Opinión
¿De quién es la izquierda?

Por Marta Nebot
Periodista
Resoplo y resoplo. Debería suspirar pero no puedo; alivia la tensión, dicen los expertos. Con tanto resoplido no sé qué estoy haciendo.
Desde la medianoche del viernes tengo un nudo en el estómago y un circo de mil pistas en el cerebro.
La izquierda ha fracasado. No ha podido ser, dicen. Habrá festival de papeletas. Elegir una será abandonar a otras. Se han negado a unirse y se enfrentarán y nos enfrentarán, cuando el antagonista es otro más claramente que nunca.
¡Ay, qué dolor qué pena! Nos llevan a la batalla en nuestra trinchera.
Y da igual de quién sea la culpa. Seguro que hay muchas.
Esta guerra viene de lejos. Se han hecho mucho daño en muchos sitios durante mucho tiempo. Sé y querría saber menos.
Y no soy de nadie. A mí que no me vengan con ese hueso. Mi independencia es lo único que tengo. Nunca he tenido carnets, ni los quiero.
Me posicioné en contra de que se vetara a Irene Montero en las generales del 23 y también contra que no hubiera lista conjunta en las autonómicas madrileñas de ese mismo año. Confieso que voté a Alejandra Jacinto y que mi voto fue de los que se fue por el sumidero.
Podría contar más porquerías sobre este acuerdo fallido, pero no quiero. ¿Para qué serviría? ¿Para darnos más armas a unos contra otros?
El resumen es más constructivo: hemos fracasado.
El voto útil nos matará a todos. Se mezclará con el voto del rencor. Nos tironeará de un lado y de otro. Nos convertirá en inútiles a muchos. Les regalará fuerza y razón a los otros cuando más la necesitamos.
¡Ay, qué dolor qué pena! Nos llevan a la guerra entre nosotros, mientras en la otra trinchera se frotan las manos.
Y mientras en Sol nos dan sopas con ondas, lecciones como catedrales, hostias como panes, –llámese cómo se quiera–. Vean esta maravilla que ha hecho Sergio Peris-Mencheta. Desde que la encontré la mando y la remando. "Si no te la he mandado es que no te quiero", añado al envío. La pongo aquí porque ¿nos quiero? Desde luego nos deseo lo mejor a tod@s.
En los soles que se han organizado por toda España hay votantes de todo el espectro y más. Hay comunistas, anarquistas, socialistas, cristianos, antisistema y sindicalizados, diferentes niveles socioeconómicos y todos los tonos de rojo conviviendo en armonía, organizando algo mucho más grande que todos ellos por separado. Jóvenes juntos enseñándonos cómo ser mejores de lo que somos y cómo se hace Política con mayúsculas.
¡Qué baño nos están dando! Estas elecciones las han convocado ell@s. Ell@s han conseguido que el Gobierno pegue un volantazo en política de vivienda con dos decretos que contienen todo lo que el PSOE no ha peleado en serio en más de siete años. Es más que un parche, es un torniquete efectivo en una hemorragia que podría salvar la pierna y al cuerpo entero. Es POLÍTICA de la que cambia vidas. Es o era una nueva oportunidad para frenar lo peor y para arrastrar al PSOE más a este lado, para empoderarnos, para cargarnos de razón y de votos.
Una vez más la calle nos gana. La gente nos salva. La izquierda no tiene dueño y ojalá en cualquier caso vote. Ojalá el momento histórico esté por encima de todo, incluidos nosotros. Ojalá pensemos más en lo que está en juego. Ojalá nos abracemos aunque nos inviten a pelearnos votemos lo que votemos. Ojalá los acuerdos logrados –Canarias, Valencia, el Senado– no se vean salpicados por los fracasados. Ojalá la incongruencia, de unos sí y otros no, no nos arrastre a tod@s.
Y resoplo y resoplo. Y me doy cuenta de cómo mis ojalás son una plegaria atea al viento que me va tranquilizando. Una seguidilla de mantras. Una retahíla de un rosario laico. Una botella con mensaje lanzada con todas mis fuerzas a un mar tormentoso.
Nos obligan a elegir entre nosotros.
¡Ay qué dolor qué pena! Resoplo.
Y por fin mi rabia se va desinflando dando paso a lo que había debajo. Detrás de mi cabreo había pena. Ya no resoplo: suspiro y me cae una lágrima. Y, como siempre que lloro bien, el llanto lava el dolor. Se lleva lo peor y pienso mejor. La Historia nos recuerda que todos estos también pasarán. Igual que pasaremos nosotros. No es la primera vez que nos enfrentan. No es la primera vez que somos "un pueblo traicionado", como nos llamó Paul Preston hace años. Seguiremos esperando que vengan quienes de verdad nos representen mientras cada día intentamos representarnos solos.
Antonio Gramsci escribió que su pragmatismo consistía en saber que si golpeas tu cabeza contra la pared es tu cabeza la que se romperá y no la pared. Me atrevo a añadir que esta vez nos romperemos la cabeza unos contra otros mientras la pared se muere de risa.
Y perdón por esta columna llorica. Tal vez no debería haberla escrito porque solo estaba rabiando y llorando.
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