Opinión
Madrid era una fiesta

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Después del Cristo más grande del mundo, el mejor Cañón del Colorado, los torreznos más sabrosos y el bocata de calamares por antonomasia, Madrid sigue adelante su incesante expansión cultural mediante la celebración de una Feria de Abril en el distrito de Villaverde, localidad muy ligada al rebujito, las sevillanas, los caballos jerezanos, el pescaíto frito, los vestidos de faralaes y los sombreros cordobeses. Se conoce que, entre chulapas, castizos y organillos, el folklore autóctono se le quedaba pequeño, de modo que Ayuso ha decidido ampliar los límites estéticos de la capital hasta las orillas del Guadalquivir, ya que el Manzanares no conoce fronteras.
Hablando del Manzanares, un par de años atrás, por estas mismas fechas, se celebró allí mismo una mascletá que costó 46.000 euros y que no tenía nada que envidiar ni a las de Valencia ni a las de la guerra de Vietnam. Fue tan divertida que acudieron cerca de mil personas a verla y hasta murieron patos y todo. Lo de traerse una fotocopia de la Feria de Abril en Sevilla a Madrid puede ser un éxito parecido, sobre todo si unos cuantos caballos caen reventados al suelo, por mantener la tradición. Basta imaginar cómo debió de ser la tormenta cerebral entre Ayuso y sus asesores al dar a luz este brillante concepto de traslación cultural:
-Ya lo tengo. Vamos a celebrar la Feria de Abril en Sevilla en Madrid.
-Eso es genial, presidenta. Genial de toda genialidad. ¿Y cómo lo llamamos?
-Madrilucía. ¿A qué suena bien? Se me ha ocurrido a mí sola.
-La hostia en bote, presidenta. Mola más incluso que Madring.
-Juntar Madrid y Andalucía en un solo término. Ni en mil años se me ocurriría. Ni a mí ni a Miguel Ángel Rodríguez, con perdón. ¿Y para cuándo sería la fiesta?
-Ya que es la Feria de Abril, la celebramos en mayo. De mayo a junio.
-Vamos a petarlo. Así de paso le hacemos la competencia a esos listillos de la Feria del Libro.
Desde el equipo de comunicación de Madrilucía dicen que no quieren reproducir tópicos, aunque resulta complicado elegir un tópico más gordo que la Feria de Abril. Más de un talibán está protestando por lo que considera un robo manifiesto de los madrileños a los sevillanos, cuando la Feria de Abril, en realidad, fue una cosa que inventaron entre un vasco y un catalán. Puesto que Madrid reúne lo mejor de España y recibe con los brazos abiertos a toda clase de gente (salvo las excepciones étnicas y religiosas de rigor) lo lógico sería centralizar la Tomatina, los Moros y Cristianos, las Hogueras de San Juan, bajar el Descenso del Sella por el Manzanares y correr los Sanfermines por la Gran Vía. Con las Fallas habrá que tener mucho cuidado, no vayan a hacer un ninot de Almeida y acaben quemando el original.
Si ya hemos celebrado partidos de la NFL en el Bernabeu, lo siguiente será importar la Copa América de Vela al lago del Retiro y la ascensión del Everest a Peñalara. Si la montaña no va a Mahoma, total, que venga a Madrid. Tal y como andan las cosas en Trumpilandia, espera que no nos envíen aquí la próxima edición de la Superbowl con Bad Bunny sin billete de vuelta y con subtítulos en castellano. Para redondear la catetada, Bertín Osborne ha anunciado que ya es socio de una caseta en Madrilucía, con lo que sólo falta que desentierren la momia de Hemingway, la sienten en una barrera en la Feria de San Isidro y le obliguen a reescribir París era una fiesta a ritmo de chotis. Una comparsa del Carnaval de Cádiz se ha burlado de este magno proyecto, sin caer en la cuenta de que, como le toquen mucho las narices, el año que viene Ayuso se trae el Carnaval de Cádiz a Madrid y además, para terminar de arreglarlo, lo monta en Navidad.
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