AUDIENCIA PÚBLICA
Julio Iglesias en la casita del terror

Por María Eugenia Rodríguez Palop
Profesora de Filosofía del derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Eurodiputada (2019-2024)
-Actualizado a
Julio Iglesias niega los hechos. Nunca ha abusado, coaccionado ni faltado al respeto a ninguna mujer y se siente víctima de la "maldad". Su esposa Miranda le expresa apoyo público: "A tu lado, siempre". Iglesias ha contratado a José Antonio Choclán, penalista de élite, con experiencia en macrocausas y personajes famosos. Se prepara para una instrucción larga y potencialmente mediática.
Sus denunciantes describen un patrón sistemático de violencia sexual, coacción y trata, y la Fiscalía ha decidido activar su protección y estudiar un caso que puede tener una importante dimensión internacional. Se les tomará testimonio y se las escuchará. Denunciar merece la pena.
La OIT deja claro que "las trabajadoras domésticas constituyen uno de los grupos más vulnerables a la explotación, la violencia y el acoso". La privacidad del hogar, los altos niveles de informalidad y la precariedad son elementos de riesgo, y aquellas que trabajan en régimen interno y viven con sus empleadores son "especialmente vulnerables". Se aprovecha la situación económica y social de ciertas mujeres para imponer condiciones de trabajo que son ilegales. Estos casos suelen ser un cocktail de machismo, racismo y clasismo, dado que buena parte de ellas son racializadas y/o migrantes.
La esclavitud se abolió legalmente hace apenas siglo y medio, pero no ha desaparecido. Según la OIT, hay 50 millones de personas que viven sometidas a formas diferentes de esclavitud moderna. En 2015, Naciones Unidas se comprometió a erradicar el trabajo forzoso y se puso como límite el año 2030. Es evidente que no vamos por buen camino, tampoco en España.
En nuestro país, según la Fiscalía, el 73% de las investigaciones referidas a trata de personas encajaban en 2024 en la categoría de explotación sexual y el 22% en explotación laboral.
España ha ratificado todos los instrumentos legales internacionales sobre esta materia: la Convención sobre la Esclavitud de 1926; la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud de 1956; el Pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales de 1996; el Convenio 29 de la OIT sobre trabajo forzoso y su Protocolo de 2014. También disponemos de un Plan de Acción Nacional contra el Trabajo Forzoso.
Sin embargo, en nuestro Código Penal no se ha tipificado la esclavitud, el trabajo forzoso y las prácticas análogas a la esclavitud, de manera que, en sentido estricto, no se puede ser víctima de este delito, tal como exige el derecho internacional.
El artículo 4 del Convenio Europeo de Derechos Humanos establece que: "Nadie podrá ser sometido a esclavitud o servidumbre. Nadie podrá ser constreñido a realizar un trabajo forzado u obligatorio". Y la Relatora Especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud ya destacó la importancia de tipificar como delito todas las formas de esclavitud en la legislación nacional, coincidiendo en este punto con el Grupo de trabajo sobre la trata de personas de Naciones Unidas, el Consejo de Europa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la OIT y otros organismos internacionales. En el espacio internacional se ha señalado, además, que los Estados han de juzgar los delitos que acompañan a la servidumbre doméstica, como el confinamiento forzado o cualquier forma de agresión.
Por eso es tan importante el Convenio 190 de la OIT sobre violencia y acoso en el trabajo, también ratificado por España. Porque cuando hablamos de mujeres, a la explotación laboral hay que añadir la explotación sexual. El Convenio es ambicioso. Protege a quienes trabajan, a quienes buscan trabajo o han sido despedidas; amplía el acoso a todas las relaciones, a los lugares donde se descansa o se come, instalaciones sanitarias o de aseo y vestuarios, a los viajes de trabajo, eventos o actividades sociales, a las comunicaciones relacionadas con el trabajo, incluidas las digitales. No distingue entre ámbito público y privado, economía formal e informal, zonas rurales o urbanas. Y garantiza que la inspección de trabajo mire donde nadie mira, también en las casas.
Las dos extrabajadoras de Julio Iglesias hablan de penetraciones sin consentimiento, bofetadas, vejaciones y humillaciones laborales continuadas en las casas del cantante. Su aislamiento, su estatus migratorio y el miedo hicieron lo demás. La asimetría era y sigue siendo gigantesca. No hay duda de que, si se confirma, esta dinámica encajaría en un tipo penal de trata de seres humanos con fines de trabajo forzado y servidumbre. Se desdibuja totalmente la frontera entre la relación laboral y el dominio coercitivo, y están todos los elementos que ese tipo penal exige: captación, traslado, alojamiento, explotación… utilizando el engaño, las amenazas, la coacción y la violencia.
Lamentablemente, en España no tenemos todavía una ley integral de trata, aunque el Anteproyecto de Ley Orgánica integral contra la trata y la explotación de seres humanos se aprobó en el Consejo de Ministros hace casi dos años. En principio, en esa norma no se va a trasponer ni la Directiva de Violencia contra las mujeres ni la nueva Directiva de Trata, a pesar de ser una trasposición preceptiva.
Aún no sabemos si la Audiencia Nacional aceptará este caso o lo remitirá a otro juzgado, ni en qué sentido prosperará, ni podemos prejuzgar, pero sí podríamos aprovechar para detectar y valorar las señales. No fueron pocos los que advirtieron sobre las incongruencias abismales que existían entre la vida pública y privada, la persona y el personaje, de Julio Iglesias. Las esquizofrénicas aventuras del truhan y el señor. En Secretos confesables (Península, 2014) su manager explicaba que en "términos de marketing" les "venía bien engrandecer la leyenda de Julio Iglesias como latin lover devorador de señoras", y parece que la leyenda se les acabó yendo de las manos. El donjuanismo del artista se podría desvelar ahora como una vulgar adicción al sexo, y su poder de seducción, como una obsesión enfermiza por controlar y someter a las mujeres, sus trofeos privados de caza. De momento, y a la espera de los acontecimientos, Ignacio Peyró ha decidido sacar una versión revisada y actualizada de El español que enamoró al mundo (Libros del Asteroide, 2025). Está claro que el amante del amor atraviesa sus horas más bajas, aunque acaso eso no sea lo más importante.
Lo que verdaderamente importa sigue siendo luchar por un mundo en el que no existan proxenetas, explotadores ni esclavistas, y en el que no haya ninguna mujer muriendo lentamente en su particular "casita del terror".
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.