Opinión
La izquierda mediática

Por Anibal Malvar
Periodista
Pasan cosas en la izquierda mediática. Yo creo que más cosas que en la izquierda política.
El productor y periodista José Miguel Contreras anticipa el nacimiento de una televisión para este otoño. Su proyecto se anuncia zurdo y combativo: “Esta nueva cadena pasará a la historia por la enorme cantidad de gente que se ha esforzado en impedir su aparición”, escribió hace unos días en X.
A Contreras no hay que tomárselo a coña. Fue asesor de Felipe González en las elecciones de 1993 (las últimas a las que sobrevivió el sevillano) y el gran cerebro (junto a Miguel Barroso y Juan Campmany) del PSOE de Nueva Vía que llevó a José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa. Entre los tres inventaron el exitoso acrónimo ZP (jugando con su apellido y Zapatero Presidente) y, en 2006, parieron La Sexta.
Han pasado veinte años y sospecho que Contreras (ya sin Barroso y sin Campmany) quiere repetir aquella Sexta en este ocaso, demoscópicamente anunciado, de Pedro Sánchez y del PSOE. Quizá llega tarde.
Hasta que fue absorbida por el Grupo Planeta en 2012, La Sexta era el referente televisivo de la izquierda española. Después fue pudriéndose hasta el paroxismo antiperiodístico del tándem Ferreras/Villarejo con su ya mítica frase del “es muy burdo, pero voy con ello”. O, “dicho de otra manera, Antonio, esto es una mafia”, que tampoco es mala frase en boca del presidente de La Razón y adjunto a la presidencia de Atresmedia (A3 y La Sexta), Mauricio Casals.
El universo de las teles convencionales ha cambiado tanto en tan pocos años que no sabe uno qué podrá aportar el nuevo proyecto de Contreras.
Con su televisión militante y panhispánica, Pablo Iglesias tampoco lo está petando: los 450.000 suscriptores de Canal Red son más una caja de resistencia que una fuerza mediática de influencia real. Aunque no tan nimia si comparamos sus cifras con las de un gigante mediático como El País: tres millones. Habría que saber qué porcentajes de uno y otro son más foráneos que españoles: Pablo Iglesias está volcando mucho su proyecto en América. Yo creo que el impacto de El País en España es mucho mayor, sobre el de Red, de lo que se podría colegir por los guarismos. Pero hoy estas impresiones resultan casi imposibles de verificar.
El de Contreras será, por tanto, el segundo movimiento importante en muchos años de la izquierda televisiva española tras la aparición de la cadena de Pablo Iglesias, que aun sigue luchando por emitir en TDT, según tengo entendido.
O sea, mientras todo el espectro catódico se fascistizaba, se anarrosizaba, se acomodaba a las burdelías de Ferreras/Villarejo/Casals y a los delirios psicofónicos de Iker Phantom Jiménez, a ningún empresario se le ocurría montar una tele o una radio de izquierdas. ¿Será que ya no quedan en España y en el mundo empresarios de izquierdas? Porque público no les va a faltar. Aunque, quizá, sí anunciantes. Pero esa es otra historia aun más peliaguda.
En paralelo, La Ser y El País insinúan con poco pudor un giro a la derecha. No es que el grupo Prisa fuera nunca demasiado revolucionario. Pero solía trabajar bastante bien la equidistancia.
Se comenta mucho en redes la frase de despedida de Àngels Barceló de La Ser, cuando dijo que ella era “la página izquierda del libro y ahora toca leer la derecha”, o algo muy parecido. El adiós no voluntario de Javier Aroca, uno de los pocos analistas que no ponían a parir a Podemos constantemente, fue también muy comentado en redes sociales.
Sospechan las gentes que el grupo Prisa bascula definitivamente hacia el antisanchismo y se hermana con la derecha voxística y radical (que es la única que existe hoy). Quisiera recordar que el presidente de Prisa, Joseph Oughourlian, ya pronunció en 2022 está frase en el Nueva Economía Forum: “Quisimos ser de derechas, pero tuvimos que volver hacia la izquierda porque no obtuvimos los resultados esperados”. Supongo que ya queda dicho todo.
Aunque se puede decir más: Vincent Bolloré, confeso defensor del fascismo ultra de Le Pen y Éric Zemmour, controla un 10% aproximado de las acciones de Prisa a través de Vivendi. Tanto Oughourlian como Bolloré han decidido quitarse las máscaras. Va a ser siniestramente divertido.
La izquierda mediática, como la verdadera izquierda política, se va convirtiendo en algo marginal, arrabalero, extravagante y pintoresco. Supongo que nos lo merecemos. No sé por qué, pero seguro que nos lo merecemos.
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