Opinión
Elecciones

Por Anibal Malvar
Periodista
Aletean nerviosos estos días nuestros periódicos con la posibilidad de que el lunes Pedro Sánchez convoque elecciones tras la reunión de la ejecutiva del PSOE en Ferraz. El hostiazo reciente a los dos insulsos y cobardes decretos de vivienda ha convencido al Perro de que sus exsocios parlamentarios ya ni siquiera le van a permitir posturear. Y el PSOE de esta legislatura, sin postureo, se queda en nada.
La dependencia de Junts y este sobrederechizado PNV hacía imposible pensar en una legislatura social, combativa con la corrupción, valiente, humanista, progresista. En Podemos se dieron cuenta enseguida y se borraron de la fiesta. En todo caso, es notorio y manifiesto que el PSOE duerme mejor en brazos de las derechas nacionalistas vasca y catalana que con Podemos, a quien solo concedieron algún polvo rápido durante el primer mandato sanchista.
Hace ya muchos años, en una conversación muy casual y muy informal con Carme Chacón, le dije que me parecía más roja en persona que en la política. Eran los tiempos en los que la catalana sonaba como posible remplazo electoral a José Luis Rodríguez Zapatero. "Calla, calla, que me arruinas la carrera", se rio. "En el PSOE hay más miedo a que nos llamen rojos que a que nos llamen fachas". Cito de memoria y espero que tan sobresaliente dama me disculpe desde el más allá esta licencia al difundir una conversación íntima, de bar, de juerga. Pero aquella socialista que estuvo a punto de arrebatarle la secretaría general a Alfredo Pérez Rubalcaba clavó el alma de su PSOE con aquella frase, según mi parvo entender.
Bajo toda su grandeza y su impresionante historia ("cien años de honradez y cuarenta de vacaciones", dijo Manuel Vázquez Montalbán), en el PSOE aun dormita un complejo de perdedores de la guerra y cobardes en el franquismo y la Transición. Y, en vez de tomarse un lexatin, lo combaten disimulando lo que de socialistas queda en ellos. A veces incluso rozan el esperpento, como cuando Zapatero salió en defensa de Juan Carlos I diciendo que teníamos "un rey bastante republicano" (14 de abril de 2005).
Toda la osadía que demuestra Pedro Sánchez en política exterior se le diluye cuando cruza los Pirineos hacia casa. Ha sido un tanto decepcionante observar cómo un político que hizo brillante carrera por su afición al máximo riesgo (victoria sobre el aparato del PSOE y moción de censura contra Rajoy), una vez llegado a Moncloa se volvió mojigato, prudente, cauteloso con ofender a las oligarquías.
Durante sus primeros cuatro años, Sánchez desaprovechó la fuerza parlamentaria y la agitación callejera de Podemos para hacer una verdadera política más a la izquierda (no digo socialista, pero al menos un poquito socialdemócrata). Prefirió tratar a Podemos como oposición interna y destruirlos. Ni siquiera concedió apoyo a Pablo Iglesias cuando, durante meses, los fascistas rodearon su casa de Galapagar lanzando ratas muertas al jardín donde jugaban sus hijos. Y se regodeaba de la guerra judicial contra Podemos, la que ahora sufre él en carne propia. No escupas al cielo.
Dice el consenso politológico que tras los gobiernos de coalición siempre sale fortalecido el partido dominante y debilitado el subalterno. Sánchez no necesitaba ser tan feroz y destructivo como para desgastar así a sus socios. Después, con la operación Sumar, soñó con aglutinar todo el voto de la izquierda. Una idea absurda: el PSOE no podrá congregar todo el voto de la izquierda mientras no sea un partido de izquierdas. La gente no es tonta.
Se rumorea que el presidente podría adelantar las elecciones subido a la tabla de surf de las protestas por la vivienda. Pocos logros en política inmobiliaria puede ondear en campaña después de tantos años en Moncloa. "El mundo dormita por falta de imprudencia", cantaba Jacques Brel. Tan bien dotado para la imprudencia, Pedro Sánchez no ha tenido la osadía de convertirla en motor de su acción ejecutiva. Y nos dejará en herencia un Gobierno de PP y Vox, con un presidente amigo de narcos y no muy ilustrado, y de vice un vividor que madruga por las tardes. No sé yo si es gran legado.
Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.