Opinión
Maricarmen es Mohamed

Por Víctor Sampedro
Catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la URJC
-Actualizado a
Ocurrió de nuevo y sin aviso previo. Mejor dicho, contra todo pronóstico. Y cuando menos se esperaba. La luz se hizo en medio de las tinieblas. La violencia contra el moro se cebaba en periodistas y ONGs. Se las atacaba por dar testimonio de lo que ocurría y ayudar al más necesitado. Cometían un delito de alta traición: colaborar con los invasores.
La crueldad se institucionaba con desalojos en los asentamientos, palizas y acosos (para)policiales y (para)militares… Un eructo racista recorría toda España con acento legionario. El miedo, más que comprensible, imposible no sentirlo, había mutado en barbarie. Sigue siendo ejecutada y retransmitida desde Ceuta. Asfixia con gas pimienta la sede parlamentaria. Y los payasos patrios actúan sin complejos en una de las pistas cutres del circo de Trump.
Entonces, cuando los novios de la muerte atronaban, volvimos la cara a Sol. La multitud democrática, enamorada de vivir, nos pilló, otra vez, con la camisa vieja y sin planchar. La ciudadanía joven se erigió en portavoz de un discurso público irredento. Desmintió a la opinión pública de las urnas y las encuestas. Y desnudó a los emperadores de la opinión publicada. Habrá que destaparles las vergüenzas con argumentos y razones, afectos y emociones.
Negaron y banalizaron, ridiculizaron y criminalizaron a la chavalada que, de nuevo, acampa en el km 0 de una España que no es MAD. Ahora pretenden decirnos quiénes son y lo que quieren. Lo que se puede y debe lograr y lo que mejor no. Los más peligrosos les llaman “perroflautas” o “quincemayistas”, según la trinchera desde la que disparan.
Van de augures pero están anclados en el pasado. Nos remiten al contexto y a los procesos desencadenados hace quince años. Y, claro, así sacan un balance desastroso de lo ocurrido desde entonces. Al leerlo solo en términos de partidos/sectas políticas, todo concluye en el ascenso de la (ultra)derecha. Unos, ufanos, auguran que se anticipa el triunfo electoral que les permitirá aplicar soluciones “finales”, definitivas a este sindiós. Los otros anunciarán el apocalipsis trumpista en el que han colaborado haciendo de figurantes sin papel. Ni siquiera de secundarios.
Los analistas más lisérgicos seguirán acampados en teles y redes que dicen que “todo es mentira”. Identificarán okupas filoetarras, menas que trafican y charos feminazi-sanchistas. Vomitarán bulos sobre el desorden público y la peligrosidad social que representan. Los adictos al consumo, que se dicen apolíticos, señalarán la imposibilidad de comprar en Preciados con un mínimo de tranquilidad y alegría. Y exigirán el desalojo, si cabe, la deportación de los campistas. En el otro extremo, los colgados de la píldora roja, fliparán con un octubre revolucionario que dé paso a la Comuna de Madrid y a la III República.
No hablen por los, las y les que duermen en Sol. Escuchémosles. Quieren despertar una conciencia cívica de la que carecemos. Se la venimos negando desde que nacieron con nuestro ejemplo. Señalo apenas cuatro ejemplos de un edadismo injusto e injustificado.
Estos infundios (sin fundamento y desmentidos por los hechos) marcan la pseudoinformación sobre Sol. Desprecian y anulan a las nuevas generaciones. Les niegan capacidad para actuar como los agentes de cambio social que están demostrando ser. Dijimos de ellos que (1) estaban empantallados, idiotizados y narcotizados. (2) Que eran fachas, conservadores y retrógrados. (3) Seres frágiles de una “generación de cristal”, (4) escindidos de nosotros, sus mayores, por una brecha generacional insalvable.
Sol es por ahora una Zona Temporalmente Autónoma. Que lo sea por mucho tiempo. Que saquen de allí sus sucias cámaras y sus teclados roñosos los pseudoperiodistas. Que se vayan los mercenarios propagandistas de quienes desalojan de nuestros barrios a los ancianos, a las familias con menores, a los racializados, a los divergentes y disidentes sexuales. Que callen por un momento su discurso de odio y se dejen querer a un niño, un extranjero y un/a trans. Mejor si es las tres cosas. Muéstrenlo y reivindiquen su humanidad, aunque sean feos y pobres.
Antes de llamar a los activistas empantallados, apaguen su móvil y bajen a la plaza. No veten a los “menores” acceder a Internet después de haberlo convertido en una letrina y considerarles unos cagaos. No hablen de la GenZ, asignándoles la última letra del abecedario, sin contarnos las protestas que se vienen sucediendo en el Sur Global…
Y, usted, que lee esto, antes de llamar facha a un joven, reconózcale que al menos pertenece a la generación que ha llevado al Lorca cuir a la gran pantalla. Pedro Almodóvar debió acudir a Sol del brazo de los Javi. Y así otros muchos y muchas… Ligando la generación de la Transición con la generación de acero que ha resistido a la COVID, los recortes y la precariedad.
Escenifíquese la democracia basada en una alianza intergeneracional y mundialista. Aquí la propuesta. Pero no incurramos de nuevo en una política reducida a la protesta, la retórica y el espectáculo. Exíjanse medidas públicas concretas, (re)inventando las instituciones y las formas de cuidar nuestros cuerpos y el planeta.
Recuérdese que Maricarmen son todas las personas consideradas desechables. Esa vieja desahuciada es nuestro Mohamed Bouazizi, el joven tunecino que al suicidarse prendió la Primavera Árabe. Dio lugar a la década más luminosa de este siglo. Antes de que la Ilustración oscura instaurase la pedagogía de la crueldad. Y anticipó un Horizonte de emancipación que aterroriza a Iker Jiménez y sus secuaces.

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