Opinión
Fuentes fidedignas
Por Anibal Malvar
Periodista
Desde el jueves a las siete de la tarde, la vida sigue incluso para los que habían muerto. Hacía sol ayer en los cementerios de Euskadi. ¿Os disteis cuenta? El verano se hizo interminable para esto. Para que el 21 de octubre un sol abrileño alumbrara las tumbas y entorpeciera el trabajo triste de los cipreses, afirman en exclusiva para Público jardineros bien informados.
Los meteorólogos, otra de nuestras principales fuentes, anuncian prontas lluvias, pero ya no importa. Como decía Gironella, ha estallado la paz.
No os lo creéis mucho, ¿verad? Yo tampoco. Nos decepcionaron tantas veces que tenemos miedo a volver a tener miedo. Pero vuestros muertos ya no tienen miedo. Se vio perfectamente cuando los alumbraba la luz del sol de ayer, víspera inversa del día de la paz.
Yo no creo en dios, ni en la inmortalidad, pero ayer vi a los muertos. Llamé a mis fuentes para ver si es que yo me estaba haciendo gilipollas, pero no. Ellos también los veían. Paseaban por Euskadi con extrañeza de regreso, como exilados o emigrantes que retornan después de muchos años. Los que llevaban más tiempo fuera, se fijaban más en los cambios arquitectónicos, en las vestimentas, en la velocidad fulminante de los coches. Los más jóvenes solo atendían a los ojos de la gente. A su mirada distinta, llena de otredad, calma.
Entonces, según las mismas fuentes, otro grupo apareció frente a los vuestros. Fue un momento de tensión. Ambos grupos de muertos se retaron con mirada pistolera. Mis fuentes aseguran que algunos se reconocían, o eso pareció, y esto incrementó la violencia muda y quieta del cuadro. Pero, de repente, los niños dieron un paso adelante. Se conoce que querían seguir mirando cosas. Estar quieto es aburrido.
Así que, para no aburrirse, los otros empezaron a caminar hacia los vuestros, y los vuestros arrancaron a caminar hacia los otros. Los grupos se cruzaron casi sin rozarse. Alguno de los otros inclinó levemente la cabeza en señal de reconocimiento, y alguno de los vuestros respondió con una sonrisa amable. Lo típico entre seres humanos animados por un buen día de sol, asegura una de mis fuentes.
En estos temas de ETA, la mayoría de las fuentes te obligan a guardar anonimato, y eso hace que los periodistas quedemos desprotegidos y manipulables. Pero esta vez creo que mis fuentes son fidedignas, y por eso me he arriesgado a publicar para vosotros esta historia.
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