Opinión
El Frente Popular, la serpiente y el conejo
Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
"Sí, el fascismo morirá. Pero ¿habrá de morir tan sólo por explosiones de entusiasmo?"
Pepe Díaz, 1935.
"Qué podemos aprender del pasado?", se preguntaba hace unos días la alcaldesa de Wuppertal, una ciudad al oeste de Alemania. Me habían invitado a hablar de alianzas antifascistas y hacerlo desde las experiencias de los Frentes Populares. ¿Qué podemos aprender del pasado? es una buena pregunta, sintetiza un anhelo, más que una búsqueda, el de responder a uno de los grandes debates de nuestro tiempo.
El llamamiento a ese acto lo expresaba así: hoy en día, todos tenemos la impresión de sentir una sensación palpable de impotencia. ¿Qué hace falta para darle la vuelta a ese sentimiento —el de ser un conejo frente a una serpiente, ante un cambio imparable, un auge del fascismo, un "giro a la derecha", una extrema derecha en el poder— y convertirlo en su contrario?
Me sorprendió que se identificaran con un conejo indefenso frente a la serpiente del fascismo. Algo no me cuadraba (luego les cuento por qué) aunque entiendo la mirada: hoy, las fuerzas de extrema derecha están de nuevo a punto de entrar en el Gobierno en muchos países, mientras que la izquierda se encuentra dividida, así que es lógico que nos preguntemos qué pueden aportar las experiencias históricas a las estrategias antifascistas en la Europa actual.
Es en esa pregunta donde resurgen las enseñanzas que queramos extraer del Frente Popular. O los Frentes Populares, ya que la misma idea ganó las elecciones en la España y Francia de 1936. Sus ecos resuenan en los debates de hoy y esa acústica lleva en el aire ciertas advertencias. Algunas de ellas las encontré refractadas en un texto de Eduardo Haro Tecglen.
Nunca me ha interesado mucho su pensamiento, la verdad, pero hallé un escrito suyo sobre el Frente Popular en Francia que me ha destellado un par de ideas. Como esta: "La mayor parte de la historia contemporánea ha sido escrita durante el periodo de anticomunismo militante de la guerra fría. Desde esa forma de escribir la historia, se desprestigió al Frente Popular".
Y continúa: "Cada vez que se ha presentado esta opción en el mundo contemporáneo se han buscado nombres que lo recuerden vagamente, pero que no sean categóricamente el mismo (Unidad Popular en Chile, Frente Amplio en Uruguay…) Esta fuga lingüística no sirvió de nada: se encontró con los enemigos de siempre. Buscar una apariencia más ligera o una realidad más desenfadada aun, no resuelve su problema. Tal vez dentro de un tiempo vuelva a hablarse de Frente Popular. La historia y la política se habrán reconciliado".
Lejos de mis capacidades esa reconciliación, que no pretendo, pero sí, un pequeño acercamiento, no al modelo de Frente Popular, sino a la idea que los sustentó. Si los Frentes Populares reverberan en la historia es porque tuvieron éxito, ganaron las elecciones, y en el caso de Francia, de forma abrumadora, pero no es ahí donde busco respuestas. Creo que entender las causas de por qué se crearon y qué debates tuvieron nos lleva a un lugar más triste que esa victoria: nos debería llevar a tres años antes, a 1933, al tiempo en el que empezó la oscuridad.
En marzo de 1933 Hitler ganó las elecciones en Alemania con más del 40% de los votos frente a una izquierda no ya dividida, sino brutalmente enfrentada. Este enfrentamiento no fue la única causa de la caída de la república de Weimar, pero si una de ellas. En España, en noviembre de 1933, las derechas unidas en la CEDA ganan las elecciones frente a una izquierda fragmentada, dando lugar al bienio radical-cedista, o "bienio rectificador" como lo llamaron ellos, que "rectificó" la reforma agraria, la laicidad del Estado o las leyes laborales de la Segunda República.
De ambas derrotas, sobre todo de la alemana, se extrajo una conclusión que cambiaría la historia y la teoría política en el campo de la izquierda: pasar de la tesis del "clase contra clase", la imposibilidad de colaboración entre distintas expresiones de la izquierda, por la de la creación de Frentes Populares, la generación de alianzas interclasistas y con sectores sociales de la burguesía democrática para parar el fascismo.
En Francia, dos manifestaciones antifascistas, una comunista y otra socialista, convergen en una sola al grito de unidad. La idea del frente popular toma cuerpo en el país vecino y en 1935 el Comintern cambia su estrategia y propone la creación de Frentes Populares. En España hay quien recoge el guante: construir unidad frente a la CEDA se impuso como tarea, ya que temían, como temo yo hoy, que, si las derechas volvían a ganar las elecciones en el 36 instaurarían un régimen corporativo y autoritario.
Lo que argumento es que el Frente Popular o, mejor dicho, los Frentes Populares en España y Francia, son la respuesta a una derrota. Y a una lección muy dura del 33 en Alemania y es que el triunfo de Hitler fue seguido por una represión salvaje que fue muy rápida. En cuatro meses no dejaron nada de la izquierda en pie.
En España muchos se pusieron a trabajar y uno de ellos, Pepe Díaz, con especial ímpetu y claridad. El secretario general del PCE en ese momento lo expresaba así en un mitin legendario en el Monumental Cinema de Madrid el 2 de junio del 35.
Decía Pepe Díaz: "Todos los oradores que han hablado antes que yo han dicho: El fascismo no pasará. Y yo os digo que esta frase sólo tiene sentido cuando se toman todas las medidas necesarias para luchar contra el fascismo. Porque, si sólo conservamos el entusiasmo en los mítines y nos marchamos a casa tranquilamente, esperando a que la solución se caiga del cielo, entonces, camaradas, yo os digo que el fascismo, con su cortejo de crímenes y de hambre, será una realidad terrible en España”. Tomemos nota.
En la charla en Wuppertal intenté contarlo y trasladar esas ganas de luchar contra la extrema derecha, pero encontré una audiencia en una situación diferente. Me di cuenta de que su sensación de conejo frente a la serpiente procedía de que muchos de ellos conviven a diario con personas que les rodean, a las que quieren y que van a votar por AfD. Las encuestas les dan hasta un 40% en algunos landers y quizá por eso tiene esa sensación de indefensión.
En otros lugares hay otra mirada -y otro concepto de los conejos-. Recordé que en la cultura latinoamericana nos contamos otra historia. La fábula del conejo y la serpiente existe en América Latina en varias versiones, pero en todas ellas, la serpiente malvada es vencida por un conejo sagaz que usa su inteligencia para engañarla y derrotarla. Son cuentos en los que el conejo, usando su astucia, es el vencedor.
Y, de repente, me río sola al darme cuenta de que el nombre de nuestro país viene, preciosamente, de aquel que los fenicios dieron a estas tierras: I-span-ya.
Tierra de conejos.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.