Opinión
Jark: la Alcatraz iraní

Por Nazanin Armanian
Analista política y traductora persa y dari
"Hasta las moscas se fugan de Jark", escribió Karim Keshavarz, uno de los sesenta líderes del Partido Comunista (Tudeh) encerrados en el cuartel militar de la isla convertida en el principal lugar del destierro de los presos políticos tras la operación Ajax, santo y seña del golpe de Estado de la CIA en 1953 contra el gobierno del Doctor Mossadeq, quien nacionalizó la industria petrolera de Irán. Hoy aquella industria está siendo saqueada por la caquistocracia oligárquica islamista, y en parte privatizada por el régimen más criminal, antisocialista y mafioso de la historia de Irán, instalado en Teherán por el G4 en 1978, como resultado de la Santa Alianza entre la Administración Carter y el hombre de Alá, el Ayatolá Jomeini.
Keshavarz, en su libro 14 meses en Jark, calificaba el clima de la isla como “el peor del Golfo Pérsico", con un calor intenso y sofocante y una humedad insoportable, que de noche generaban la sensación de "dormir en el agua", escribió.
Jark, que es la palabra que denomina los dátiles inmaduros (casi redondos y amarillos, de azúcares bajos y mucha fibra; un producto que tiene un gran mercado), fue elegida por la dictadura del Sha como una prisión aislada, rodeada de agua que si por un lado imposibilitaba la comunicación de los presos con sus camaradas en el Irán continental, por otro por su mal clima, sirve como una tortura adicional contra aquellos hombres que dieron su vida por un Irán libre, democrático y próspero.
Con la decisión de Pahlaví de convertirla en una terminal petrolera en 1956, los cautivos fueron trasladados a otras prisiones, y la isla se llenó de trabajadores emigrantes, gacelas y un intenso aroma de fuel.
¿Es posible la ocupación de Jark?
Si eso ocurriera, sería el segundo golpe a la soberanía de Irán sobre las aguas del Golfo Pérsico: el primero, que ha pasado desapercibido, fue cuando durante la agresión militar de EEUU y sus aliados a Irak en 1991, el milenario nombre “persa” fue eliminado por los medios occidentales, a golpe de petrodólares saudíes y por la indiferencia del régimen islámico anti-iraní, convirtiéndolo en la única extensión acuática del mundo en su categoría sin nombre.
Jark, ubicada a unos 32 kilómetros de las vastas costas iraníes, cuenta con unos 20.000 habitantes, la mayoría trabajadores petroleros. Este lugar desde donde Irán exporta cerca del 90% de su petróleo, fue bombardeado el 14 de marzo por EEUU, quien destruyó, asegura, un centenar de objetivos militares.
Una invasión terrestre a Irán continental tendría sentido si las tropas de EEUU quisieran llegar a la capital, Teherán. El ejército de Alejandro (nada “Magno” para los iraníes masacrados), pudo alcanzar Persépolis en el 330 e incendiarlo, entrando a caballo y después de trece años de una guerra que arrasó los dominios del impero persa en los territorios de los actuales Egipto, Turquía, Líbano, Israel, Líbano, Siria, entre otros.
Los árabes-musulmanes llegados a camello desde la Península Arábiga al extenso territorio del imperio sasánidas (que incluía Mesopotamia y Asia central) en el siglo VII, tardaron unos treinta años en conquistar el país y aplacar la resistencia, dejando montañas de cadáveres a su paso – según cuentan los historiadores-, como pedagogía del terror.
Los últimos fueron los mogoles de Gengis Kan, bárbaros en mayúsculas, al invadir este país con miles de caballos en el siglo XIII. Tardaron tres años en convertir el Irán Grande (que incluía Asia Central), en Tierra Quemada, literalmente.
Ahora, los yanquis instalados en el Golfo Pérsico, tienen varias opciones para poner sus botas sobre el suelo de Teherán:
1. Comprar el billete de tren desde el puerto de Bandar Abbas, recorre unos 1.330 kilómetros en un tren que les dejaría (¡o no!) en el centro político de Irán en unas 20 horas.
2. Lanzar en paracaídas a unos 30.000 agentes especiales, desde cientos de helicópteros, desplegados desde cuatro puntos a elegir: Baréin, Irak, Turquía o Afganistán. Pero, que no se les olvide: la última vez que las aeronaves estadounidenses intentaron llegar a Teherán fue el 24 de abril de 1980, transportando a los Rambos de la famosos Delta Force que iban a ejecutar la Operación Garra de Águila. Habían volado desde Omán, para aterrizar en la embajada de EEUU y llevarse unos cincuenta rehenes tomados por el régimen de Jomeini. La realidad de lo ocurrido no ha sido contada en la película Argo: de los ocho helicópteros tres fueron maldecidos por Dios y no despegaron, uno quedó atrapado en la tormenta de arena del desierto de Tabas y el quinto explotó, matando a ocho agentes. La operación fue suspendida y tras destruir los helicópteros, los Rambos se escaparon sin que los ayatolás se dieran cuenta de esta aventura hasta días después. Algunos rumores apuntaban a una operación soviética para desacreditar a un presidente Carter que armó a los yihadistas sunnitas y chiítas en Afganistán e Irán para contener a la URSS, y otros en el choque de la realidad con la inteligencia de unos hombres infantilizados que viven en un mundo de videojuegos.
¿Perderá Irán sus islas?
Las dos últimas veces que Irán perdió territorio, por la incompetencia de sus gobernantes, fue
1) en el siglo XIX cuando el régimen zarista de Rusia le arrancó a Irán su región del Caucáso sur (los actuales Georgia, Daguestán, Azerbaiyan y Armenia), y
2) en 1970 el Reino Unido le obligó al Sha a ceder la estratégica isla de Bárein para declararla “independiente”; antes, en el siglo XIX los británicos se habían quedado con Herat y buena parte de Afganistán, territorio iraní. Hoy Baréin (que significa “entre dos aguas”) es la sede de la Quinta Flota de EEUU, que con sus 6.000 soldados, controla el transporte del petróleo que sale del Estrecho de Ormuz.
Las fronteras están cambiando constantemente. Lo único que importa en estas batallas entre los hombres desalmados y sin escrúpulos son las vida de millones de personas que se han convertido en su escudo, en su carne de cañón.
En la mitología persa, Irán es como el ave fénix, renacerá de sus cenizas: lo ha hecho siempre, una y otra vez, desde hace miles de años.

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