Opinión
El feminismo no es neutral

Periodista
"Siempre he defendido el feminismo neutral", dijo hace unos días una artista. No diré su nombre, porque da igual. No importa el quién sino el porqué. Resulta llamativa esa tendencia a calificar siempre al feminismo de alguna manera: neutral, moderado, amable… Como si necesitara un adjetivo que suavice su significado para no incomodar.
El feminismo nunca es neutral porque frente a un machismo que mata, viola, agrede, margina, excluye y silencia a las mujeres no vale la neutralidad. Por eso el feminismo siempre tomó parte, se metió en el fango y defendió con dignidad los derechos de las mujeres en todo el mundo. Una conquista lejos de la violencia, con la palabra y la justicia. Aunque ello costara y cueste vidas.
El problema está en lo que esa etiqueta de "feminismo neutro" transmite en el debate público. Cuando se insiste en suavizar el feminismo, se sugiere que, de no hacerlo, tiene una vertiente excesiva o violenta. No compremos la caricatura irreal ni el lenguaje que ha hecho de él el machismo porque da aire a sus objetivos. Y tiene consecuencias.
Si una mujer que sufre violencia escucha propuestas feministas que podrían ayudarla a salir de esa situación, pero al mismo tiempo recibe el mensaje social de que el feminismo "no debe ser extremo", puede llegar a dudar. Puede preguntarse si denunciar o si pedir ayuda será exagerado. Puede temer que la tilden de radical o que su entorno le diga que está yendo demasiado lejos. Así, se debilita la imagen del feminismo como herramienta de cambio y de protección.
El feminismo nunca ha sido neutral. Porque no es neutral el aborto, el divorcio, votar, estudiar, viajar, trabajar, hablar, la conciliación, denunciar violencia o defender el consentimiento. El feminismo siempre tuvo un bando: el de luchar por la libertad de poder decidir. Porque ninguna de las leyes feministas obliga ni a abortar, ni a votar, ni a trabajar. El feminismo no impone, ofrece.
Miren si el feminismo no fue neutral que siempre se ha posicionado no solo con sus derechos, sino que ha velado también por los de toda la humanidad. Sin guardar silencio cómplice. Desde pedir libertad e igualdad en la Revolución Francesa, a acompañar en la defensa de la abolición de la esclavitud, pasando por reclamar pan y paz en la Revolución Rusa o dando el cuerpo en la Guerra Civil española. Es más, acostumbrado a que el feminismo se posicione ante todas las injusticias, se le exige manifestarse de todo, más que ningún otro movimiento. Por eso, llamar neutral al feminismo no lo vuelve más justo; lo vuelve más débil. Diluye el problema, niega su historia, pierde su fuerza para cuestionar, su objetivo se relativiza y se facilitan los retrocesos.
Puede haber intención en querer restar valor al feminismo, o puede ser desconocimiento. Decía Gerda Lerner que "la ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas". El feminismo no es solo tener el empleo más alto y romper el techo de cristal. Es mucho más. Nunca fue una reunión de señoras para tomar el té. El feminismo fue y es una respuesta ante un sistema estructural que daña y que aún no ha desaparecido. O se sostiene o se enfrenta. Y elegir un bando neutro, ojo, no deja en mejor lugar. Eso también es posicionarse.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.