Opinión
De golpe en golpe, hasta el golpe de efecto final

Por Francisco Jurado Gilabert
Jurista y Doctor en Ciencia Política
La interna de los partidos es todo lo que sucede en el matadero hasta que las salchichas salen envasadas y luciendo suculentas. Si alguien quiere seguir acudiendo con fe, ganas e ilusión a las urnas, es mejor que no se adentre en la interna del partido que le gusta, aunque esto resulta cada vez más difícil.
Antes, las internas eran como los cuentos de la abuela, pura tradición oral. Se resolvían en intrigantes llamadas de teléfono, disimulados cafés o hipertensas reuniones del "Comité Central". En nuestros días, la hipercomunicación a través de Whatsapp o Telegram y, sobre todo, la llegada de las redes sociales, han hecho de las internas una telenovela en abierto. Ahora, incluso sin quererlo, nos enteramos de cada purga, enemistad, alianza, lucha por el poder o romance que sucede en los partidos.
Durante las últimas semanas, en Vox han sustituido las bambalinas por focos y micrófonos y, gracias a los purgados, estamos conociendo en detalle el tinglado económico de la corte de Abascal. Pero si ha habido una interna famosa, en esta última década, ha sido la de Podemos. Y es que se ha desarrollado tanto que el destape ha terminado por afectar a todos los partidos derivados y relacionados con ellos. Este guion ya no pertenece a la interna de un sólo partido, sino de toda una galaxia compuesta por múltiples organizaciones.
A lo largo de los años, toda España se ha familiarizado con duelos como el de Iglesias contra Errejón, o Yolanda Díaz contra Irene Montero. Todos conocemos episodios intrigantes como los congresos en Vistalegre, la jugada del Jaque Pastor o el registro tardío de la coalición de Por Andalucía. Esta tremenda exposición pública de los entresijos de la-izquierda-a-la-izquierda se debe, como ya se ha comentado, a las nuevas herramientas digitales de comunicación pero, también, a una práctica a la que estamos completamente enganchados, tanto el público como sus protagonistas: los golpes de efecto.
En política, un golpe de efecto es una acción estratégica inesperada, llamativa, que busca propiciar un giro de los acontecimientos, ganar algún pulso o situarse en el centro del debate público. La unión entre internas radiografiadas y golpes de efecto lleva a la política al terreno del puro entretenimiento audiovisual. En sus inicios, Pablo Iglesias comparaba la política con Juego de Tronos, en referencia a las luchas de poder que se dan en la serie. Pero es que la comparación podríamos extenderla al modo de narrarlas: toda una oda a los giros de guión.
Obviamente, este nuevo modo de gestionar las internas -que ya son prácticamente "externas"- tiene sus propias consecuencias. La más importante es multiplicar el malestar dentro de las organizaciones. Siempre han existido, en el seno de los partidos, diferentes sensibilidades y corrientes y, por tanto, siempre ha habido vencedores y vencidos en los congresos, las primarias, etc. Sin embargo, estas competiciones permanecían en un plano bastante privado, del que solo trascendía la aséptica noticia de prensa y alguna comedida declaración. En las internas retransmitidas en directo, las victorias se corean más y las derrotas son mucho más dolorosas, porque se producen delante de un público que, además, interviene en el proceso a través de las redes sociales. Si ya hemos visto que hasta algunos deportistas han tenido que cerrar sus perfiles en redes, a causa de las críticas recibidas, podéis imaginar la presión que reciben las personas que se dedican a la primera línea de la política.
Ese constante malestar, debido a una proyección permanente de las vergüenzas internas, lleva aparejada la extensión de los conflictos propios del partido hacia las redes sociales, lo que produce la pérdida absoluta del control sobre los mismos. Las organizaciones políticas deben tener canales y espacios donde dirimir los conflictos pero ¿qué pasa cuando ese conflicto escapa del perímetro del partido y desemboca en la arena mediática y de las redes? Pasa que se va de madre, generando una onda expansiva que agudiza, aún más, la polarización en torno al mismo.
Una de las razones por las que el llamado "espacio del cambio" no puede resurgir, al menos con sus actores y actrices de la última década, es por el enfrentamiento y el rencor acumulados tras años de batalla abierta y sostenida. Todos los días, en Twitter/X, usted puede encontrar cientos de posts del bando de fulanito atacando al bando de menganita. Todos los días. A todas horas.
Por eso, aunque la unidad de la izquierda vuelve a ponerse encima de la mesa, como clavo ardiendo ante la temida llegada de las derechas o ante la aún más temida fagocitación del espacio por parte del PSOE, se antoja imposible que se produzca una conjunción de partidos en una sola papeleta, aunque sólo fuese de manera funcional, como ocurrió en 2023 (y ya hemos visto que no duró demasiado).
Curiosamente, hasta el último movimiento de Rufián, firme defensor de la lista única funcional, ha sonado más a un crujido dentro del espacio que a un paso firme hacia esa unidad. Y es que Rufián ha tenido a bien aceptar la propuesta, como ya hizo con Emilio Delgado, de realizar un diálogo con Irene Montero. Y este anuncio, que podría haberse interpretado como un movimiento esperanzador para reincorporar a Podemos a una coalición, se ha utilizado -sorpresa, sorpresa- como el enésimo golpe de efecto de los morados.
Pocos segundos después de publicarse el cartel del evento, todo el Twitter-Podemos salió en tromba a vender el acto como el bautizo de algún tipo de artefacto electoral capitaneado por Montero y Rufián. Los periodistas preguntaban a la eurodiputada sobre un hipotético ticket electoral y ella, con una sonrisa de oreja a oreja, ha tirado del recurrente “ni confirmo, ni desmiento”, que ya sabemos que hace las delicias de un público adicto al suspense, y que alimentará días de debate en redes y medios.
Probablemente, Rufián vea en esta jugada la posibilidad de repescar a Podemos para el bloque y hacerlo pasar por el aro de la coalición. Para él, Irene Montero es su Moby Dick. Pero para Podemos esta es la manera de insuflar vida al cadáver resultante de los batacazos de Aragón y Castilla y León. Nada hace pensar que, de repente, hayan variado su idea de presentarse en solitario a las elecciones andaluzas y, por ende, a las siguientes Generales. Paradójicamente, cuanto más vivo está Podemos, más difícil ponen su participación en una coalición. Ahora, tienen la oportunidad de ir al baile con el chico más popular del instituto y esperan que eso los lleve, de nuevo, al prime time de la parrilla.
¿Dónde queda la política de verdad en toda esto? Ni idea. ¿Servirá para que se produzca la unidad electoral? No lo creo. ¿Mejorará las relaciones entre los diferentes partidos del espacio? Probablemente no, pero no me digan que no nos tienen entretenidos.

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