Opinión
Los jóvenes de derechas no son rebeldes

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Murió ese pilar cultural español llamada Robe Iniesta y los medios de comunicación se plagaron de mensajes de condolencia de políticos – estos no habían escuchado hasta su fallecimiento al científico de Plasencia –, elegías de periodistas literarios que llevaban con el obituario en el congelador varios años y ciertos personajes mediáticos, estos sí me han molestado, que han venido a levantar un debate no solicitado sobre la supuesta identidad derechista del autor de Estado policial: quien probó las mieles del circo no quiere oír hablar del pan nunca más.
De entre los últimos leí con especial atención y gracia la columna en El Mundo de Jorge Bustos, el tribunero de cabecera de Mariano Rajoy – otro genio de la literatura española deportiva –, que me sorprendió no tanto por los argumentos que esgrimía para defender la presunta derechización del extremeño – no cuela que trate de asociar el saber estar en público con la derecha – como si por una frase tan toqueteada que parece un manillar sudado del Bicimad: “el rock comparte más valores con la derecha que con la izquierda. Y más ahora que la rebeldía ha cambiado de bando”.
Lo de que la rebeldía ha cambiado de bando se lleva diciendo en redes, medios y espacios tanto de izquierdas como de derechas más o menos dos años; desde que se empezaran a publicar las primeras encuestas que avisaban del enamoramiento de cierta juventud – que no la juventud entera: solo los hombres heterosexuales – con la derecha y ultraderecha verdes, los analistas bienintencionados y opinadores alevosos han atribuido este fenómeno a un conatito de libertad revolucionaria, sin embargo, los primeros se equivocan y los segundos mienten: la pulsión derechista en la juventud es conservadora, no rebelde.
No voy a haceros luz de gas negando un problema evidente porque cualquier aficionado a la demoscopia y a charlar con hombres jóvenes sin estrujarlos con condescendencia sabe que hay un sector – repito: chavales heterosexuales – que ha abrazado el tradicionalismo y las tesis de derechas, pero estos chicos no responden con esa idea adulta y narcisista de querer disparar indiscriminadamente contra lo establecido por aburrimiento, sino más bien contra la pérdida de certezas en un mundo líquido; esta respuesta derechista viene porque quieren anclajes sólidos, no volar el planeta por los aires.
Ni la rebeldía es de derechas ni estos chicos de derechas son rebeldes, valga la casi reduplicación; todos esos chavales jóvenes que se convencen de votar a Vox no lo hacen poseídos por un extraño espíritu pseudopunk, sino porque creen que desde el derechismo se pueden recuperar algunas certezas – vivienda, trabajo que dé para vivir, pensión garantizada – que el neoliberalismo farlopero se ha encargado de limar hasta convertirlo todo en un desierto donde solo se sueña con ser calavera; son conservadores, no rebeldes, y tienen motivos para serlo, aunque sin duda se equivoquen al señalar a sus enemigos. (Por tercera vez, hago hincapié en que la ola derechista en la juventud afecta casi en exclusiva a los hombres heterosexuales: parece que cuando se generaliza sobre el fenómeno se olvida el detallito minúsculo, prácticamente irrisorio, de que las mujeres son más del cincuenta por ciento de la población.)
De hecho, a los fans de estas oscuritas fobias les recomiendo que aprovechen cuanto puedan esto de la supuesta rebeldía joven derechista. No somos gilipollas, lo digo yo como centenial, y los que aún disparan convencidos contra migrantes y mujeres creyendo que son los culpables de que no puedan vivir en una casa ni con dos trabajos simultáneos tardarán más bien poco en levantar la vista y entender que sus problemas los causan esos señores que esconden sus peinados gominosos en torres de cristal y acero, no los que arrastran los pies como pueden sobre el hormigón.
Si es verdad que el mundo líquido se está coagulando, su querido individualismo no tardará mucho en morir.
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