Opinión
Maduro

Por Anibal Malvar
Periodista
Escribo esto aún sin creerme que Donald Trump haya secuestrado a Nicolás Maduro. Es un bulo. O no. Quizás el fascismo es un bulo hecho realidad. Un delirio de William Blake bajado a la calle. Un Saturno de Goya con gorra de béisbol.
Hace una década, el progresista Nobel de la Paz (sic a todo) Barak Obama, declaró que Venezuela era un peligro planetario, el núcleo atómico del Armagedón, el hogar de todos los trasnos, íncubos, súcubos y demonios del universo. Fue aquel ángel negro y demócrata quien impuso más de un millar de sanciones para ahogar la economía venezolana. Sin aportar una sola prueba que sustentara estas medidas.
Sitiar una ciudad inexpugnable para matarla de hambre, al no poder someterla por las armas, es costumbre bélica muy antigua. La practica EEUU con sus bloqueos: matar de hambre a miles de niños con la excusa de liberarlos. Se ahorra mucho en pediatría.
Lo que pasa es que ya no funciona. El mundo ha cambiado. A pesar de las sanciones, la economía venezolana ha crecido por encima del 6% de su PIB. España, con menos del 3%, presume de ser el motor económico de Europa. Dato mata a pazguato.
Voy a escribir bastante de memoria, porque todo se ha acelerado tanto que es difícil documentar ciertos matices.
1.- A los que dicen que la república bolivariana de Venezuela no es una democracia, habría que recordarles que en cada convocatoria electoral se invita a agentes internacionales independientes o dependientes para verificar la limpieza de los comicios. Pocos se apuntan. José Luis Rodríguez Zapatero sí lo hizo en numerosas ocasiones. En las últimas integró el denominado Grupo de Puebla, que reúne a más de cincuenta progresistas mainstream, entre ellos diez expresidentes de gobierno. También varias universidades y periódicos de EEUU crearon grupos de observadores no oficiales. Pero casi nadie quiere ir a verificar las elecciones en Venezuela, a pesar de ser invitados. ¿Por qué?
2.- Tampoco me explico por qué tiene que ir nadie a verificar la limpieza democrática de un país. Sería hermosa práctica si fuera recíproca. Si, por ejemplo, las autoridades venezolanas tuvieran derecho a comprobar las urnas en EEUU. El propio Donald Trump puso en duda la limpieza del sistema estadounidense cuando denunció pucherazo tras ser derrotado por Joe Biden. Los votos californianos que dieron la victoria a Bush sobre Al Gore olieron siempre a podrido, y la propia administración estadounidense los investigó hasta que cayeron en el desván del apolillamiento. EEUU necesita más supervisión extranjera que Venezuela para demostrarnos que es una democracia. No se entiende una democracia con solo dos partidos y en la que siempre gobiernan los millonarios.
3.- El secuestro de Nicolás Maduro es solo un salto cualitativo, no cuantitativo. El régimen estadounidense ya asesinó a Salvador Allende, a Gadafi, a Sadam, a Osama bin Laden y a muchos otros sin juicio ni hostias. A Bin Laden ni siquiera nos lo mostraron muerto. Declaró Barak Obama que lo lanzaron al mar, como si fuera lo más normal del mundo. Para que nadie acudiera a su sepulcro a venerar su memoria. Yo en el colegio inventaba excusas más elaboradas cuando no enseñaba los deberes. Matar sin juicio ya está fatal. Tirar después el cadáver al mar, ya roza el sadismo. Pero afirmar que has hecho todo esto por el bien de la democracia, es casi más guarro que comer la sopa con los dedos.
Yo no sé que nos deparará este nuevo episodio del show Trump. Quizá observemos con cierta naturalidad la ejecución de Nicolás Maduro emitida en directo por la Fox, con comentarios entusiastas de José María Aznar en su texanglish. Y, dentro de un año, asistiremos complacidos en Estocolmo a la entrega del premio Nobel de la Paz para sir Donald Trump (previamente concedido el británico título por el rey Carlos). Aunque manipulador, como cualquier periodista, no soy tan hipócrita como para desearos un feliz año nuevo. No lo será.
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