Opinión
EEUU aplica IA a la gestión del tráfico aéreo

Por David Bollero
Periodista
En mitad de la espiral, cuanto menos, de inquietud por los riesgos que trae consigo la Inteligencia Artificial (IA), la Administración Federal de Aviación (FAA) ha decidido incorporarla para gestionar el tráfico aéreo. Parece un chiste, pero no lo es. Podría considerarse el peor manejo de los tiempos jamás visto en la comunicación de una cuestión tan crítica.
Según anunció el pasado 21 de septiembre la FAA, el Sistema Estratégico de Gestión del Espacio Aéreo, Rutas y Trayectorias (SMART, por sus siglas en inglés), es capaz de centralizar en una sola plataforma hasta 200 flujos de datos entre los que se encuentran patrones meteorológicos, rutas de vuelo, flujo de tráfico y métricas de personal de control.
La finalidad última de SMART es evitar que se produzca congestión de vuelos en los aeropuertos que, normalmente, se da cuando se han programado demasiados vuelos en un mismo espacio aéreo. Estas congestiones todavía se pueden agravar más por las condiciones climatológicas, provocando retrasos.
¿Qué hace el nuevo sistema? Intentar adelantarse para que ni siquiera se produzca esa congestión. Para ello, SMART anticipa la demanda, las condiciones meteorológicas y las limitaciones del espacio aéreo, y planifica los vuelos en función de sus estimaciones, con horas, días e incluso semanas de antelación, precisa la FAA en su comunicado. SMART se encuentra en el Centro de Comando del Sistema de Control de Tráfico Aéreo de la FAA en Virginia y desde allí se envían todas las recomendaciones a los controladores de las torres regionales y otras instalaciones de control de tráfico aéreo.
Según explica el organismo, el sistema, desarrollado por Air Space Intelligence en un contrato por valor de 875 millones de dólares, se ha utilizado de forma limitada en el espacio aéreo alrededor de Washington, D.C. (en el aeropuerto nacional Ronald Reagan y en los internacionales Dulles y Thurgood Marshall), y será a partir de ahora cuando comience a extender gradualmente su uso a otras partes del país.
Aunque la FAA ha subrayado que SMART no puede utilizarse para reemplazar la función crucial de los controladores de tráfico aéreo ni para tomar el control de una aeronave, surgen preocupaciones entre los expertos. Ya no es sólo que, como suele ser habitual en estos sistemas, la transparencia algorítmica brille por su ausencia hasta el punto de que no se han detallado las fuentes de datos del sistema, es que hay temor por las alucinaciones que pueda cometer. A este respecto, la FAA subraya que todas las recomendaciones de SMART son revisadas por su personal, y los responsables locales de las instalaciones de control de tráfico aéreo pueden aceptarlas o no, actuando como soporte.
A pesar de ello, según publicó Politico hace unas semanas, entre las propias aerolíneas se extendió el temor de que el sistema termine por generar caos al provocar un aumento de las cancelaciones y reprogramaciones de vuelos para prevenir cuellos de botella. Y es que si algo caracteriza a la información de control de tráfico aéreo es que está en constante cambio, con aviones que en ocasiones utilizan referencias visuales (VFR) en lugar de instrumentos de navegación por lo que su posición y trayectoria puede resultar menos precisa e, incluso, impredecible.
A pesar de estas reticencias iniciales, los responsables de la FAA están convencidos de que SMART traerá consigo beneficios como un menor número de retrasos y cancelaciones, menos estrés para los controladores e, incluso, un abaratamiento de los billetes de avión como consecuencia de que, con sus rutas optimizadas, los aviones consumirán menos combustible y las aerolíneas pagarán menos horas extra.
Aunque en su 42ª Asamblea la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO) destacó los beneficios de aplicar la IA en la aviación, también señaló desafíos importantes, insistiendo en la necesidad de comprender las implicaciones de la automatización avanzada para la interacción hombre-máquina, generando riesgos como la dependencia excesiva de los sistemas y la falta de atención en situaciones de emergencia. Para evitarlo, la ICAO apostaba por fomentar la formación de personal técnico, operativo y general del sector, así como establecer marcos éticos y regulatorios claros para garantizar que la IA se implemente de manera responsable y transparente.
Precisamente sobre ética, la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) publicó en septiembre los resultados de una encuesta titulada Ética de la IA en la aviación, realizada entre 231 profesionales de la aviación con más de una década de experiencia, mayoritariamente en la franja de edad 40-59 años y con conocimientos de la IA en la aviación.
Los resultados revelaron las preocupaciones en torno a este tipo de aplicaciones que implican un alto grado de automatización bajo supervisión humana y señalaron que queda camino por recorrer en materia de explicaciones, demostración de conceptos y experiencia probada y práctica. En esta misma línea, también quedó patente la inquietud con respecto al despliegue de la IA en la aviación, con especial hincapié en la necesidad de regulación y supervisión. La puntuación media en criterios de comodidad, confianza y aceptación fue de 4,4 en una escala de 7 y expuso la reivindicación de una mayor implicación de los profesionales de la aviación antes de adoptar este tipo de tecnologías.
Así las cosas, EASA concluye que esta encuesta evidencia la necesidad de “un compromiso y diálogo continuos entre las partes interesadas, incluidos reguladores, líderes del sector y profesionales, para garantizar que la IA se desarrolle y utilice de manera responsable y ética”.


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