Opinión
Garamendi, esfuérzate tú

Por Margarita Guerrero Calderón
Directora del Instituto de la Juventud de España (Injuve)
-Actualizado a
Cada cierto tiempo se agitan debates de una batalla cultural que no cesa. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, sostiene que frente al mensaje “trabajar menos para vivir mejor” hay que “fomentar la cultura del esfuerzo”. Y “que si nos creemos que Alcaraz trabaja 37,5 horas a la semana”. Pero lo que obvia Garamendi, sin embargo, es que Alcaraz cobra millones de euros al año y es un deportista de élite. Centrémonos en la discusión que nos ocupa.
Está ampliamente estudiado y acreditado que la ideología del esfuerzo es una estrategia para hacer tolerable la creciente desigualdad; porque da igual lo que te esfuerces: lo que determina tu futuro en gran parte es el código postal donde naces. Que el discurso de la meritocracia se utiliza para culpar a los individuos por su falta de éxito, ignorando los factores estructurales que condicionan las trayectorias vitales.
Pero, ¿en qué contexto Garamendi suelta esta provocación a la clase trabajadora de este país? Lo hace después que la CEOE consiguiese unificar a PP, VOX y Junts para que ni se debatiera en el Congreso de los Diputados la Ley de reducción de la jornada laboral (a 37,5 horas semanales) que habría beneficiado a 12 millones de personas trabajadoras.
Resulta preocupante que al presidente de los empresarios le parezca una ofensa que el Ministerio de Trabajo quiera hacer cumplir la ley con la mejora del registro horario que tiene que servir para poner coto a las millones de horas extras que se hacen en este país sin remunerar.
En España, el último trimestre del 2024 se registraron casi tres millones de horas extra a la semana sin retribuir, esos datos nos hablan de un enorme esfuerzo laboral que no se está pagando. Lo que falta no es cultura del esfuerzo, falta un compromiso de los empresarios con el cumplimiento de los derechos laborales. Esto es lo que realmente enfada a Garamendi, que van a tener que pagar los millones de horas extra que se hacen en este país.
Tenemos a las generaciones jóvenes más preparadas de la historia, con una sobrecualificación altísima porque el mercado laboral no es capaz de absorber ese talento. El tejido empresarial (de forma genérica y salvando algunas excepciones) prioriza maximizar los beneficios a costa del trabajo precario en vez de invertir en innovación.
Cuando se activan estos debates, se sitúa en la diana a las personas jóvenes como “culpables” de un cambio de actitud ante el trabajo. Hay parte de verdad en esto pero se omite otra verdad dolorosa. Porque sí, las generaciones más jóvenes están poniendo sobre la mesa otra forma de relacionarse con el trabajo también por la precariedad de estos, y están señalando que ya no compensa trabajar con malas condiciones y dejándonos la salud mental si no llegamos a final de mes, o no podemos emanciparnos ni mucho menos pensar en tener hijos. Según la Encuesta de Juventud 2023 el 43% de jóvenes en España han trabajado sin contrato en alguna ocasión y el 14,3 % sin contrato y sin cobrar.
Antes, con un trabajo se podía vivir, pero ahora tenemos a trabajadores pobres con ansiedad porque sobra mucho mes al final del sueldo; porque sube el SMI pero la vivienda funciona como una aspiradora de recursos y los alquileres no paran de crecer. España es líder en consumo de benzodiazepinas, hay estudios que muestran que la mayoría del consumo de fármacos en la población asalariada española se atribuye a motivos relacionados con el trabajo. No faltan datos, tampoco testimonios. Si Garamendi usara el transporte público vería los cuerpos dolientes de la clase trabajadora que, solo en Madrid, se dejan dos o tres horas al día para desplazarse a sus lugares de trabajo.
Necesitamos un mejor control horario, necesitamos repartir el tiempo de trabajo, trabajar menos y tener tiempo para vivir, porque la vida no puede ser solo el trabajo. Y por supuesto, el ministerio de Trabajo debe utilizar todos los instrumentos que tiene para hacer cumplir la ley. Adelante el registro horario, y vamos por el Estatuto del Becario; sigamos luchando desde los centros de trabajo pero también desde las instituciones la reducción de la jornada laboral, porque nos debemos dudar cuando la disputa es el tiempo y la redistribución.
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