Opinión
El giro autoritario del Partido Laborista británico

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
-Actualizado a
En la Europa convulsa de 2025, la xenofobia y el autoritarismo no son patrimonio exclusivo de la ultraderecha. Ya lo sabíamos, pero el primer ministro británico, Keir Starmer, parece empeñado en demostrarlo una y otra vez. Las detenciones de cientos de activistas pro-palestinos son el último episodio del giro reaccionario de Starmer, que no para de hundirse en las encuestas después de poco más de un año al frente del gobierno. Los últimos sondeos colocan al Partido Laborista en un inédito empate con los Verdes, mientras que los ultraderechistas de Reform ocupan la primera posición, seguidos de lejos por los conservadores.
Es difícil decir si la adopción de posiciones alejadas de la tradición laborista es una respuesta desesperada de Starmer al hundimiento electoral o si el abandono en masa de sus electores es consecuencia de ese giro conservador. Seguramente se estén produciendo los dos fenómenos a la vez.
El primer ministro británico actuó con aparente dureza ante los disturbios racistas que sacudieron el país en julio de 2024, poco después de su llegada al poder. Sin embargo, Starmer pronto demostró que compartía parte de la agenda de los ultras que atacaron centros de acogidas de refugiados. El pasado mes de mayo, el laborista presentó un plan para reducir la inmigración "significativamente", con una "aplicación más dura" de la ley. Un discurso que implícitamente culpa a los trabajadores migrantes de los graves problemas de Reino Unido, sumido en la inestabilidad económica desde el Brexit. Irónicamente, una de las consecuencias negativas de la salida de la Unión Europea ha sido la escasez de personal en ciertos sectores.
Starmer también ha olvidado su pasado de abogado especializado en derechos humanos respecto al genocidio palestino. Su gobierno ha sido uno de los más cercanos colaboradores de Israel en Europa, con un suministro sostenido de armas e información de inteligencia al gobierno de Benjamin Netanyahu durante la invasión de Gaza. La colaboración de Starmer con la ofensiva militar israelí ha alentado un amplio y combativo movimiento popular por Palestina.
Una de las organizaciones que ha conseguido más visibilidad es Palestine Action, autora de numerosos sabotajes a empresas armamentísticas y bases militares. Cuando sus activistas fueron acusados de un delito de daños (contra las cosas, nunca contra personas), varios jurados populares les absolvieron, al entender que lo hacían por una causa justa. El gobierno de Starmer reaccionó declarando Palestine Action organización terrorista, una decisión que "amenaza el ejercicio legítimo de libertades fundamentales", según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. La criminalización de Palestine Action ha desatado una ola de solidaridad, con miles de manifestantes declarando su apoyo y cientos de ellos detenidos por ello. La famosa escritora Sally Rooney manifestó que usaría las ganancias de sus libros y su influencia para apoyar a Palestine Action, por lo que podría ser perseguida por apoyo al terrorismo.
También ha contribuido al descrédito del Partido Laborista la propuesta de Starmer de recortar las ayudas a las personas con discapacidad o las destinadas a hogares con dificultad para pagar la factura de la luz en invierno. La rebelión de un centenar de los 400 diputados laboristas obligó a Starmer a rectificar, pero el daño político ya estaba hecho. Después de 14 años de primeros ministros 'tories', el electorado laborista no entendió que su gobierno pretendiese recortar políticas sociales para los colectivos más empobrecidos mientras las ganancias de la City londinense siguen por las nubes.
La debacle del laborismo está dando alas a dos alternativas a su izquierda: el Partido Verde – liderado por el 'ecopopulista' de izquierdas Zack Polansky – y Your Party, la nueva organización creada por el ex líder laborista Jeremy Corbyn y la diputada Zarah Sultana. Una unión de ambas fuerzas podría acabar de hundir a Starmer y disputar el liderazgo social y político en Reino Unido, que ahora está en manos de Reform. Mientras las fuerzas a su izquierda crecen, Starmer sigue demostrando que los partidos socialdemócratas también pueden caer en la tentación de copiar la agenda de la ultraderecha. Ahora bien, sus resultados no invitan a nadie a seguir su camino.
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