Opinión
¿Dónde están los hombres del PSOE?

Periodista y escritora
-Actualizado a
Recuerdo que hace ya algún tiempo, un hombre, un político de izquierdas de este país, me dijo que si tuviéramos acceso a las conversaciones de hombres, esas donde sólo hay varones, nos escandalizaríamos. No me cabe duda. Lo contó maravillosamente Martine Delvaux en su libro Los boys club. Por qué los hombres siguen dominando el mundo. En las empresas se les llama los "chats de chicos" o "chats de hombres". No se trata de esos siniestros lugares donde exponen los cuerpos de sus hijas, esposas o madres sin consentimiento, sino de algo en principio mucho más "inocente": poder hablar de lo que les dé la gana en el tono que les dé la gana sin la fiscalización que supone la mirada femenina.
Un apunte al vuelo: resulta muy interesante ver cómo la mirada masculina sobre las mujeres construye un sometimiento y domesticación cruel desde lo estético, lo biológico, lo reproductivo y una repugnante pureza; mientras la mirada de las mujeres sobre ellos se asume como un "correctivo moralizante".
Cuando los hombres actúan con la impunidad con la que lo hacían los protagonistas de las noticias que hemos conocido esta semana, no se esconden. Cuando Salazar sale del retrete sin acabar de subirse la bragueta, no se esconde. Cuando se dicen burradas a las becarias o trabajadoras jóvenes en las sedes de partidos políticos, en las redacciones periodísticas, en los ministerios o en cualquier empresa, se hace en voz alta. Es un ejercicio de poder del que hacer gala, como de todo ese tipo de movimientos.
Lo sabemos todas, lo hemos visto todas, lo conocemos todas. Sin embargo, no es con nosotras con quien se comparte lo buena que está Tal, las tetas que tiene Cuál, lo que le harían a Fulanita o la vida sexual de Menganita. Lo comparten entre ellos en algo que se conoce como pacto patriarcal y que sucede en entornos de comunicación privada pero no tanto. Es decir, en dichos corrillos, chats, grupos etc, no sólo participan los hombres que acosan o agreden, denigran o difaman a las mujeres, sino muchísimos otros que callan y —esto es fundamental— sin cuya participación el grupo no existiría.
La presencia de los hombres que callan es fundamental y necesaria para que los agresores actúen, de palabra u obra. Son los que callan quienes otorgan validación, con su silencio, a las acciones de los violentos. Como hemos repetido hasta el hartazgo, toda sociedad tiene la violencia que tolera. Lo mismo sirve para los partidos políticos, en este caso el PSOE. Los agresores y acosadores sexuales que van saliendo a la luz se permitían seguir violentando a las mujeres porque no encontraban reproche entre los suyos. Así funciona el pacto. Probablemente ninguno de los callados les aplaudió las gracias, pero lo que es seguro es que nadie entre sus compañeros ha levantado la voz para afearles la conducta. A veces, se dice, se rumorea, que alguno abandona un grupo, pero lo hace en silencio, yéndose por la puerta de atrás.
Y la pregunta, después de este mes de diciembre nauseabundo en la casa socialista, cae por su propio peso: ¿dónde están los hombres del PSOE? ¿Por qué callan? ¿Por qué no salen ellos también a denunciar las conductas de sus compañeros? ¿Por qué las han dejado solas a ellas? Tengo mis respuestas, y son desagradables. Necesitaríamos escuchar las suyas.
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