Opinión
Los españoles comienzan a girar su mirada desde EEUU hacia China

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
-Actualizado a
El Real Instituto Elcano, pese a su pretensión de neutralidad, actúa de facto como un brazo ideológico del bloque atlantista y empresarial que domina la política exterior española desde hace décadas. Se autodefine como "independiente", pero su financiación, sus vínculos con el Ibex-35 y su conexión con los grandes partidos del régimen lo convierten en un aparato técnico al servicio del status quo geopolítico occidental. Desde una mirada crítica, Elcano no representa la pluralidad real de la sociedad española, sino los intereses de una élite que apuesta por mantener a España subordinada a los dictados de Washington y Bruselas.
Este sesgo se expresa tanto en su producción de informes como en su marco ideológico de análisis: una defensa casi automática de la OTAN, una visión favorable al intervencionismo "liberal" y una desconfianza sistemática hacia potencias que no se pliegan al orden neoliberal global, como China. Elcano no cuestiona el papel desestabilizador de Estados Unidos en el mundo —ni sus guerras, ni sus sanciones, ni sus políticas comerciales agresivas—, sino que lo justifica bajo la coartada de la "seguridad" y la "democracia".
Sin embargo, los resultados de su último barómetro (julio 2025) son un espejo incómodo: la mayoría social española está cada vez más alejada de ese alineamiento automático con Estados Unidos. Solo un 11 % apoya a Estados Unidos en su rivalidad con China, mientras que un 80% opta por no alinearse con ninguna potencia. Más aún: China, pese al sesgo institucional contra ella, obtiene una valoración ciudadana superior a la de EEUU. La figura de Trump, símbolo del imperialismo más rancio, es ampliamente rechazada y EEUU empieza incluso a ser visto como una amenaza económica para España, debido a sus aranceles y políticas proteccionistas.
Analizando en detalle los resultados de la 45ª oleada del Barómetro del Real Instituto Elcano, muestran un giro claro en la percepción internacional de los españoles, con un alejamiento evidente de Estados Unidos y una actitud más receptiva hacia China. Ante la creciente confrontación de EEUU contra China, no es que solo un 11% de los encuestados se alinea con EEUU, sino que esto supone una caída drástica desde el 35% del año anterior. China, por su parte, mantiene todavía un nivel similar de respaldo (9%), pero lo más relevante es que un 80% de la población prefiere el no alineamiento. Esta tendencia no refleja indiferencia, sino una preferencia por una política exterior independiente, en la que China ya no se percibe como una amenaza directa, sino como un país con el que conviene mantener relaciones estables y constructivas.
En términos de simpatía, China supera a Estados Unidos con una nota media (sobre 10) de 5,8 frente al 5,1 que obtiene el país norteamericano. Esta diferencia es significativa en un contexto donde la imagen de EEUU se ha visto deteriorada por el regreso de Donald Trump a la presidencia, cuya figura es ampliamente rechazada por la opinión pública española -obtiene apenas un 2,5 sobre 10. Mientras tanto, China mantiene una imagen más neutral o incluso positiva, reflejo de su papel creciente en la economía global, su capacidad tecnológica y su postura menos intervencionista en conflictos internacionales que afectan directamente a España.
La mayoría de los españoles cree que no existe ningún riesgo para la UE en su actual tendencia de acercamiento a China. Sin embargo, más de un tercio de los entrevistados sí ve peligro en este enfoque, ya sea por temor a represalias de Estados Unidos o por la preocupación de volverse excesivamente dependiente de China.
Según la encuesta, tras la llegada de la administración Trump, los españoles han reducido su imagen de amistad con Estados Unidos, favoreciendo a China. Además, el 61% cree que el segundo mandato del presidente estadounidense Trump tendrá una "influencia negativa" en España, especialmente en relación con las tensiones comerciales.
Además, por primera vez en años, un número significativo de españoles -un 19%- identifica a EEUU como una posible amenaza para España, frente al 5% del año pasado. Esta percepción se explica por la política proteccionista de Trump, particularmente la imposición de aranceles a productos europeos, que afecta a sectores clave de la economía española. En contraste, China es vista menos como una amenaza que como un socio estratégico con el que es necesario entenderse en un mundo multipolar.
En conjunto, estos datos reflejan una transformación en la mentalidad internacional de los españoles. La tradicional simpatía automática hacia Estados Unidos se ha debilitado, y la sociedad española empieza a ver a China no solo con menos recelo, sino con creciente interés por su papel global. La apuesta mayoritaria por no alinearse con ninguna potencia no implica pasividad, sino, como ya hemos indicado, una actitud pragmática que reconoce el papel de China en el equilibrio global y apuesta por una política exterior más autónoma y adaptada a los nuevos tiempos.
Estos datos demuestran una fractura entre las élites que fabrican el consenso geopolítico y una ciudadanía que empieza a abrir los ojos ante el papel real que juega EEUU en el mundo. El problema no es solo Trump: es el modelo global que representa, basado en el dominio, la injerencia y la desigualdad. Y frente a eso, China aparece no como una utopía, pero sí como un país con el que es posible establecer relaciones en pie de igualdad, sin tutelajes ni chantajes.
La política actual del Gobierno español hacia China ha dado un giro notable en 2024 y 2025, marcando una ruptura parcial con la subordinación tradicional a la agenda de Washington y Bruselas. Frente a la presión para endurecer el tono contra Beijing, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha optado por una posición más claramente multipolar, defendiendo la autonomía estratégica de España en el tablero global. Esta actitud se ha manifestado en varios gestos recientes: desde la intensificación de acuerdos bilaterales en energía verde y tecnología con empresas chinas, hasta la negativa a secundar ciertas medidas punitivas impulsadas desde la Comisión Europea, como la subida de aranceles a vehículos eléctricos chinos.
España ha defendido públicamente que China es un socio económico imprescindible y ha rechazado el marco de confrontación sistémica promovido por EEUU. En discursos recientes, miembros del gobierno han subrayado la necesidad de una política exterior basada en intereses propios, no en lealtades automáticas, y han reivindicado un enfoque pragmático, de cooperación selectiva, en lugar de sumarse a bloques cerrados. Esta postura ha sido bien recibida en Beijing y ha reforzado la imagen de España como un país dispuesto a jugar un papel autónomo en un mundo multipolar.
Este viraje posiblemente no responda solo a convicciones ideológicas: es fruto de las dificultades parlamentarias del gobierno, que necesita sostenerse con el apoyo de partidos que reclaman una política exterior más soberana y crítica con el alineamiento atlantista. Los socios Sumar, Podemos, Esquerra Republicana o EH Bildu han presionado al Ejecutivo para alejarse de la política exterior de bloques y abrir espacios de cooperación con países no occidentales, especialmente en el Sur Global y Asia. Es, además, una adaptación al propio viraje de la sociedad española. En ese contexto, la apertura hacia China se ha convertido en una apuesta pragmática para asegurar mayorías internas, contener tensiones, asentar las expectativas electorales y ofrecer una alternativa creíble a la lógica de confrontación promovida desde Washington.
Desde una perspectiva crítica, este giro multipolar es una señal alentadora: muestra que las presiones internas y externas están empezando a resquebrajar el viejo consenso geopolítico, y que existe margen para construir una política exterior verdaderamente autónoma, plural y alineada con las nuevas realidades globales.
Volviendo a la encuesta y en resumen, el Real Instituto Elcano es una herramienta ideológica del sistema, diseñada para legitimar las decisiones de una política exterior al servicio de las élites occidentales. Pero ni siquiera sus propios datos pueden ya ocultar el cambio que se está gestando en la conciencia colectiva: una España que empieza a reclamar soberanía, multipolaridad y ruptura con el servilismo proestadounidense.

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