Opinión
Marcos de Quinto, pensador

Por David Torres
Escritor
En España no somos muy dados a pensar, eso es un hecho. Más bien somos gente de acción, de matar toros, de jugar al fútbol, de votar a lo loco, pero sin pensarlo mucho porque entonces la cosa se jode. La teoría del "ingenio lego" asegura que a Cervantes el Quijote le salió de pura chiripa, sólo porque iba improvisando sobre la marcha y no sabía bien lo que estaba haciendo. Por lo visto, cuando el hombre se ponía a planear, escribía novelas infumables como el Persiles. Cuando le presentaron al filósofo Ortega y Gasset, el torero Rafael Gómez Ortega, "el Gallo", preguntó en qué consistía eso de la filosofía, y cuando le contestaron que consistía en pensar, el primer Ortega respondió admirado: "Tié que haber gente pa tó". Con Marcos de Quinto sucede tres cuartos de lo mismo, aunque al verlo sería difícil que Rafael Gómez Ortega lo tomara por filósofo, más bien creería que se trataba de otro torero.
En efecto, Marcos de Quinto no para de pensar y de torear ideas geniales, tan geniales que van adelantadas un siglo o dos a su época. Por eso es muy difícil que le hagan caso o que le tomen en serio, salvo que se trate de algún otro pionero del raciocinio más o menos igual de aventajado que él. Por ejemplo, Elon Musk afirmó esta semana que Hitler era socialista y de izquierdas, una teoría que Marcos de Quinto lanzaba por su cuenta hace menos de un año basándose en la nomenclatura del partido nazi, "nacional socialista", del mismo modo que el Sacro Imperio Germánico era sacro o El Corte Inglés, inglés. En su día, la Liga Antidifamación contra el antisemitismo concluyó que el saludo nazi de Elon Musk durante la investidura de Donald Trump en realidad no era un saludo nazi, porque de nazismo hoy día nadie sabe más que Netanyahu y si no que se lo pregunten a los niños muertos en Gaza.
No fue la única vez en que Marcos de Quinto, acuciado por ese cociente intelectual que no le deja dormir por las noches, se propuso involuntariamente como asesor de la Casa Blanca, cuando al plan infalible de Trump para comprar Groenlandia a plazos adosó el aliciente de ofrecer a cada groenlandés un millón de dólares libre de impuestos durante cien años. Lástima que no le hicieran caso, porque los 55.600 millones de dólares correspondientes a la población de Groenlandia en la actualidad bien podían haber salido del bolsillo de Marcos de Quinto, que tiene de sobra para eso y para regalar una botella de Quinta do Vale Meao por persona.
Después de aconsejar que a los presos etarras los encierren en zulos y de llamar chiringuitos a las asociaciones que luchan contra el cambio climático o contra la violencia machista, Marcos de Quinto estaba listo para ir un paso más allá y comparar el sistema democrático parlamentario con una comunidad de vecinos. Según esta original propuesta, los parados no tendrían derecho al voto por la misma razón que no puede votar el vecino que no está al corriente del pago de sus cuotas. Para un cerebro del montón no es sencillo dar el triple salto mortal que va de un parado a un vecino moroso, pero el cacumen de Marcos de Quinto no tiene límites y alumbra correspondencias políticamente incorrectas con la misma facilidad que Rafael Gómez Ortega pases de pecho o Heisenberg ecuaciones diferenciales. A la estatua de El pensador de Rodin habría que esculpirle la cabeza de Marcos de Quinto y ponerle al lado una escobilla y un rollo de papel higiénico. Otro gallo nos cantara.

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