Opinión
El futuro digital de Europa necesita más inversión pública con acento social

Por Emilio García García
Colaborador de la Fundación Alternativas y coautor de 'Chips y Poder'.
Mario Draghi destacó en su informe la importancia de la digitalización y la consiguiente necesidad de asignar recursos públicos para movilizar las inversiones requeridas en este ámbito. Según el político italiano, la insuficiencia de inversión en tecnología digital es la causa de una parte sustancial del diferencial de productividad entre Europa y EEUU, así como de dependencias externas peligrosas que debilitan la posición geopolítica de la Unión. Las evidencias están encima de la mesa. Entre 2013 y 2023, al mismo tiempo que el PIB estadounidense ha pasado de una inferioridad porcentual de 14 puntos respecto a Europa a una superioridad de 17 puntos, las compañías tecnológicas de Silicon Valley han crecido hasta prácticamente monopolizar el ranking de las diez empresas más valoradas del sector en el mundo.
En su último informe anual de la Década Digital, la Comisión apuntaba hacia la inteligencia artificial (IA), los semiconductores y las tecnologías cuánticas como ámbitos clave para que Europa recupere la competitividad digital en los próximos años. La mala noticia es que en todas ellas la Universidad de Harvard sitúa a la UE por detrás de EEUU y China. El retraso es relevante respecto a ambas potencias en semiconductores, amplio en IA –sobre todo respecto de EEUU– y algo menor en tecnología cuántica. Revertir las tendencias del declive tecnológico de Europa respecto de los otros dos gigantes económicos requiere un importante rearme inversor.
Los servicios de investigación del Parlamento Europeo han estimado que los fondos que necesita emplear anualmente la Unión para lograr un posicionamiento competitivo a nivel global en la transformación digital oscilan entre 157.000 y 227.000 millones de euros, a lo que se añadirían entre 55.000 y 154.000 millones destinados a I+D+i en tecnología. Los analistas del Parlamento estiman que para movilizar este nivel de inversión entre 34.000 y 114.000 millones en total han de proceder anualmente de los presupuestos públicos.
Resulta complejo evaluar si la propuesta presupuestaria de la Unión para el periodo 2028-2034 está a la altura de estas ambiciones. En el nuevo Fondo Europeo de Competitividad figura una aportación presupuestaria de la Unión de 51.493 millones de euros para alcanzar el liderazgo digital. La dimensión de I+D en tecnologías digitales del programa Horizon Europe ha sido dotada con 16.854 millones de euros. Más difícil es predecir los fondos que se destinarán a impulsar la digitalización de Europa en otras partidas presupuestarias. Siendo optimistas podemos asumir que un 10% adicional del presupuesto comunitario fuera de los dos programas mencionados –unos 14.000 millones– podría contribuir a impulsar la digitalización de Europa. Bajo estas premisas, la propuesta presupuestaria de la Unión Europea para el periodo 2028-2034 destinaría alrededor de 82.000 millones en total al refuerzo tecnológico de Europa. Una cifra que podría resultar insuficiente.
De consolidarse el proyecto presupuestario multianual de la Unión, estaríamos de nuevo ante un escenario similar al del periodo 2021-2027, con una inversión pública comunitaria anual en digitalización –excluido el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR)– de aproximadamente 11.000 millones de euros. Considerando que el repunte inflacionario acumulado en Europa en los últimos siete años ha sido cercano al 24%, la merma real de recursos dedicados por la UE a la transformación digital sería considerable. La responsabilidad de alcanzar en el nuevo ciclo presupuestario el nivel de inversión pública señalado por el Parlamento Europeo recaería sobre los Estados miembros: los socios comunitarios tendrían que aportar anualmente de sus recursos financieros entre 20.000 millones y 100.000 millones de euros para alcanzar el nivel de ambición necesario.
Todo ello supone llegar a dedicar hasta el 0,6% del PIB europeo para mantener la competitividad digital de Europa. Dejando a un lado que otras partidas, como la defensa, están registrando fuertes aumentos, el incremento de fondos públicos para la digitalización puede encontrarse con la oposición de una ciudadanía que no percibe la urgencia de inversión pública en tecnología. El Eurobarómetro de primavera de 2025 refleja que cerca del 90% de los europeos y las europeas sitúan la tecnología digital entre las tres áreas que menos merecen un incremento presupuestario y que han de tener menor prioridad en el gasto público.
Afortunadamente, existen también indicios esperanzadores. Entre los resultados del Eurobarómetro de febrero se refleja un apoyo por encima del 85% a reforzar el I+D para crear un ecosistema digital fuerte y asegurar que las compañías europeas puedan crecer. Cabe la esperanza de que la baja priorización presupuestaria de la transformación digital por la ciudadanía tenga como una de sus causas centrales una falta de didáctica política sobre la conexión entre una mayor inversión pública y un ecosistema tecnológico fuerte. Pero también apunta a la necesidad de que en el diseño de las políticas de digitalización se refuerce su utilidad para el bien común y que esta conexión sea divulgada con mensajes comprensibles. Vayamos de modo sucinto con algunos mecanismos para ello.
En primer lugar, estableciendo condicionalidades sociales a las empresas para la recepción de fondos públicos. Marina Mazzucato fijó la doctrina al respecto en su ensayo El Estado emprendedor. No sólo se trata de generar actividad económica y crecimiento, sino hacerlo de conformidad con valores de igualdad, favoreciendo la lucha contra el cambio climático y creando empleos dignos. En segundo lugar, favoreciendo las tomas de participación pública con retorno de inversión frente a la subvención a fondo perdido, asumiendo riesgos pero creando mercados y beneficios que se puedan reinvertir en políticas sociales y de bienestar. En tercer lugar, realizando la intervención pública con perspectiva de cohesión territorial, buscando igualar la geografía del desarrollo. Finalmente, otra componente de esta inversión pública es reforzar el valor de su ejecución dentro de un marco europeo transfronterizo, resaltando la imposibilidad de un ecosistema digital nacional fuerte sin un mercado europeo fuerte.
En conclusión, aunque es conocido que para revertir el creciente diferencial de productividad y la dependencia geopolítica de Europa frente a potencias como Estados Unidos y China es imperativo un rearme inversor en áreas tecnológicas clave, se está lejos de responder a esta urgencia. La reciente propuesta del marco multianual presupuestario para la Unión puede resultar insuficiente, depositando la responsabilidad en los Estados miembros. Enfrente, la ciudadanía europea no percibe la necesidad de introducir esta prioridad presupuestaria. Es fundamental incrementar los fondos públicos destinados a reforzar la competitividad digital europea, pero también vincularlos de forma explícita al bien común para que este esfuerzo sea no solo aceptado sino demandado por la ciudadanía.

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