Opinión
¿Quién dijo democracia para Siria?

Por Consuelo Núñez Fernández
Activista del colectivo Rojava Azadî Madrid
-Actualizado a
Uno de los signos de la política de nuestro tiempo es la carencia de ética y el descaro con que se practica, en especial desde la llegada de la administración Trump a la Casa Blanca. No se esconden y se les ve venir, pero a la mayoría de los gobiernos aliados y, por qué no decirlo, a muchos ciudadanos, no parece afectarles. La sociedad occidental ha llegado a tal punto de individualismo y banalidad que ni las afirmaciones más abyectas, ni las imágenes más atroces, parecen hacer mella en su capacidad de empatía.
Un caso claro donde comprobar la afirmación anterior es la condición de víctima propiciatoria otorgada al pueblo kurdo. No me refiero a las masacres e indignidades históricas cometidas por los Estados nación en que se dividió Kurdistán por obra de los imperialismos europeos tras la Primera Guerra Mundial. No es necesario retrotraerse un siglo, aunque podría ser oportuno recordarlo. Estamos siendo testigos hoy mismo.
Desde la progresiva cooptación de la revolución siria de 2011 por milicias islamistas, y la expansión territorial del autodenominado Estado Islámico a partir de 2013, el pueblo kurdo sirio ha tenido que enfrentarse a la violencia takfiri wahabita, incluido el brutal genocidio de yazidíes en Sinjar en el verano de 2014.
En Europa conocemos la violencia extrema del ISIS, y en general del terrorismo islamista, a través de atentados brutales que han causado la muerte de casi mil personas y más de 6.500 heridos a lo largo de dos décadas. También hemos visto imágenes de sus actos de terror a través de la televisión. Pero no hemos tenido que vivirlos día a día, de la mañana a la noche, como las gentes del norte y este de Siria. Por ello decidieron enfrentarse a ISIS como si no hubiera un mañana, porque con ISIS no lo habría. Han sido muchos los sacrificios en esta lucha. No hay ciudad en la región sin un "cementerio de mártires" con miles de tumbas.
El problema de ISIS
Hoy, una vez alcanzado el fin del régimen de Assad, anulada la influencia de Rusia en suelo sirio y aupado al poder en Damasco un régimen "amigo", aunque esté basado en un grupo y unos líderes terroristas, Occidente ha decidido que los kurdos son prescindibles como fuerza de contención del ISIS en el territorio sirio.
Durante años, la Administración Autónoma kurda ha reclamado la creación de un tribunal internacional para juzgar a los prisioneros de ISIS. Su situación demandaba una solución legal por parte de toda la comunidad internacional, puesto que el peligro de ISIS era global; en base a ello se había creado la Coalición Internacional, a la que se han adherido 90 países, incluida Siria hace escasas semanas. También se ha reclamado una solución para las prisiones y los campos de combatientes de ISIS y sus familias. Solo a lo largo del último año se ha visto un goteo más acelerado de repatriaciones de personas retenidas a sus países de origen. Pocos Estados han estado dispuestos a hacerse cargo de sus nacionales; en algunos casos incluso los han despojado de su ciudadanía para no tener que hacerse responsables. La situación en cárceles y campos estaba al límite porque la ayuda financiera para su sostenimiento era claramente insuficiente. Hoy, parece que no hay impedimento alguno para trasladar a Irak a al menos 7.000 prisioneros de ISIS.
En 2017, Human Rights Watch publicó un informe sobre el enjuiciamiento defectuoso de sospechosos de ISIS en Irak, donde es legal la pena de muerte en base a las leyes antiterroristas del país. En el Contrato Social que rige la vida en la Administración Autónoma, la pena de muerte está abolida, en línea con las normas internacionales en materia de derechos humanos y la legislación de los países democráticos. La Administración Autónoma tomó entonces la decisión de no transferir prisioneros a Irak para evitar su ejecución sin garantías legales. Sin embargo, la cuestión de la pena de muerte y la falta de seguridad legal de la administración de justicia en Irak no parece que ahora sean un problema.
La falacia de la unidad de Siria
Se le ha pedido al pueblo kurdo que renuncie a su autonomía y se integre en el Estado central en aras de la unidad de Siria. La Administración Autónoma no se niega. Ha presentado diversas propuestas para hacerlo gradualmente al tiempo que mantiene su autodefensa y sus logros democráticos; un modelo que podría servir para el resto de regiones de Siria y salvaguardar a sus minorías. Pero ¿cómo convencer a un yihadista -al Golani, a un megalómano -Trump- y a un islamista ultranacionalista turco -Erdogan- de que es mejor la democracia? Requiere tiempo y esfuerzo, y eso no cuadra con la carrera por la hegemonía total de EEUU.
La defensa de la unidad de Siria no es más que una falacia. Ha sido precisamente la Administración Autónoma quien ha abogado por la unidad de Siria a lo largo de la guerra. En un enfrentamiento desigual, ha defendido su frontera norte frente a tres invasiones de Turquía -Jarablus 2017, Afrin 2018, Sere Kaniye y Gire Spi 2019-. Hoy, los territorios sirios ocupados están subordinados a Turquía: los servicios básicos -electricidad, agua, comunicaciones, educación, sanidad- son administrados de facto por la provincia vecina turca de Hatay. La lengua kurda ha desaparecido de la administración, del curriculum educativo y de calles y comercios. La población kurda fue desplazada forzosamente y sus propiedades repartidas entre las milicias islamistas afiliadas a Turquía. Si alguien ha destruido la unidad de Siria ha sido Turquía con la aquiescencia de EEUU y Rusia.
El derecho a ser libres y mantener la propia identidad
Pero no todo va de ISIS y de unidad del Estado sirio nacional. Durante los últimos 14 años, las kurdas sirias -en femenino, digo bien- han puesto en marcha un laboratorio de democracia radical y feminista en el espacio ultrapatriarcal de Oriente Medio. Su modelo de gobernanza es frontalmente contrario al que conviene a los Estados del entorno y las hegemonías globales. Por eso han estado torpedeándolo mediante progresivas invasiones y ocupaciones de Turquía, pertrechando a milicias misóginas y fomentando el discurso de odio entre las tribus árabes aliadas de la administración autónoma kurda.
Nunca antes la mujeres árabes del norte y este de Siria habían vivido la libertad y los espacios políticos a los que han tenido acceso durante el tiempo en que han formado parte integral de la Administración Autónoma. Hoy, la amenaza de regreso al extremismo es acuciante para estas mujeres. Ya hay voces que reclaman el regreso al niqab obligatorio y al espacio limitado del hogar como horizonte vital de las mujeres.
Por una vez, parecía que había un camino hacia la convivencia en la diversidad en Oriente Próximo. No parece posible. De nuevo, los intereses geoestratégicos y la carrera por los recursos y vías comerciales han desvanecido la frágil confianza en construcción entre el pueblo kurdo y el pueblo árabe de Siria. Y las mujeres, como siempre, son las víctimas directas de estos intereses y la violencia que desatan.
Desde los túneles y las plazas de Rojava, las mujeres kurdas muestran hoy al mundo su convicción de que la libertad y los derechos logrados a lo largo de años nos les serán arrebatados sin luchar. Una lección de dignidad para un mundo rendido a la trivialidad y la indolencia.


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