Opinión
Itamar Ben-Gvir dice que hay que matar más

Por David Torres
Escritor
Dice Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad de Israel, que todas las noches habría que asesinar en Gaza a unas treinta o cuarenta personas. Entre treinta y cuarenta, no especificó el número; no dijo "treinta y ocho", por ejemplo, o "treinta y tres", que suele ser la cifra que pide repetir el médico al auscultarte. Tampoco explicó si habría que matarlos a tiros, a bombazos o a pedradas, eso lo deja al arbitrio de las fuerzas israelíes, que están bien entrenadas en el arte del asesinato y tienen experiencia de sobra. Como más les guste a ellos, total, ya hemos visto suficientes videos y fotos de soldados hebreos pasándoselo en grande mientras torturan civiles indefensos y masacran niños. Jehová ordenó que habrá que ganarse el pan con el sudor de la frente, pero tampoco dijo nada de que uno no pudiera divertirse en el trabajo.
Unas treinta o cuarenta personas asesinadas cada noche es el nuevo lema turístico israelí, igual que “un plátano al día por lo menos” era el lema alimenticio de Canarias. A lo mejor, en el plan de reconstrucción de la Nueva Gaza que han planeado Trump y Netanyahu -también denominado "Riviera de Oriente Medio"-, hay dispuesto un apartado desde el que se pueda acceder a un recinto para cazar palestinos a balazos, del mismo modo que algunos millonarios iban de safari a Sarajevo a hacer puntería en la avenida de los francotiradores. Cada niño costaba unos 90.000 euros, las jóvenes y embarazadas algo menos, los adultos a mitad de precio y los ancianos salían gratis, igual que los palestinos de cualquier género y edad les salen gratis a los soldados y colonos israelíes. Los palestinos es que están tirados: Israel los puede matar por miles, por centenares o por docenas y se queda tan ancho. Hasta va a competir en los Juegos Olímpicos sin limpiarse las zapatillas de sangre o a berrear sus mierdas en Eurovisión y los votan en masa. Han quedado segundos dos años seguidos, y porque no se les ocurre cantar una canción que vaya de exterminar palestinos, que entonces ganan de calle.
Ben Gvir habla de "asesinatos selectivos", claro, ya que, si allí se pusieran a asesinar al tuntún, a la buena de Dios, pues los palestinos se les acaban enseguida y lo mismo se les jode la diversión o el negocio. Esto da una idea, no sólo de lo bondadosas y cuidadosas que son las fuerzas de seguridad israelíes, sino de lo difícil que es seleccionar blancos en Gaza, una ciudad -por llamarla de algún modo- que las explosiones han puesto patas arriba y donde, para llevarse por delante a un terrorista de Hamás, hay que matar lo menos a trescientos o quinientos civiles que no se quitan de en medio. En Irán, el Mossad te localiza a un objetivo militar con escolta y te lo liquida limpiamente en un santiamén, pero se ve que en Gaza les mola más la matanza estilo bíblico, con muertos a punta pala. Es que Israel la Biblia la sigue a rajatabla.
A rajatabla excepto lo de “no matarás”, aunque Ben Gvir, al igual que muchos de sus compatriotas, está convencido de que los palestinos no son exactamente seres humanos, sino más bien animales o menos que animales. "Hay gente allí que no merece vivir" dice tan tranquilo. "Ni siquiera son personas, no los quiero llamar personas". Para demostrar su fe religiosa y su respeto al Dios de los judíos, Ben Gvir lleva siempre puesta una kipá en la coronilla, un ornamento que últimamente hace juego con la chapita con la horca que luce en la solapa para celebrar la ley que amplió la pena de muerte para los palestinos acusados de matar israelíes en Cisjordania, pero no viceversa. El día de su 50 cumpleaños, lo festejó con una tarta decorada con el dibujo de una horca y el lema: "A veces los sueños se hacen realidad". A este hombre -por llamarlo también de algún modo- cualquier día me lo proponen para otro premio Nobel de la Paz, porque ahora mismo la mayoría de las muertes en Gaza están provocadas por la hambruna bestial impuesta por las tropas israelíes y la falta de ayuda y medicamentos. Una horca o un tiro en la cabeza es un método mucho más rápido, efectivo y, sobre todo, más decente que esas fotos donde se ve a los bebés y críos palestinos agonizando entre el acordeón de sus propias costillas. En Gaza hay que matar más, hay que matar a mejor ritmo, treinta o cuarenta cada noche por lo menos. Lo dice Ben Gvir, humanista judío.

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