Opinión
Su grasiento mono azul
Por Anibal Malvar
Periodista
En estos días me ha coincidido leer mucho sobre belleza. A mí, precisamente, que no la tengo. O quizá solo leía de guapura. También me falta.
La primera culpable es Ángeles Blancas, soprano dulcísima: “La gente no entiende de voces. Busca otras cosas: juventud, glamour, negocio…”. Es decir, que cualquier día vemos a Bustamante desplazando a Caruso en el Boccanegra de Verdi, porque Caruso estaba gordo y fumaba y tal.
El segundo culpable es un guaperas. Se llama Jesús, es un “empresario de éxito de aspecto más que cuidado” según su entrevistador, y dice: “Observo a los que mandan y me parecen un desfile de deformidad. Parece que hayan hecho un casting a la inversa para elegir a los papas, a los banqueros y a los ministros. No sé si es porque el poder corrompe, incluso estéticamente”.
A pesar de guapo, el tal Jesús no me parece gilipollas. Aunque creo que ha dado un paso irrevocable y suicida para convertirse en el futuro secretario general del PSOE. A uno le preocupa que el PSOE busque ahora una carita mona más que una voz hermosa para resucitar al muerto. Olvidando que la voz hermosa no hay que buscarla: ya está en la antigua definición de socialismo.
Preocupa que elija a alguien con “tirón electoral”. Tirón, en mi barrio, es el modo más burdo de robar un bolso. Y electoral, en mi país, ha sido a veces la mejor disculpa para no devolverlo.
Que el PSOE no busque guapura, sino belleza. En un mundo ideal, ser de izquierdas obliga a despreciar la estética. Como ser de derechas invita a distraer la ética. La mercenaria estética, además, es enemiga de la elegancia. Y a la izquierda le cae tan elegante su grasiento mono azul…
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