Opinión
Mariano hace cumbre
Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
La llegada de Angela y Mariano parapetados bajo sendos paraguas negros tuvo algo de aquellos viejos musicales en plena guerra fría, salvo por el colorido fúnebre: ambos líderes vestían de luto, Mariano por sí mismo y Angela por no hacerle el feo. La escena recordaba a Los paraguas de Cherburgo, de no ser porque Angela había establecido un cordón sanitario de treinta centímetros: que corriera el aire y aun mejor la lluvia, no fuese la gente a pensar que conocía de algo a ese tipo. Pero la barba de Mariano es uno de esos agentes tóxicos que acaban extendiéndose a toda la foto y lo que parecía, al final, es que la canciller no se había afeitado a fondo por la mañana. En cuanto a los paraguas, Mariano se los había traído puestos de España, desplegados desde su despacho de Génova, en el avión y en la limusina, más que nada por si caían preguntas.
Los paraguas perseguían ayer a Mariano como las nubes de tormenta a ciertos monigotes cenizos de los dibujos animados. Estuvo a punto de coger uno y ponerse a zapatear por la alfombra roja como Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, pero la Merkel se le escurría entre los abrazos, siempre remota y poco retozona, a la distancia de una pedrada. Aun así, Mariano logró su objetivo e hizo cumbre en Berlín, aunque la foto del triunfo brilló algo deslucida porque llevaba a Bárcenas subido a la chepa, por encima de una mochila repleta de sobres. Olvidó que su ex tesorero es un escalador nato, de los que trepan cabeza a cabeza, y Mariano sonreía aturullado bajo su peso, como un sherpa con gafas. “No es cierto, salvo alguna cosa que han publicado los medios de comunicación” dijo, ebrio de victoria. La “cosa” es una montaña de mierda de veintidos millones de kilos y Mariano está justo encima, clavadito a Trotsky con el piolet en la nuca.
Más que cumbre, Mariano hizo un barranco por donde ya se despeñaba el Ibex antes incluso de que cogiera el avión de vuelta. Corría a refugiarse bajo sus paraguas mientras el país se sigue desintegrando al ritmo de cien mil parados al mes y doce titulares diarios. En el campo base, entre otros profesionales de la escalada, lo espera Ana Mato, una niña bien que ha impuesto el copago para equilibrar sus gastos en viajes y bolsos caros de regalo, y donde lo único que hace juego con su gestión en sanidad es su apellido. Ana Mato dijo una vez que su momento preferido del día es ver cómo visten a sus hijos, no iba a ser contemplar cómo un enfermo de cáncer rebusca la penúltima calderilla, a ver si le alcanza para pagarse la ambulancia que lo lleve a radioterapia.
La cumbre de Mariano es un trabajo de equipo, pero lo fundamental del equipo son los paraguas. Para cumbres, Bárcenas.
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