Opinión
La España de los 22 millones de ocupados

La España de los 22 millones de ocupados es un extraordinario éxito del conjunto de la sociedad española. Hoy tenemos más personas trabajando que nunca en nuestra historia, a pesar del encadenamiento de crisis globales: la pandemia, la ruptura de las cadenas de suministros, la invasión de Ucrania con la consiguiente crisis energética, la inflación de 2022, la subida de tipos del BCE que llevó a Europa al estancamiento en 2023 y 2024, y las distorsiones del comercio mundial por los aranceles de Trump y la guerra en Irán que provocó una crisis petrolera de 2026.
En este contexto internacional tan complejo, España generó casi 3 millones de empleos hasta superar los 22 millones de ocupados. Nuestro país, que siempre había sido el enfermo de Europa en términos de empleo, encabeza ahora la creación de puestos de trabajo en la Unión Europea: creó más empleo que Alemania e Italia juntas y generó uno de cada cuatro nuevos empleos netos creados en Europa en los últimos siete años.
Este incremento es generalizado por edad, género, sectores económicos, comunidades autónomas, entre asalariados y autónomos, y entre empleo público y privado. El empleo crece en todos los territorios, aunque con diferencias vinculadas a la demografía: las comunidades más envejecidas, como Galicia, Castilla-León o Aragón, registran cifras más bajas, frente a las más dinámicas, como Valencia, Madrid o Murcia, impulsadas en buena medida por los flujos migratorios.
La dinámica es especialmente positiva para los jóvenes: desde 2018 empezaron a trabajar 700.000 personas menores de 30 años, que representan el 26% de los nuevos empleos generados. En 2025 son casi 3,4 millones los jóvenes con empleo, la cifra más alta desde 2010. El empleo femenino también mejora por encima de la media, con más de 1,5 millones de mujeres incorporadas al trabajo remunerado, superando ampliamente los 10 millones de ocupadas. Las mujeres ya representan el 47% del total del empleo, lo que refleja tanto cambios sociales como transformaciones en la estructura productiva.
El crecimiento es también equilibrado entre las distintas formas de trabajo. En 2025 hay 190.000 autónomos más que en 2018, elevando hasta los 3,3 millones las personas que trabajan por cuenta propia, la cifra más alta en 18 años. Este récord tiene especial valor porque se ha corregido parte del fraude de los falsos autónomos, como ocurría con los riders de plataformas de reparto. El mayor protagonismo, no obstante, corresponde a los asalariados, que aumentan en 2,7 millones desde 2018 hasta superar los 19 millones.
Frente al bulo de que fue el sector público quien tiró del empleo, la realidad es que el sector privado generó el 85% de los nuevos puestos de trabajo. El empleo público creció incorporando a 430.000 personas, para compensar los recortes de la austeridad y mejorar los servicios públicos, frente a los 2,5 millones de nuevos empleos privados. La inmigración también jugó un papel destacado: los trabajadores extranjeros aumentaron en 1,3 millones, aunque la suma de españoles y personas con doble nacionalidad creció más, con 1,6 millones de nuevos empleos.
En términos sectoriales, los servicios lideran la creación de empleo con un incremento del 16% desde 2018, porque España ya es una economía terciarizada. El empleo industrial también creció un 10%, recuperando parte del terreno perdido desde 2008 y situando la ocupación en la industria en más de 3 millones de personas. La construcción incorporó a 300.000 trabajadores, aunque lejos de las cifras insostenibles de la burbuja inmobiliaria. El único sector que retrocede es el primario, con una caída del 6% por la mecanización y la transformación productiva.
El análisis de por qué España pasó de ser el enfermo del empleo al líder en la UE incluye, al menos, tres razones. La primera, la aplicación de mecanismos de protección del empleo durante la pandemia, los ERTE, que evitaron la destrucción masiva de empleos y cambiaron el modelo de respuesta a las crisis. La segunda, la reforma laboral de 2021, que al reforzar el vínculo entre empresa y trabajador incentivó alternativas a la rescisión de los contratos, que fue el mecanismo de ajuste durante décadas en España. La tercera, la política de rentas desde 2019 —subidas del SMI y actualización de pensiones con el IPC— que mejoró significativamente la renta de las familias, convirtiendo el consumo de los hogares en un potente motor del crecimiento económico español, muy por encima de la media europea.

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