Opinión
Mazón frente a Puente, con ETA al fondo

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Ni el expresidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, ni el ministro de Transportes, Óscar Puente, estuvieron de cuerpo presente durante la comparecencia de Alberto Núñez Feijóo en la comisión del Congreso sobre la DANA de València, aunque la presencia astral de ambos sobrevoló la sala parlamentaria toda la mañana. Mazón era asistencia obligada en los papeles de sus señorías, porque se explicaba su jefe de filas en el PP para dar cuenta de la interacción que mantuvieron los dos durante la fatídica jornada de inundaciones en la Comunitat que el de El Ventorro presidía. El ministro no era el objeto de la comisión esta vez, pero ni siquiera Puente tenía duda alguna de que el Feijóo verdadero -no el que les vendieron a ustedes, no gallegos/as, cuando presidía la Xunta- iba a sacar a las 46 víctimas de Adamuz para arrojarlas en la cara del PSOE y sus socios en el Gobierno.
Si la vida parlamentaria -y política, en general- no hubiera ido degenerando en los últimos años como lo ha hecho gracias a un Vox trumpista en máximos y a un PP al que quedan dos átomos de su alma liberal y/o cristiana por mimetismo con los ultras, durante la comparecencia de Feijóo, quizás éste tampoco habría arrojado a la cara del portavoz de Bildu, Oskar Matute, las 853 víctimas de una ETA desaparecida desde 2011, con Zapatero en el Gobierno y para desquicie del PP, que carga con esa pena maldita como Sísifo con el peñasco rodante. Y ojo, que si el líder del PP no sacó a la palestra también a Venezuela es porque la (ultra)derecha aun no ha resuelto bien -si eso fuera posible- el papelón que tiene con Corina Machado, Donald Trump y la presidenta Delcy Rodríguez, en el mismo equipo ahora, y sin olvidar el archivo de la surrealista causa por narcotráfico que Hazte Oír pretendía abrirle al demoniaco Zapatero, con el incansable pataleo de Isabel Díaz Ayuso.
Política de sucios, o sea, políticos que optan por enmierdarlo todo con todo lo que tienen a mano, mintiendo o no, para que el objeto de la comparecencia se difumine hasta desaparecer. ¿A qué iba Feijóo al Congreso? Si fuera un político honesto, a contar con pelos y señales su whatsappeo con Mazón en la tarde del 29 de octubre de 2024; o a reconocer su imposibilidad de echar al expresidente valenciano por la protección de un Vox indiferente a la tragedia en pro de las encuestas, pero también por la crisis interna que se le podía abrir en el partido y acabar el propio Feijóo como Pablo Casado; o a admitir de una vez por todas que la desconexión lúdica de Mazón en El Ventorro y sus mentiras para ocultarla resultaban obscenas frente al desastre que ignoró; o que mandó a las víctimas de la DANA a Bruselas a reunirse con González Pons en mayo de 2025 porque a él le faltaron agallas para mirarlas a la cara y pedirles perdón mientras Mazón siguiera presidiendo la Generalitat y mintiendo.
Si fuera un político honesto, digo, Feijóo habría admitido todo esto y más, mucho más, que ya son hechos judicializados en Catarroja (València) y escrupulosamente investigados por una jueza cuya independencia trataron de emporcar los sicarios mediáticos de PP y Vox, nada nuevo. Pero el presidente del PP, en un tono chulesco y desafiante, enchufó el ventilador este lunes y llegó hasta ETA, pasando por Salvador Illa -cuyo ingreso en la UCI antes del accidente mortal en Rodalies y la crisis posterior llegó a comparar con la juerga vespertina de Mazón en El Ventorro- y, por supuesto, por Óscar Puente. El ministro es el favorito del PP y Vox para hacer comparaciones con Mazón, aunque no se sostengan, de inicio, por la rapidez de Puente poniéndose al mando de la gestión en cuanto se conoció el accidente de Adamuz y sus muchas entrevistas a los medios de comunicación. Las responsabilidades políticas que el titular de Transportes y/o su equipo puedan tener se dirimirán cuando concluya la investigación y Puente las asumirá o no, quizás aunque no las tuviera y en un gesto político proporcional a la tragedia y su deprimente contexto, que viene gestándose desde hace lustros por mejor empeño que haya puesto este Gobierno: ahí están los datos públicos de inversiones del Ministerio que todo el mundo puede consultar; también el PP, aunque no le interese en absoluto dada su dedicación casi nula al tren durante sus últimos gobiernos. Bien lo sabe un Feijóo que subía por las paredes cuando le retrasaban una y otra vez la llegada del AVE a Galicia con un presidente Rajoy en La Moncloa que era paisano, mentor y amigo. Qué mala memoria.
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