Opinión
Exquisita educación 'pepera'

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Con los poetas hay que andarse con mucho cuidado: nunca uno puede estar seguro de cuándo mienten, cuándo dicen la verdad, cuándo exageran o cuándo están borrachos. En un solo recital de poesía pueden contemplarse todas esas modalidades y algunas más, mientras que hay poetas capaces de desarrollar las cuatro en una sola cuarteta. Por poner un ejemplo extremo, Fernando Pessoa escribió una vez: “El poeta es un fingidor: / finge tan sinceramente / que hasta piensa que es dolor / el dolor que en verdad siente”. Teniendo en cuenta que Pessoa escribía como un médium, a través de unos 70 heterónimos o personalidades poéticas diferentes -según le diera el día y el aguardiente-, ya me dirán ustedes cómo se puede confiar en un poeta. Nunca sabremos si Pessoa mentía, si decía la verdad, si exageraba o si había bebido hasta perder las gafas. Afortunadamente, con Borja Sémper nunca corremos ese riesgo.
Plantado ante un micrófono, el poeta portavoz del PP prometió que, si ganan las elecciones, iban a liquidar en un santiamén el problema de la vivienda mediante la liberalización de suelo público y la construcción de un millón de viviendas. Además de las ayudas a los jóvenes y rebajas fiscales a la hora de comprar un piso, aseguró que aprobarían una ley que garantizaría el desalojo de okupas en un plazo máximo de 24 horas. La okupación es uno de problemas que trae de cabeza al PP desde que Pedro Sánchez inauguró su dictadura parlamentaria, hasta el punto de que llevan seis años intentando okupar la Moncloa a cualquier precio.
Evidentemente, Borja no estaba exagerando. Si no, ¿para qué iba a prometer sólo un millón de viviendas, pudiendo prometer diez o quince millones? De igual modo, en lugar de ayudas y rebajas de impuestos, podía haber prometido un casoplón con piscina y un cheque regalo de mil euros por cabeza, una medida similar al dividendo Trump de cinco mil dólares para cada estadounidense adulto si el Partido Republicano se hace con el control de las dos cámaras del Congreso. En el terreno poético, las promesas están a la orden del día y los poetas no dejan de prometer cosas, desde amor eterno a un suicidio en toda regla. Fue Adolfo Suárez, primer vate de la Transición, quien inauguró este hábito de prometer a tutiplén con su famoso lema “Puedo prometer y prometo”, que muchos años después Cospedal matizaría en diferido y en forma de simulación.
Se conoce que el próximo programa electoral del PP viene escrito en verso, todavía no sabemos si en versículos, en tercetos encadenados, en octavas reales o en cuaderna vía, como siempre. Por ahora, Borja Sémper ha prometido que van a prescindir de la rima fácil, al estilo de “Chao, pescao” o “Que te vote Txapote”. Es una tendencia hacia la educación exquisita que se mantiene desde hace tiempo con el eslogan “Pedro Sánchez, hijo de puta”, un auténtico hallazgo con el eco de “Me gusta la fruta”, la audaz metáfora de Isabel Díaz Ayuso, otra de las grandes voces líricas del partido. En el PP los bardos proliferan solos o en parejas al extremo de que incluso Miguel Tellado -quien confiesa que desde hace años no tiene tiempo ni de abrir un libro- improvisó desde la tribuna unos hexámetros de resonancias homéricas: “Aquí podemos empezar a cavar la fosa donde reposarán los restos de un Gobierno que nunca debió haber existido en nuestro país”. Ahí queda eso.
El maremoto de indignación que ha levantado el último recital de Borja Sémper demuestra que los versos verdaderamente originales casi siempre son inasequibles para el gran público. A Borja lo han entendido mal, porque ni siquiera hacía falta leer entre líneas para comprender lo que quería decir con el compromiso de que desterrarán el insulto y la mala educación si Feijóo se convierte en presidente del gobierno. Hasta que llegue ese momento, seguirán con la boca llena de fruta, de pescao, de fosas, de mierda y de Txapote, como cuando el propio Sémper declaraba que Sánchez y su gobierno justificaban el ataque terrorista de Hamás por la cercanía ideológica de unos y otros. Vete a saber si estaba fingiendo o no, si bromeaba o si lo decía en serio, porque en cuestión de heterónimos, Borja Sémper es todo un misterio.
En cuestiones de cultura política, Juan Soto Ivars apostaba hace poco que Pedro Sánchez en su vida había leído un libro, un envite arriesgado cuando uno le escucha hablar inglés o repasa sus títulos académicos. Más aún desde que cae en la cuenta de que Feijóo considera a Bruce Springsteen un experto en los cien metros lisos y que creía que “1984” era el año en que Orwell había escrito su célebre novela, cuando Orwell llevaba unos 34 años muerto. Últimamente, más que el portavoz del partido, Borja Sémper parece uno de esos ingenieros de la Inteligencia Artificial que alertan del peligro de la tecnología poética, aunque en el caso de Feijóo y de Ayuso lo de artificial se reduce al pinganillo y lo de inteligencia, ya tal.

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