Opinión
Exaltación nacional

Periodista
Dice La Voz de Galicia que un bareto de Arteixo se expone al castigo de la Xunta por "presunta apología del franquismo". El local luce un toldo con el lema "Una, grande y libre". Con ánimo de esclarecer el contexto, algunos internautas han adjuntado fotografías del edificio engalanado con un enorme polluelo rojigualdo. En un costado se lee "Rojos abstenerse". El periodismo de pata negra, prudente y escrupuloso, no debería dejarse llevar por los prejuicios. La presunción de inocencia debe ir siempre por delante aunque los indicios parezcan abrumadores. Quién sabe si detrás de esa dudosa fachada se esconde una inocente asociación de ornitología.
Al menos, los dueños del bar de marras no se han refugiado en la fiebre mundialista para expresar unagrandeylibremente sus ideas. El Ayuntamiento de Gijón, al contrario, ha apelado a la victoria de la selección española para instalar una "banderona" en las inmediaciones de El Molinón. A propuesta de Vox y entre acusaciones contra la izquierda, el consistorio gijonés se lanza a competir con Oviedo, que en 2019 instaló una insignia de proporciones titánicas en la plaza de la Escandalera. Gracias a la iniciativa del PP, los turistas dejarán por fin de confundir la capital asturiana con el municipio dominicano de Oviedo.
Aunque Gijón termine instalando un emblema de mayor envergadura, el alcalde ovetense podrá seguir presumiendo de un patriotismo sin tacha. En 2023, cuando aún celebraba su reelección, Alfredo Canteli repartió medio millar de banderas de España con la petición de que fueran ondeadas durante el desfile de las Fuerzas Armadas. La escena se ha repetido este mes en varios municipios de España con un pretexto no militar sino futbolístico. Banderas para el pueblo. Margarita Robles confirma el paralelismo entre la Roja y el Ejército: ambos son "imbatibles". El fútbol es la guerra por otros medios.
La guerra en cuestión bien podría ser la del 36. El pasado 13 de julio, cuando estaban a punto de cumplirse 90 años del Glorioso Alzamiento, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha mandó restituir en el callejero de Ciudad Real cinco nombres vinculados al franquismo. Al dirigente provincial de Vox no le había gustado que la corporación borrara del espacio público los apellidos de militantes falangistas y prohombres del Movimiento Nacional. Los jueces le han dado la razón porque no consideran probada la participación activa de los líderes franquistas en la represión franquista.
Hace apenas un mes, el Ayuntamiento de Bilbao suprimió el nombre de Federico Moyúa de la plaza Elíptica. En ausencia de Vox, fueron los concejales del PP quienes defendieron la nomenclatura golpista. Son los mismos ediles que instalaron una pantalla gigante en el parque de Doña Casilda para animar a la Roja "por encima del nacionalismo". El evento atrajo a provocadores como Cake Minuesa, precursor de Bertrand Ndongo y Vito Quiles. El diario Deia informó sobre las celebraciones mundialistas en Bilbao. En las imágenes, una cruz de Borgoña y el Sagrado Corazón rojigualdo que usaron los requetés durante la guerra. Dos insignias vetadas por la FIFA en los estadios.
Una golondrina no hace verano, es cierto. También es verdad que el deporte saca a relucir lo mejor de cada casa. En Granada, unos chavales agreden a un transeúnte que lleva la tricolor republicana. En Madrid, varios individuos arrojan objetos contra un balcón que exhibe la bandera argentina. Unos jóvenes vestidos de rojo derriban y patean a un aficionado argentino en el Metro de Sol. Un estudiante extranjero cuenta en Reddit que unos muchachos le han escrito "FRANCO" en la cara con pintura roja y amarilla. Las redes se han llenado de testimonios semejantes que denuncian violencia, nacionalismo y expresiones xenófobas.
Nos gustaría creer que son expresiones marginales, pero hay un nacionalismo fanfarrón y chabacano promovido desde los más sonoros altavoces. "España vuelve a conquistar América", dice Ester Muñoz como portavoz del Partido Popular. "Make Spain Great Again", dice la gorra trumpista de Ferran Torres en la celebración del título. En las semifinales, un streamer celebra el triunfo contra Francia caracterizando a Mikel Oyarzabal como Adolf Hitler en la toma de París. "Arriba España", escribe en sus redes sociales el CD Badajoz mientras Mariano Rajoy abre un conflicto diplomático con un comentario racista contra la selección francesa.
Los defensores de lo indefendible han encuadrado estas expresiones en el ámbito de la libre expresión. El futbolista vasco Einar Galilea, sin embargo, se tomó la libertad de lucir los colores de Argentina y en Málaga lo agasajaron con pintadas de "etarra", "traidor" y "antiespañol". Mientras tanto, los periódicos se hacen eco de una agresión contra tres militares que veían la final del Mundial en un bar de Berriozar, Navarra. La mayoría de cabeceras han presentado el incidente como un ataque de independentistas radicales contra aficionados de la Roja. Solo unos pocos medios han mostrado a uno de los militares ataviado con simbología nazi.
Pintadas nazis es lo que ha encontrado en las viviendas de su familia una de las dos activistas detenidas con gran pompa en Santa Maria del Camí, Mallorca, acusada de haber vandalizado con espray cinco inmobiliarias. La Guardia Civil, que expuso a las muchachas como peligrosas terroristas, vio en los hechos un delito de pertenencia a grupo criminal. El juez ha rebajado los cargos, pues entiende que unas pintadas contra la saturación turística deberían limitarse a un delito de daños. Es igual, la cuestión era amedrentar al movimiento por la vivienda mientras trasciende que Ferran Torres, héroe postrero de la Roja, administra una sociedad inmobiliaria.
Tras la final de Nueva Jersey, como tras unas elecciones, parece que todos han ganado. Algunos sienten que ha triunfado la España plurinacional y el antirracismo, el equipo de Lamine Yamal y Nico Williams, la selección comprometida y majetona de Borja Iglesias. Otros, al contrario, sienten que se ha impuesto el "Make Spain Great Again" de Torres, el "viva el Rey" de Rodri y el saludo desganado de Álex Baena a Pedro Sánchez. Aquí, desde la indiferencia deportiva, nos preguntamos quién rentabilizará mejor el clima de exaltación nacional y la interpretación política de la victoria. Visto el panorama, la respuesta es para echarse a temblar.


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