendados y maniatado, y otro, y otro. El hombre del gorro de pescador los guía o los empuja, les dice que hay un francotirador cerca y que deben saltar para esquivar sus balas. Los prisioneros, uno por uno, obedecen y saltan hacia el vacío, y en ese momento una ráfaga de disparos les da de lleno. Se oyen risas cada vez que un cuerpo más cae sobre la pila.
A ratos, los dos militares descansan. Ríen, fuman, charlan frente a la pila de cuerpos como quien contempla el avance de una obra, relajados al final de una jornada laboral. En otro momento se ve al hombre del gorro operando una excavadora para profundizar la fosa. Al final del vídeo, los dos rocían con combustible la mezcla de cuerpos y neumáticos, antes de prenderle fuego.
La banalidad del mal en Siria
Es difícil encontrar a un sirio que no haya visto estas imágenes, que no guarde en su retina estos crímenes, documentados por los propios ejecutores, entre la colección de horrores de los que la población ha sido testigo en las oscuras décadas del régimen de terror de los Asad, especialmente tras la revolución de 2011.
Las más de doscientas víctimas que cayeron en ese fosa común no eran combatientes, sino civiles de Tadamon, un barrio del sur de Damasco adosado al campo de refugiados palestinos de Yarmouk, conocido por sus viviendas precarias en las que conviven familias humildes, desplazados, refugiados palestinos y personas de distintas confesiones religiosas. Cuando estalló la revolución, los habitantes de Tadamon se sumaron a las protestas populares y el régimen reaccionó reprimiéndolas brutalmente y ejecutando venganzas contra el barrio en los años siguientes.
Los dos criminales del vídeo son Amjad Youssef y Najib al-Halabi, miembros de la Rama 227 de la Inteligencia Militar siria. El segundo murió en combate antes de la caída del régimen. El primero, conocido popularmente como "el del gorro de pescador", fue arrestado el 24 de abril de 2026, trece años después de la masacre de Tadamon. Su identificación y posterior captura fue posible gracias a una investigación liderada por los académicos Annsar Shahhoud y Uğur Ümit Üngör, especializados en estudios de genocidio. Tras recibir el vídeo filtrado por un recluta, Shahhoud creó un perfil falso de Facebook haciéndose pasar por "Anna", una supuesta investigadora alauita simpatizante del régimen que, tras meses de conversaciones se ganó la confianza de Youssef y logró arrancarle una confesión directa de los asesinatos.
Estas pruebas sentaron las bases para que las nuevas fuerzas de seguridad pudieran seguir su rastro hasta su escondite en las montañas. La noticia de su captura fue recibida con celebraciones en las calles de Tadamon, como el primer paso hacia una justicia para el barrio y el país.

Apenas unas horas después de su detención, Youssef fue exhibido en la televisión nacional, en una entrevista con el actual Ministro de Interior. Al igual que en su conversación con los académicos, no hubo rastro de arrepentimiento. Se limitó a repetir que los civiles maniatados eran terroristas (en el vídeo, antes de dispararles, les gritaba “Tú eres de Hamás, cabrón”) y pertenecientes a grupos armados con financiación extranjera. Los mismos mantras que todo el aparato del régimen enarboló durante años contra cualquier forma de oposición.
El pulso por la justicia transicional
Esta detención y las declaraciones que la rodean coinciden, en la misma semana, con otro hito judicial: el comienzo del juicio a Atef Najib, conocido como el "Carnicero de Daraa", en el Palacio de Justicia de Damasco. Primo de Bashar al-Asad, Najib es responsable de la brutalidad contra manifestantes en los inicios del proceso revolucionario, en marzo de 2011. Fue quien ordenó la tortura y asesinato, entre otros, de Hamza al-Khatib, el muchacho de trece años que fue detenido en una manifestación en Daraa y cuyo cuerpo fue devuelto a su familia días después irreconocible y con graves signos de tortura. El proceso es particularmente simbólico por ser el primer juicio presencial y por haberse abierto causa, como responsables últimos de los crímenes, contra Bashar al-Asad y su hermano Maher.
En declaraciones a la agencia de noticias oficial, la asesora de Justicia Transicional del Ministerio de Asuntos Exteriores Zahra al-Barazi señaló el 26 de abril de 2026 como el inicio de una nueva fase de la justicia transicional en Siria, dejando atrás los años limitados a la documentación de violaciones. Al-Barazi enfatizó que el objetivo no es procesar a individuos aislados, sino alcanzar toda la cadena de mando. Para ello, señaló la urgencia de desarrollar marcos legales especializados en crímenes de guerra y de lesa humanidad, además de tribunales que cumplan estándares internacionales. "La credibilidad del sistema depende de la solidez jurídica y de que las víctimas y sus familias tengan una participación activa", señaló.
Abogados como Mutasem Al-Kilani, especialista en derecho penal, han expresado estos días "sentimientos encontrados". Por un lado, la alegría de ver abrirse el camino hacia la rendición de cuentas y el juicio a criminales de guerra, y por otro la preocupación ante la debilidad de la actual Autoridad Nacional de Justicia de Transición, la falta de coordinación y la ausencia de una visión nacional integral que determine las prioridades de la justicia y sus herramientas.
"Corremos el riesgo de quedar estancados en el juicio a dos peones sin llegar a desmantelar el sistema criminal, a lo que se suman muchas presiones políticas e intentos de poner parches a expensas de la rendición de cuentas", señala Kilani, subrayando que el poder judicial debe reestructurarse bajo un marco legal claro.
En respuesta a las últimas medidas, la Red Siria de Derechos Humanos enfatiza la importancia de contar con un organismo nacional con experiencia en justicia transicional compuesto de figuras y organismos independientes de la sociedad civil siria. Entre estos destaca el trabajo realizado por el Foro de las familias sirias por la libertad y las Familias del Archivo César, ambas lideradas por mujeres. En su último posicionamiento, las organizaciones destacaron la importancia de que el proceso de justicia transicional esté anclado en estándares internacionales y asegure la participación significativa de las víctimas, además de abordar las violaciones cometidas por todas las partes.
Otras voces han advertido del peligro de presentar lo sucedido en Siria como producto de las acciones de individuos concretos y no de todo un sistema. El escritor Anas Hamdoun señala que “un juicio de este tamaño requiere experiencia internacional, un gran esfuerzo legal y coordinación con el trabajo de documentación realizado". Denuncia, además, que figuras acusadas de torturas, extorsión y abusos sistemáticos sigan libres bajo el pretexto de la reconciliación o la necesidad de estabilidad política.
El abogado Anwar al-Bunni ha señalado el componente de espectáculo y exhibicionismo de emisiones televisadas como la entrevista a Youssef, alertando de su falta de rigor. Bunni lidera, de hecho, otro proceso clave a través del Centro Sirio de Estudios e Investigaciones Jurídicas. Este 27 de abril de 2026 comenzó en Alemania el juicio contra Fahd A., acusado de crímenes contra la humanidad por torturar a detenidos en la aterradora Rama 251 de Damasco. Su caso se suma a otros cinco acusados ante el tribunal de Coblenza por crímenes en el campo de Yarmouk, y a un sexto individuo que recibirá su sentencia en Suecia el próximo 4 de mayo.
El mapa judicial trazado por Al-Bunni y su equipo se extiende por el continente. En La Haya, un tribunal holandés emitirá el 9 de junio su fallo contra un líder de la milicia Defensa Nacional de Salamiya, mientras otro miembro del mismo grupo es juzgado en Bélgica. Además, en junio comenzará en Austria el juicio contra dos altos mandos de seguridad de Raqqa, al tiempo que en Berlín continúa el proceso contra Anwar S. por la represión en Alepo.
Más allá de los juzgados, el debate ha llegado también a la esfera pública. En programas como "Siria hoy", de Syria TV, se han sentado estos días analistas como Bassam al-Ahmad, director de Syrians for Truth and Justice, el jurista Yasser al-Farhan o el propio Anwar al-Bunni, para discutir abiertamente sobre estos procesos. Que estos temas se traten hoy en espacios públicos, sin el miedo a la persecución que marcó las décadas anteriores, es en sí mismo un cambio significativo, y el reflejo de una sociedad civil que tras el proceso revolucionario y la guerra reclama su derecho a participar en el diseño del futuro del país.
Son, sin duda, días históricos para Siria. Un proceso complejo que abarca medidas internas y externas que, en palabras de Kilani, suponen pasos adelante pero que, en el ámbito doméstico, requieren tratarse "como ensayos que mejorar y corregir, no como una etapa cerrada". El éxito de estas medidas se medirá en su capacidad de evolucionar e incluir los crímenes de lesa humanidad en la legislación nacional. Solo así se podrá establecer "que estos crímenes no prescriban, que los autos de procesamiento reflejen la naturaleza grave y sistemática de los actos, y que se revisen aspectos punitivos que obstaculizan la cooperación judicial internacional".
En palabras del Foro de las familias por la libertad: “La justicia transicional no es solo un proceso legal. Es un camino para reconstruir la confianza, la dignidad y un estado de derecho en Siria”.


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