Opinión
La extrema derecha a la conquista de Europa

Por Éric Toussaint
Historiador, politólogo y activista belga. Fundador del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM).
La extrema derecha ya no es una fuerza política marginal en Europa. Ya gobierna en varios países, domina la vida política en otros e influye ahora en las principales decisiones de la Unión Europea. Y lo que es aún más preocupante, los partidos conservadores tradicionales están abandonando progresivamente el "cordón sanitario" que los separaba de la extrema derecha y están formando con ella mayorías parlamentarias cada vez más frecuentes.
La extrema derecha ha experimentado un fuerte avance electoral en Europa durante los últimos 15 años. Salvo contadas excepciones, todos los partidos de extrema derecha o neofascistas de Europa expresan su simpatía por las posturas de Trump.
Los partidos de derecha radical o de extrema derecha forman parte del Gobierno en varios países europeos, en particular en Italia, Finlandia, Croacia, Eslovaquia y la República Checa. En Suecia, los Demócratas de Suecia (Sverigedemokraterna) no participan formalmente en el Gobierno en minoría, pero le brindan su apoyo parlamentario. En Bélgica, la N-VA, partido nacionalista flamenco de extrema derecha (miembro del grupo ECR de G. Meloni en el Parlamento Europeo), dirige el Gobierno federal.
La extrema derecha se ha convertido en la primera fuerza política en varios países europeos. En Italia, Fratelli d'Italia, de Giorgia Meloni, domina la vida política desde las elecciones de 2022. En Francia, el Rassemblement National de Marine Le Pen se ha convertido en la primera fuerza electoral y está a las puertas del poder. En Austria, el FPÖ (Partido de la Libertad) quedó en cabeza en las elecciones legislativas de 2024. En Flandes (Bélgica), el Vlaams Belang, partido de extrema derecha, quedó en primera posición en las elecciones europeas de junio de 2024, por delante de la N-VA, partido nacionalista flamenco de extrema derecha. En los Países Bajos, el PVV (Partij voor de Vrijheid – Partido por la Libertad) de Geert Wilders quedó en segunda posición, por detrás de D66, en las elecciones de 2025. En Hungría, el Fidesz —Unión Cívica Húngara— de Viktor Orbán, derrotado en las elecciones de 2026, sigue siendo la segunda fuerza política del país. En Alemania, Alternative für Deutschland (AfD), con un 20,8 % de los votos en las elecciones federales del 23 de febrero de 2025, se convirtió en la segunda fuerza política del país.
Tras las elecciones de junio de 2024, la presidencia de la Comisión Europea (la conservadora alemana Ursula von der Leyen) llegó a un acuerdo con el grupo parlamentario de extrema derecha liderado por Giorgia Meloni, lo que permitió a dicho grupo obtener un puesto de vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, así como tres presidencias de comisiones. Esto es importante porque las tres comisiones que presiden miembros del grupo parlamentario europeo de Meloni son las de Agricultura, Presupuesto y Peticiones.
En el Parlamento Europeo, los tres grupos parlamentarios de extrema derecha suman un total de 196 diputados y diputadas: el ECR, el grupo en torno a Meloni en el PE, cuenta con 84 eurodiputados; el grupo Patriotas por Europa, de Le Pen y Orbán, tiene 85; y el grupo Europa de las Naciones Soberanas, formado en torno a la AfD alemana, cuenta con 27. Si estos tres grupos se unieran, la extrema derecha ocuparía el primer puesto en el Parlamento Europeo con 196 eurodiputados, es decir, 12 más que el grupo más numeroso del Parlamento, el grupo cada vez más a la derecha del Partido Popular Europeo, que cuenta con 184.
La histórica alianza denominada Von der Leyen (PPE, socialistas S&D y centristas de Renew Europe) mantiene una ventaja de algo más de 30 escaños por encima del umbral de la mayoría absoluta. Una mayoría que a menudo se ve reforzada por los votos de los Verdes. Sin embargo, para sacar adelante políticas cada vez más extremas de derechas, la presidencia de la UE no duda en buscar el apoyo de los tres grupos parlamentarios de extrema derecha cuando se da cuenta de que los diputados y diputadas socialistas, ecologistas o centristas le darán la espalda. Así es como ha surgido una mayoría alternativa de derechas. Para eludir a la izquierda, el PPE recurre cada vez con mayor frecuencia a una "mayoría de derecha" (que une al PPE con los grupos soberanistas y de extrema derecha: ECR, Patriotas por Europa y ESN). Este bloque, de unos 390 escaños, le permite aprobar textos cada vez más inhumanos sobre el control de las fronteras, el aumento de los presupuestos de defensa, la desregulación industrial y el abandono de los compromisos de protección del medio ambiente.
Un ejemplo perfecto e histórico de este cambio se materializó durante la votación sobre un nuevo reglamento de «retornos» (política migratoria) el 26 de marzo de 2026. Ese día, el tradicional cordón sanitario se hizo añicos en favor de una alianza de derechas sin precedentes. El Parlamento Europeo debía pronunciarse sobre la reforma del sistema común de expulsión de los nacionales de terceros países en situación irregular. Impulsado por el ponente de derechas François-Xavier Bellamy (PPE / Francia), el proyecto proponía un endurecimiento drástico de las normas de expulsión.
El texto aprobado prevé, en particular: la ampliación de la duración de la detención administrativa de los migrantes, que podrá prolongarse hasta 24 meses; la posible transferencia de personas expulsadas a territorios fuera de la UE ("centros de retorno") sobre la base de acuerdos con terceros países; que una decisión de expulsión adoptada por un Estado miembro (por ejemplo, Francia o Bélgica) deba ser reconocida y aplicada automáticamente por otro (por ejemplo, España); y la limitación de los efectos suspensivos de los recursos, lo que significa que un migrante podría ser expulsado incluso antes de que su recurso haya sido examinado en su totalidad.
La izquierda, los ecologistas y una parte importante de los centristas (Renew Europe) intentaron bloquear el texto, al considerarlo incompatible con los derechos fundamentales. En circunstancias normales, esta oposición de los aliados habituales del PPE bastaría para que se rechazara un texto. Para lograr que se aprobara su reforma, el PPE dio un giro completo hacia la derecha. El Grupo del PPE (derecha) obtuvo el apoyo de los tres grupos de la extrema derecha. El bloqueo de la izquierda y del centro ha fracasado. El texto se ha aprobado por amplia mayoría (389 votos a favor, 206 en contra y 32 abstenciones). El PPE ya no duda en aliarse de forma estructural con la extrema derecha.
Conclusión
El avance de la extrema derecha en Europa no constituye ni un accidente electoral ni un paréntesis político. Se ha convertido en una de las principales manifestaciones de la profunda crisis que atraviesan las sociedades europeas. Ante las crisis económica, social, ecológica, geopolítica y democrática, una parte cada vez mayor de las clases dirigentes y de las fuerzas conservadoras ya no considera a la extrema derecha como un peligro que hay que contener, sino como un socio político legítimo.
Sin embargo, sería un error creer que esta evolución es inevitable. La historia demuestra que las ofensivas autoritarias pueden ser frustradas cuando los movimientos sociales, las organizaciones sindicales, las fuerzas feministas, ecologistas, antirracistas y antifascistas, así como las fuerzas políticas de izquierda, logran construir movilizaciones convergentes y alternativas creíbles. Ante una extrema derecha que ahora está organizada a escala internacional, las fuerzas de resistencia también deberán reforzar su capacidad de acción, solidaridad y coordinación más allá de las fronteras. El verdadero reto es ahora saber si las fuerzas comprometidas con la democracia, los derechos sociales, la igualdad, la paz y la justicia climática sabrán construir, a su vez, un proyecto lo suficientemente ambicioso como para invertir esta dinámica.


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