Opinión
Feijóo y la patita de Vox en el Congreso
Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
El Gobierno ha conseguido sacar adelante este jueves uno de los dos decretos para paliar la crisis de la guerra ilegal en Irán gracias al apoyo de sus socios de investidura, la derecha navarra de UPN y las abstenciones del PP y Podemos. Por descontado, Vox ha votado en contra y suponemos que ni siquiera se ha mirado las medidas que se debatían. El partido de Santiago Abascal apoya a Donald Trump, así que en coherencia, no hará nada que no sea cargarse este mundo, como lleva camino de lograr el mandatario estadounidense que se está haciendo inmensamente rico, además: es el presidente de EE.UU. que más se ha enriquecido durante su mandato gracias a negocios, regalos y muertes en masa, como las que se suceden en Oriente Medio. Y no pasa nada.
Desde que un Consejo de Ministros en un mal momento -y peor imagen- por las diferencias entre PSOE y Sumar, aprobó los dos decretos con su plan antiemergencia, el Partido Popular ha pasado por varias fases y todas contradictorias: acusó a Sánchez de copiota por contemplar bajadas de impuestos que el PP había propuesto, se negó a apoyar nada que saliera del Palacio de la Moncloa o aledaños y, al final, tiró por la calle del medio y ha acabado absteniéndose en la votación parlamentaria del primer decreto mientras uno de sus socios, el navarro UPN, votaba "sí"; los colegas de Vox que "no", y el portavoz económico de Feijóo, Juan Bravo, echaba pestes del plan del Ejecutivo ante un impertérrito ministro de Economía y hoy vicepresidente primero, Carlos Cuerpo.
El plan del PP no tiene desperdicio como líderes que son de la oposición en el Congreso, así que todavía hoy nos preguntamos por qué Feijóo no quiso ser presidente del Gobierno si dispone de una estrategia tan congruente para aliviarnos de los efectos de una guerra ilegal que aún no se sabe si el PP apoya o no, en función del dirigente que hable. Para no dar el "sí" a un decreto gubernamental cuyas medidas habían sido copiadas al PP (¿?), éste anunció que o se incluía la deflactación del IRPF o abstención al canto. Lo cierto es que los de Feijóo sabían que el Ejecutivo tenía los apoyos necesarios para dar luz verde al proyecto y Feijóo podía ponerse chulo con Sánchez sin que le pasara factura en la calle tumbar un decreto insuficiente y discutible, pero necesario en este momento de crisis socioeconómica susceptible de empeorar. Y en Génova creerán que nadie se ha dado cuenta de tan brillante estrategia; en esas manos estamos.
Si Feijóo puede evitar apoyar cualquier cosa que salga de Pedro Sánchez y su Gobierno, por imprescindible que pudiera resultar para la gente, lo hará y lo escenificará, y este jueves lo ha reconfirmado. La patita de Vox empieza a asomarse por el bajo de su pantalón, mientras avanza esa especie de asimilación macabra de la derecha en ultraderecha: ésta no negocia, impone, y al líder del PP, los de Abascal se las están haciendo pasar canutas en Aragón y en Extremadura con su "todo o nada" para apoyar sendas presidencias autonómicas del PP. ¿Y qué ha hecho Feijóo para ganarse el respeto y garantizarse la dignidad de su partido ante las presiones imposibles de Abascal? Imitarlos; todo el tiempo, en todas partes, aunque le guste lo que ve en el Gobierno porque se lo han copiado, aunque nos arruinen a todas.
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