Opinión
Yo filtré el correo de González Amador

Periodista
-Actualizado a
Con el tiempo, casi sin darnos cuenta, se nos ha llenado el debate público de polémicas absurdas y escandalitos de pitiminí. Un comentario fuera de lugar desata la hecatombe. Una palabra mal dicha desencadena la avalancha. Cualquier pobre diablo, por muy inocente que sea, puede tropezar con un malentendido y convertirse en muñeco de pimpampum. Con este caldo de cultivo llegó Inés Hernand a la academia de Operación Triunfo. Por lo poco que he entendido, la muchacha intentó hablar a los concursantes sobre el manoseo oportunista del espantajo de ETA. Total, que se le enredaron las palabras y una turba indignada sacó a pasear las antorchas.
Me temo que Hernand quiso criticar veladamente la última patochada de Ayuso, ya saben, la milonga campera de que ETA sigue vivita y coleando en las innobles provincias vascongadas. No solo Hernand ha repudiado la boutade ayusera. Maria Jauregi, por ejemplo, llamó a la presidentísima “demagoga” y “populista”. Cuando ETA mató a su padre, Juan Mari Jauregi, fueron los jefes del PSE quienes se echaron el féretro al hombro. ¿Cargaron ataúdes los líderes de la izquierda abertzale? Da pereza repetir lo que todo el mundo sabe: los mismos dirigentes de HB que custodiaron la capilla ardiente de Santi Brouard tuvieron que dar tierra poco después a Josu Muguruza.
Pero la verdad aquí no importa. Lo que cuenta es el silogismo marrullero y el derrape verbal a micrófono abierto. Inés Hernand es una “burra” y una “cachorra de la ETA”, dice Jiménez Losantos con ese soniquete deshumanizador que se gastan los turiferarios de la derechona. Isabel Rábago, ex asesora del PP madrileño, acusó a Hernand de “blanquear a ETA”. En el barrizal de las redes sociales, el embrollo adquirió la estatura de una cuestión de Estado. "Me amenazan de muerte y me llaman etarra”, escribió Hernand en su cuenta de X. Después despachó unas palabras de condena contra ETA. Un gesto estéril, Inés. A la marabunta no le importan tus condenas sino sus prejuicios.
“ETA ha sido absolutamente derrotada”, dijo Jorge Fernández Díaz en 2014 como ministro del Interior. “ETA ha sido derrotada por la acción del Estado de derecho”, confirmó Mariano Rajoy apenas un mes antes de que una moción de censura enviara al PP a la oposición. ¿Qué ha ocurrido para que ETA haya pasado de la derrota impepinable a preparar “su asalto al País Vasco y Navarra” como sostiene Ayuso? Muy fácil: todo lo que no sea un Gobierno del PP es ETA. Usted, yo, una presentadora madrileña que visita la academia de Operación Triunfo. Todos somos ETA salvo que se demuestre lo contrario. Es la teoría del “entorno”.
En los años noventa, Baltasar Garzón teorizó que ETA en realidad no solo era una organización armada sino sobre todo una tupida red de organizaciones civiles. La cacería contra el llamado “entorno” comenzó de forma prosaica contra una distribuidora de bacalao noruego. Después, la onda represiva se extendió contra periódicos, radios, academias de euskera, partidos políticos e incluso organizaciones pacifistas (pregunten por la Fundación Joxemi Zumalabe). Así, el primo de un amigo de la abuela de un vecino que estudió con Iñaki de Juana Chaos corría el riesgo de ser alcanzado por los tribunales. No es una hipérbole. En la práctica, y según cálculo periodístico, la Ley de Partidos despojó del derecho al sufragio pasivo a cerca de cuarenta mil ciudadanos vascos.
En 2017, cuando la doctrina del “entorno” se cebó con nueve jóvenes de Altsasu, Baltasar Garzón censuró la “desnaturalización del concepto de terrorismo” usado contra tuiteros, titiriteros, anarquistas e independentistas. A buenas horas. Últimamente hemos visto al ex magistrado denunciando la debilidad de la sentencia contra el Fiscal General del Estado. “No encuentro ninguna prueba condenatoria”. El problema es que el Tribunal Supremo, salvando todas las distancias, ha utilizado contra Álvaro García Ortiz el mismo pretexto expansivo que utilizó Garzón contra diferentes sectores de la sociedad civil vasca. El Fiscal General es culpable porque pertenece al “entorno” de la filtración.
Mucha gente aún no sabe que la idea del “entorno” es maleable a placer. Que los alrededores de García Ortiz podrían ensancharse hasta alcanzar prácticamente a cualquiera, a un ministro, a la esposa del presidente, al presidente. “Lo que no sabe Pedro Sánchez es que el próximo Pá’lante será él”, tuiteaba Miguel Ángel Rodríguez ebrio de algo parecido a la euforia. Es la misma amenaza que deslizó contra el Fiscal General antes de la sentencia. ¿Será que el PP controla la Sala Segunda “desde detrás” como prometía Ignacio Cosidó? Lo bueno del pretexto del “entorno” es que permite redactar condenas de antemano. Basta elegir un adversario político y crear un argumento jurídico ad hoc para el auto de fe.
En 1940, Francisco Franco dictó una ley contra el comunismo y la masonería que no solo perseguía a las organizaciones clandestinas sino también a aquellos que un tribunal especial considerara “ramas o núcleos auxiliares”. La idea del “entorno” es vieja y vale lo mismo para un roto que para un descosido. “El Gobierno colabora con el entorno de ETA”, dice Ayuso. El perímetro se extiende en círculos concéntricos y alcanza a Inés Hernand, a García Ortiz, a Pedro Sánchez. Todos somos el entorno remoto de algo. Yo, que nunca he tratado con el Fiscal General, también he debido de filtrar remotamente el correo del abogado de González Amador. Y quien cometa la audacia de leerme, quedará automáticamente contaminado.
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