Oriente Medio en 2025: la vuelta de Trump pone patas arriba la región
Su defensa a ultranza de Israel ha permitido a Tel Aviv rebasar numerosas líneas rojas.

Madrid-
Acaba 2025 y el mundo hace evaluación de los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos 12 meses. Para algunos países del Suroeste asiático, este ejercicio implica revisar los daños a su integridad sufridos por los ataques de otras potencias regionales -caso de Irán-, disfrutar de las últimas conquistas coloniales y geopolíticas -como Israel- o afianzar las nuevas alianzas establecidas en 2025 -como le ocurre a Siria-.
EEUU ha tenido un papel fundamental en el devenir de la región durante este año debido al regreso de Donald J. Trump a la Casa Blanca. El republicano ha forzado una vuelta a la política de la ley del más fuerte y ha favorecido la transgresión de varias líneas rojas por parte de Israel, su principal aliado y el actor más beligerante de la región. De acuerdo al documento publicado a mediados de año por el Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), Oriente Medio en 2025: sacudidas geopolíticas y erosión de líneas rojas, entre los límites superados por Israel se encuentra el genocidio en Gaza, el ataque a objetivos de Hamás en Catar y la agresión a Irán.
"La pérdida de relevancia de la UE en Oriente Medio también tiene que ver con la incoherencia con sus valores e intereses"
Rusia, por su parte, también ha rebajado su capacidad de influir en Oriente Medio, inmersa en su guerra en Ucrania, hueco que está aprovechando Turquía para establecer nuevas alianzas. Asimismo, la UE continúa perdiendo importancia en la región. Para Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo de CEARC, "la caída en picado de la relevancia de los 27 tiene que ver con las grandes dinámicas del sistema internacional, pero también con la incoherencia en lo que se refiere a sus valores e intereses". Mientras tanto, lo cambios en al este del Mediterráneo se precipitan.
Israel: consolidación del 'apartheid' y crisis iliberal
Israel ha consolidado su papel como país dominante en la región, si bien la estrategia belicista que lo ha hecho posible es, a ojos de muchos analistas, arriesgada. En su informe de mitad de año, los investigadores de CEARC explicaban que "Netanyahu y sus aliados creen que Israel puede integrarse en la región mediante la guerra, pero la sucesión de conflictos aún no ha producido esta integración". Es más, hay quienes creen que la necesidad de Israel de abrir nuevos frentes de guerra -Líbano, Siria o Irán- es una evidencia de su declive, tal y como explicó el pensador italiano Franco Berardi Bifo en una entrevista reciente con este periódico.
Este 2025, Israel ha alcanzado dos acuerdos de alto el fuego en la Franja de Gaza. El primero, vigente entre el 19 de enero y el 1 de marzo de 2025, se rompió unilateralmente por parte del Gobierno de Benjamín Netanyahu. La vuelta de las hostilidades estuvo acompañada por el bloqueo absoluto de la Franja de Gaza, lo que llevó a la hambruna a su población. En el verano de 2025, la imagen pública de Israel se había deteriorado enormemente, como demuestran las llamadas a los boicots a su participación en eventos deportivos y culturales internacionales, como Eurovisión o la Vuelta Ciclista España. En este punto, EEUU salió de nuevo al rescate de su aliado.
Los mandatarios de ambos países establecieron una hoja de ruta para alcanzar "una paz duradera en la región" -tal y como describió el presidente republicano- que entró en vigor el 10 de octubre. Numerosos analistas advirtieron de que el hecho de que la negociación sobre el futuro de Gaza se hubiera dado en Washington sin la presencia de los palestinos era una muestra de su parcialidad y de su más que previsible descarrilamiento. Por el momento, se han cumplido algunos de los puntos del acuerdo, como el intercambio de rehenes. Pero Israel no ha detenido definitivamente sus ataques en Gaza, que ya han dejado unos 3.500 asesinados del lado palestino -datos contrastados por la OMS- y tres del lado israelí. Tanto Hamás como Israel se acusan mutuamente de violar el armisticio.
Pese a ello, Trump no ha soltado la mano de Netanyahu en ningún momento. La única vez que Washington ha tenido que pararle los pies ha sido tras los ataques perpetrados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) el 9 de septiembre contra la cúpula de Hamás en Doha (Catar), aliado de EEUU. "Esto tuvo un enorme impacto emocional en los países de la región", que dieron cuenta de que "el paraguas de defensa de EEUU tenía agujeros", detalla Amirah Fernández.
En lo interno, Israel continúa avanzando en su deriva iliberal. La tramitación de dos leyes en la Knesset -Parlamento de Israel- confirman el giro a posiciones más autoritarias y etnocidas. La primera es la ley que permite la pena de muerte únicamente para los palestinos. La segunda, conocida como ley Al Jazeera, da potestad al Gobierno israelí para cerrar medios extranjeros.
A esto se le han sumado varias filtraciones que han evidenciado la brutalidad de las FDI contra los palestinos. Una de ellas era un vídeo de las cámaras de seguridad de la cárcel de Sde Teiman donde se aprecia la presunta violación grupal a un preso árabe. Las imágenes han generado un enorme revuelo en la sociedad israelí, si bien el foco mediático se ha colocado en la idoneidad o no de la investigación judicial iniciada contra los soldados implicados en los hechos.
Por otro lado, una parte importante de sus líderes políticos han continuado alentando el genocidio contra los palestinos y la colonización de sus tierras. Durante 2025, Israel ha licitado la construcción de 5.667 nuevas viviendas para israelíes en Cisjordania, mientras que otras 27.220 han avanzado en su construcción, según los datos de Peace Now.
Además, los anuncios de nuevos asentamientos no han parado de sucederse. El último fue a mediados de diciembre, cuando el ministro de Finanzas, Bazalel Smotrich, del partido de extrema derecha Sionismo Religioso, anunció la creación de otros 19 asentamientos en la región. Los comentarios racistas de este diputado y del ministro de Seguridad Interior, Itamar Ben-Gvir, han llevado a países como Bélgica o Australia a prohibirles la entrada a su territorio.
Nada parece indicar que la escalada racista que está experimentando la sociedad israelí vaya a detenerse durante la campaña electoral anterior a las elecciones parlamentarias que celebrará el país en 2026. A ellas se vuelve a presentar el primer ministro, Benjamín Netanyahu, quién además ha pedido formalmente al presidente de Israel, Isaac Herzog, que le indulte por los tres casos de corrupción por los que se le está investigando. Si esta insólita petición se cumple, nada podría impedir a Netanyahu volver a gobernar si las urnas le dan la victoria.
Siria: los retos tras 50 años de dictadura
El 8 de diciembre de 2024, varias milicias armadas entraron casi sin resistencia en Damasco, capital cultural y política de Siria. Se ponía así fin a los 50 años de dictadura de la familia Al Asad. El líder de la conjunción de fuerzas que derrocaron al régimen, Abu Mohamed Al Golani, rebautizado posteriormente como Ahmed Al Sharaa, fue designado presidente interino en enero y posteriormente revalidado en este puesto en las elecciones parlamentarias -todavía no plenamente democráticas- celebradas el pasado mes de octubre.
Entre tanto, ha liberado a los presos políticos sirios, ha integrado a las milicias armadas del país en un sólo ejército nacional y se ha comprometido a mantener la tolerancia entre las diferentes etnias que habitan el país. Si se atiende a las noticias que llegan desde Sueida, donde se concentra el mayor número de cristianos drusos -etnia protegida por el régimen de los Asad-, puede decirse que esta última promesa está siendo difícil de cumplir para el régimen en transición. 2025 ha sido así un año de reconstrucción interna, pero también de establecimiento de nuevas alianzas para Siria.
Probablemente la más importante sea la que ha establecido con EEUU. Al Sharaa se reunió con Donald Trump en la Casa Blanca el pasado mes de noviembre en una visita histórica. El acercamiento del nuevo régimen sirio a su antiguo enemigo ha impulsado el levantamiento total de las sanciones estadounidenses contra el país. Esto alivia a la economía siria y "abre las puertas de una reconstrucción con la presencia de muchos países interesados en participar de ello", desgrana Amirah Fernández. Entre otros, el propio EEUU y Arabia Saudí, Estado que también visitó Al Sharaa a mediados de año.
Uno de los encuentros más sorpresivas que llevó a cabo Al Sharaa durante su gira mundial fue el que protagonizó junto el presidente ruso, Vladimir Putin, en Moscú el pasado 15 de octubre. Aquel día, recuerda Amirah Fernández, el nuevo presidente sirio "se encontraba a pocos kilómetros de Al Asad", a quién Putin acogió tras su derrocamiento. Durante décadas, el régimen de los Asad recibió el apoyo de Rusia, como herencia de la diplomacia de la URSS.
Pero la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y la cronificación del conflicto ha cambiado las prioridades del Kremlin, que ahora prefiere poner el foco en el frente europeo. De hecho, la paulatina retirada del apoyo de Rusia a Bashar Al Asad fue otro de los elementos que precipitaron la caída del régimen alauita. A quien todavía no se ha acercado Al Sharaa ha sido a Irán, máximo aliado del anterior régimen sirio. Tampoco ha acercado posturas con Israel. Es más, Tel Aviv continúa ocupando los Altos del Golán sirios y ha atacado a varias poblaciones aledañas a esta área colonizada.
Turquía se aleja de la UE y traza su propia ruta
Es posible que el triunfo de Al Sharaa en Siria no se hubiera producido si a la combinación de la posición de Rusia en Ucrania y el debilitamiento de Irán -aliados de Asad-, así como la unificación de las milicias contrarias al régimen, no se le hubiera sumado el apoyo de Turquía a los rebeldes. En los últimos años, Recep Tayyip Erdogán, presidente del país, ha buscado potenciar su imagen como mediador en diversos conflictos. Así lo hizo con la UE, tras forjar "acuerdos para proteger los pasos comerciales hacia el Mar Negro". Sin embargo, que los 27 hayan reforzado las acciones de Israel en Gaza le ha alejado de los europeos y le ha empujado hacia Irán y Egipto.
Además, los esfuerzos de Turquía por influir en las negociaciones de alto el fuego en la Franja de Gaza no han funcionado. La impunidad con la que Israel está tratando de imponer su propio orden regional y el miedo a no poder posicionar sus intereses dentro de los grandes cambios que se están produciendo en la región ha llevado a Turquía a una situación de alerta.
Por eso, Erdogán ha apostado por reorganizar sus esfuerzos y pacificar algunos de los muchos frentes que tiene abiertos en el interior de su propio país. El más importante de todos ha sido el acuerdo alcanzado con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en guerra con el Gobierno turco desde 1984. En febrero de 2025, después de cuatro décadas alternando periodos de negociaciones fallidas y hostilidades, el líder histórico del partido, Abdullah Öcalan, encarcelado en 1999, pidió a la milicia disolverse y entregarse al proceso de paz.
Este giro histórico no acaba con las escisiones y nuevos grupos políticos y milicias que han surgido del PKK y que todavía operan en algunas zonas del Estado turco y sirio. Pese a que las demandas de autonomía de los kurdos continúan vigentes, la disolución del PKK ayuda a Erdogán a prestar más atención a su relación con el nuevo régimen sirio. Ankara desea postularse como uno de sus principales aliados aprovechando el hueco que está dejando Irán, debilitado por sus problemas internos y la reducción del listado de socios en la región.
Irán: calma tensa en el régimen de los ayatolás
El 13 de junio de 2025 será recordado como uno de los días más tensos de la historia reciente mundial. Aquella madrugada de verano, Israel cruzó una importante línea roja al atacar territorio iraní con el beneplácito de EEUU. La bautizada como operación León Ascendente tenía como objetivo acabar con el programa nuclear de Irán. Este había sido reiniciado por los persas tras el abandono de Donald Trump del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) con el que su predecesor, Barack Obama, había tratado de rebajar las tensiones con Teherán.
Pero los bombardeos no se dirigieron únicamente contra instalaciones y laboratorios nucleares. Algunos de los ataques también tenían objetivos civiles, como ocurrió con el bombardeo contra la prisión de Evín, en la que murieron presos, sanitarios, visitantes y trabajadores del centro penitenciario. El 22 de junio, EEUU intervino en el conflicto al atacar tres instalaciones nucleares iraníes. Teherán respondió al día siguiente lanzando misiles contra dos bases militares estadounidenses -una en Catar y otra en Irak- en una operación que muchos analistas calificaron de "contenida" y que no dejó ninguna víctima mortal.
El propio Donald Trump agradeció a Irán que hubieran avisado previamente del ataque. Aquel día, todas las partes dieron por finalizado el conflicto. Haizam Amirah considera que la guerra "se cerró en falso" y que, por tanto, sigue existiendo "riesgo de reapertura" en el futuro. Que esto ocurra en 2026, explica el analista, dependerá de dos eventos en el extranjero.
Por un lado, la campaña electoral en Israel, donde se verá si "Netanyahu optará por mostrarse ante los israelíes como el hombre fuerte que no se viene abajo ante la adversidad" o si, por el contrario, preferirá sacar su lado más conciliador. Además, EEUU celebrará sus elecciones de medio término en las que "se verá si ganan los aislacionistas o los más trumpistas". Si lo hacen los primeros, los ayatolás podrán respirar más tranquilos. Los próximos pasos que den EEUU y Venezuela en el Caribe también tendrán un papel definitorio en la situación en Oriente Medio, ya que la apertura de este frente podría privar a EEUU de actuar en Irán y, por tanto, obligar a Israel a contener sus ansias belicistas.
Otras de las sacudidas que ha experimentado Irán en 2025 se ha dejado notar fuera del territorio persa. Israel ha continuado atacando a Hezbolah, la milicia chií de Líbano a la que Teherán lleva financiando desde 1982. Desde los brutales ataques perpetrados por la inteligencia israelí contra el grupo armado que en septiembre de 2024 terminaron con el asesinato del líder político y espiritual de la milicia, Hassan Nasrallah, Hezbolah no ha logrado recomponerse. Israel ha seguido asesinando a los sucesivos sustitutos de Nasrallah, demostrando así la debilidad del grupo armado y debilitando indirectamente a su patrocinador, Irán.
La caída del régimen de los Asad en Siria, el aliado más importante de Irán en la región, ha reducido a mínimos la capacidad de influencia de Teherán. Todo ello ha llevado a un deterioro considerable del autodenominado Eje de la resistencia, que afronta 2026 con una posición de vulnerabilidad. Aún así, recuerda Amirah Fernández, no conviene desconfiar de la resiliencia de algunos de sus componentes, que llevan años sorteando sus horas bajas con soltura.
Monarquías del Golfo: amistad con EEUU, desconfianza hacia Israel
El genocidio palestino ha colocado a Arabia Saudí, Catar y los Emiratos Árabes Unidos (EUA) en una encrucijada. Pese a que la ausencia de democracia en estos territorios hace innecesario el consenso entre la población civil y sus dirigentes, estas monarquías necesitan tener una buena imagen interna para mantener la paz social.
Para las poblaciones árabes, la masacre contra la población palestina es un símbolo más de la crueldad con la que Occidente impone su voluntad a Oriente. Los ataques de Israel a la cúpula de Hamás en la Doha (Catar) en julio de este año tensaron aún más las relaciones de Israel con los países de Oriente Medio.
Según Amirah Fernández, el ataque a Catar ha dejado entre los países árabes la sensación de que Israel es un actor "desbocado y agresivo" y, por tanto, peligroso. Esto ha obligado a Trump a hacer concesiones a los árabes dándoles un rol relevante en la futura reconstrucción de la Franja de Gaza y tratando de controlar el belicismo de Benjamín Netanyahu mediante la firma del alto el fuego con Hamás de octubre.
Lo que parece imposible de retomar dado el contexto son los Acuerdos de Abraham. Estos fueron promovidos por Trump en la recta final de su primer mandato y tenían el objetivo de normalizar las relaciones entre Israel y los países árabes. Antes de abandonar la Casa Blanca, logró que cuatro países lo firmaran: Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán. La Administración Biden no logró ninguna otra adhesión a este acuerdo, "pese a que este fue el punto central de su política exterior", según evidencia Amirah Fernández. Los demócratas tenían especial interés en que Arabia Saudí, el país con el mayor peso de la península arábiga, se sumara al histórico pacto.
El estallido del genocidio en la Franja de Gaza terminó por alejar las esperanzas de que los saudíes acercaran posturas con Israel. El director de CEARC explica a Público que "Arabia Saudí no puede proponer internamente una normalización con Israel estando Netanyahu en el poder". "La gente lleva dos años viendo masacres" y hacerlo significaría un duro golpe a su imagen interna. Ahora bien, "hay muchas otras cosas que Arabia Saudí puede ofrecerle a Trump", como negocios entre la familia real y los Trump o "inversiones en el sector armamentístico". Algo que, además, el trumpismo puede vender positivamente a sus votantes.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.