Opinión
Discordia y aspaviento

Por Juan Losa
Periodista
El principal partido de la discordia anunció que, en caso de formar gobierno con los votos del partido del aspaviento, sentaría las bases de un proceso de concordia abierto a toda la ciudadanía. La nación no puede ser rehén ni un día más de la crispación, vino a decir su portavoz en sede parlamentaria. Nuestros conciudadanos merecen un tiempo nuevo, libre de alharacas, injurias y malos gestos.
La consecución de tan loable propósito quedaba, sin embargo, supeditada a la previa obtención del poder, lo que requería de más confrontación y más estruendo; paradoja que un diputado del partido de las cosas del comer, minoritario en la Cámara, quiso señalar desde su escaño, obteniendo por toda respuesta un ¡lávate el pelo, cochino!.
La promesa electoral surtió efecto y el partido de la discordia alcanzó el poder con el aval del partido del aspaviento. Su líder puso fin, vía decreto, a los excesos verbales que tanto habían enturbiado el normal proceder de las instituciones. Profesionales del ámbito de la agitación, la desinformación y el hostigamiento encontraron acomodo en amplias estancias ministeriales cuya luminosidad y confortabilidad mitigó, en buena medida, sus afanes de gresca y vituperio.
Los cronistas de la época situaron aquel ¡lávate el pelo, cochino! como el epílogo de un tiempo pretérito. La magistratura, que hasta la fecha había amparado, cuando no legitimado, aquellos excesos, tomó cartas en el asunto. No todos, sin embargo, lograron adaptarse, hubo quien se quedó por el camino; personas de condición retrógrada o en situación de fascismo no supieron adecuarse a los nuevos estándares de convivencia.
Una vez instaurada la concordia, el gobierno puso en marcha una serie de medidas para preservarla de los llamados nostálgicos de la discordia. Para ello, se empleó a fondo en campañas de descrédito contra todo aquel que osara cuestionarla, incurriendo de nuevo en flagrante paradoja. Así lo hizo notar desde su escaño un diputado del partido de los versos sueltos, cuya intervención fue interrumpida por la bancada del aspaviento con un sonoro ¡que te calles la boca, trasnochao!.
Y nada, eso.
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