Opinión
"Make Japan Great Again"

Por Miguel Urbán
El octubre pasado, Sanae Takaichi se convertía en la primera mujer en liderar un gobierno en Japón. Solo tres meses después, con la popularidad por las nubes, decidía convocar elecciones con la promesa de abandonar el cargo de inmediato si no lograba una mayoría. El objetivo era claro: obtener un mandato público para impulsar sus políticas económicas y de seguridad para volver a hacer de Japón "un archipiélago rico y fuerte", un lema con claros ecos trumpistas.
De hecho, Takaichi, ferviente admiradora de Margaret Thatcher, ha sido apoyada directamente por Donald Trump durante la campaña y, explícitamente, en redes durante la jornada de reflexión. "Merece un gran reconocimiento por su trabajo... ¡No defraudará al pueblo de Japón!", escribió en mayúsculas, antes de anunciar que la recibirá en la Casa Blanca el 19 de marzo, dando por sentado que revalidará el cargo. Un flechazo político que se escenificó en octubre, cuando el republicano visitó Tokio. "Es una nueva edad de oro en la alianza entre Estados Unidos y Japón", proclamó Takaichi. Una visita encuadrada en el contexto del nuevo acuerdo arancelario que supuestamente conllevaría inversiones japonesas en EEUU por un valor de 500.000 millones de dólares.
En este sentido, Trump, por su parte, no ha ocultado su entusiasmo por contar en Japón —pieza clave en el tablero del Indo-Pacífico— con una dirigente ideológicamente cercana, partidaria de reforzar el gasto en defensa y de endurecer el discurso sobre inmigración y seguridad. De este modo, la irrupción de Trump en campaña nipona se suma a la tendencia que ha mostrado el republicano de apoyar a candidatos ideológicamente cercanos a la Casa Blanca como una estrategia de injerencia a favor de aliados sistémicos en un marco de reconfiguración geopolítica.
Al igual que el resto de figuras de la ola reaccionaria global en la que se enmarcaría el trumpismo, la personalidad atípica de Takaichi —más cercana y expresiva que el tradicional establishment político nipón—, unida a su condición de mujer (por primera vez en la historia de Japón), le ha reportado simpatías más allá de su radio de influencia, convirtiendo su figura carismática en el principal activo electoral de su partido y en el aval de su política autoritaria y militarista.
De esta forma, los comicios se han convertido en una especie de plebiscito sobre la primera ministra y su propuesta trumpista. Y parece que el electorado ha conectado con las llamadas de Takaichi a recuperar la "fuerza" y la "riqueza" de Japón en una campaña brevísima, la más corta del periodo constitucional. Y, a pesar de ser muy criticada por la oposición por su urgencia, la arriesgada apuesta de adelanto electoral en pleno invierno no le podría haber salido mejor a la primera ministra ultraconservadora. Con una victoria aplastante, el Partido Liberal Democrático (PLD) de Takaichi ha logrado 316 escaños de un total de 465 asientos de la Cámara de Representantes.
Así, gracias a la fiebre de popularidad despertada por la primera ministra, su formación ha crecido 118 escaños y se ha convertido en el primer partido en superar la barrera de los dos tercios en el periodo de posguerra en Japón. Esto abre la puerta a que plantee incluso cambios constitucionales en materia de defensa, un asunto extremadamente delicado en un país cuyo pacifismo está consagrado en la ley fundamental. Junto a su actual socio de coalición, el Partido de la Innovación, suma una mayoría demoledora de 354 diputados.
Al efecto Takaichi, representante del ala más dura del conservador PLD, se ha sumado también el auge de Sanseito, una formación de ultraderecha nacida en 2020 a partir de un reclutamiento de "voluntarios" a través de YouTube. Sanseito (literalmente, "Partido para Participar en Política") emergió en plena pandemia de la covid y evolucionó de un alegato negacionista a colocar ahora en el centro del debate político la inmigración, acusando al PLD de aprobar políticas que acarrean una "invasión silenciosa de extranjeros".
En las elecciones parciales a la Cámara Alta del pasado verano, pasó de 2 a 15 diputados gracias a su lema "Japón primero" y a los mensajes antiinmigración. En estas, ha pasado igualmente de dos a 15 escaños. Aunque su líder, Sohei Kamiya, comentaba en la noche electoral del pasado domingo que el resultado era inferior a sus expectativas, achacándolo a la popularidad de Takaichi y a su renovado discurso antiinmigración, con el que ha propuesto endurecer los criterios de residencia.
Así, desde este pasado domingo, Sanae Takaichi no solo cuenta con un sólido mandato popular, sino que también conecta con un soterrado sentimiento de rabia reaccionaria, ante unas finanzas que no levantan cabeza desde hace años, el agotamiento del sistema político y el elevado coste de la vida, que estrangula las cuentas familiares y los planes de vida de los jóvenes; un malestar que, en cierta medida, ha propiciado la emergencia de organizaciones ultraderechistas como Sanseito e incluso el auge de una figura atípica en la política nipona como Takaichi.
Una mayoría absolutísima que permitirá al nuevo gobierno ultraconservador nipón no solo aprobar en segunda lectura y sin retoques las leyes que le devuelva para su revisión la Cámara Alta, donde están en minoría —no se renovaba en estas pasadas elecciones—, sino tener la capacidad de romper varios de los precintos constitucionales que le fueron impuestos tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Emprendiendo el rearme de Japón, creando una industria exportadora de armamento, con el aliento explícito de los Estados Unidos.
Una política destinada a terminar de arruinar su relación con una China en ascenso, que no olvida las atrocidades de la ocupación nipona. Unas malas relaciones que ya se mostraron el septiembre pasado, cuando el gobierno chino obvió felicitar a Takaichi cuando fue investida en sustitución del dimisionario Shigeru Ishiba. Una situación que se agravó dos meses después, en noviembre, cuando Takaichi insinuó en el Parlamento que una invasión china de Taiwán podría llevar a Japón a desplegar fuerzas militares. Desde entonces, Pekín respondió con controles a exportaciones y restricciones al turismo para forzar una rectificación. Los resultados del pasado domingo alejan un escenario de desescalada de las tensiones con China; más bien todo lo contrario, en donde la lógica de "paz armada" de Takaichi puede agudizar la, ya de por sí, tensionada situación.
El discurso de Takaichi, con énfasis en la defensa, la seguridad, el antinmigración y la autosuficiencia, así como con un creciente nacionalismo larvado e inquietante revisionismo de la Segunda Guerra Mundial, conecta con una sociedad en crisis que busca en fórmulas del pasado soluciones para el presente. Supeditando el destino de Japón al de la estrategia trumpista de agudización del conflicto imperialista con China. En donde ese volver a hacer de Japón "un archipiélago rico y fuerte" nos lleva a escenarios internacionales cada vez más volátiles e inquietantes, en los que la posibilidad de una nueva guerra mundial se vuelve cada día más real.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.