Opinión
No me voy a enamorar de ti porque seas buena persona

Por Leonor Cervantes
Graduada en Filosofía y Ciencias Políticas. Cofundadora de Filosofía en Los Bares
-Actualizado a
Hace años, en mitad de un brote de promiscuidad, tomé una decisión que he respetado hasta día de hoy: acostarme solo con gente con la que sería capaz de tomarme un café.
Puede parecer una máxima simple. Pero cualquiera que esté vivo, y alguna vez haya sentido el deseo de besar a un completo imbécil hasta dejarle sin saliva, sabe que no lo es. Tomé este voto movida por una mezcla de sentimientos y pragmatismo, que es por lo que hacemos los ateos las renuncias. Estaba cansada de los escenarios decepcionantes y agotadores que a veces se derivan de compartir cama con alguien que ya sabes, de primera mano, que es estúpido.
Soy defensora de repensar qué tipo de hombre nos resulta atractivo o qué dinámicas consideramos románticas. No es ningún misterio que nos hemos criado babeando por personajes masculinos que, si salieran de las series de antena tres, podrían destrozarnos la vida en un minuto. Sin embargo, últimamente detecto una obsesión bastante incel en el ambiente. Consiste en mandarnos a las mujeres a elegir a “el chico bueno” por encima de todos los demás. Cada día, en el termómetro social que es Tiktok, me aparece algún vídeo donde se me invita a dejar de hacer el tonto con mi vida sentimental para pasar a fijarme, por fin, en Esos Hombres Buenos.
Es curioso, porque cuando en el amor se nos habla a las mujeres de hombres buenos, generalmente lo último que importa es la calidad moral. Poco interesa si ese chico es un esquirol que se chiva a su jefe de los fallos de sus compañeros, si es el tipo de amigo que se planta en casa de su colega para consolarle en una ruptura o si acompaña a su madre a sus citas médicas. Lo que verdaderamente preocupa cuando se nos dice a las mujeres que deberíamos escoger a un buen tipo es que ese chaval, a diferencia de otros, sí está dispuesto a comprometerse con nosotras. Pero que alguien no tenga dudas de querer estar contigo no lo convierte en buena persona.
Cuando era más joven y tenía una primera cita, me preocupaba más por si yo le gustaba al chico que por si él me gustaba a mí. Ahora, lo que más me interesa es descubrir si es el tipo de tío que me tratará bien. De nuevo, darme cuenta de si me apetece ser tratada por él pasa a segundo plano. Como si dejarme llevar por mi deseo para escoger acompañante fuera una excentricidad poco pertinente. Debería resultar evidente, pero parece que no lo es. Lo que nos gusta, nos interesa, nos excita y nos ilusiona es imprescindible a la hora de escoger una pareja. No un detalle sin importancia. Ni un capricho que, si la mujeres fuéramos menos exigentes, podríamos pasar por alto.
Sé que a estos discursos les falta la coda final. Las cuatro palabras diseñadas para inducir el pánico y la culpa en todas las mujeres del mundo: "Es por tu bien". Mismo perro con diferente collar. Pasan los años y los trends, pero hay que seguir recordando que no es responsabilidad de las mujeres que los hombres no nos hagan daño. Cada vez que rechazo a un chico que se porta bien conmigo, imagino a una brigada de policía tirando abajo la puerta de mi casa y apuntándome con un flexo a los ojos mientras me grita: "¿Pero tú… tú qué más quieres?". Lo quiero todo. La seguridad y la diversión. Claro que pienso cimentar mi vida sentimental sobre el disfrute y no sobre la supervivencia. Aspiro al placer.
Solo hay un escenario sentimental más frustrante que terminar con el corazón roto por un notas que en principio no te hacía gracia. Llorar porque te encantaría corresponder a alguien. Más aún si sabes que esa persona no te haría daño. Pero igual que no le debemos belleza al mundo, tampoco le debemos enamoramiento a los hombres buenos. El amor no es una oposición. No hay un premio aguardando a quien hace más méritos.
Explicar por qué te gusta alguien resulta siempre escurridizo. Pero algo no me encaja cuando una persona enamorada defiende este sentimiento enumerando todas las cosas que hace su pareja por ella. Me gusta porque siempre está ahí para mí y me escucha cuando lo necesito. Está claro que tener pareja te hace la vida más fácil, pero me gusta pensar que la intimidad es algo más que un comodín de la llamada. Esto también afecta a las proclamas sobre los chicos buenos, que en Internet son esos que sólo tienen ojos para ti. Así lo dicen los reels. En este magma digital no es raro encontrar vídeos donde mujeres hablan de las mieles de estar con "un hombre obsesionado contigo".
No sé hasta qué punto nos liberará sentirnos amadas a base de idolatría, menos aún si algún día nos piden esto de vuelta. Me gusta que mi pareja me haga favores. Pero no quiero que esté dispuesto a ello siempre que a mí se me antoje. No soy una niña ni vivo a golpe de berrinche. Pero, además, salir con una persona porque te mejora la vida me recuerda bastante a lo que han hecho los hombres a lo largo de toda la historia. Interesarse más por tener un plato de comida al llegar a casa que por quiénes eran esas mujeres que se los cocinaban. Quiero salir con alguien que me guste por sí mismo, no por lo que me aporta. Por mucho que alguien esté dispuesto a reducir su vida a mis necesidades, esto no deja de ser menguar. Y amar tiene más que ver con agrandar el mundo de la mano.
Desde cierta bancada misógina hay quiénes siguen convencidos de que las mujeres somos incapaces de sentirnos atraídas por los hombres que nos cuidan. La otra cosa de la que están muy seguros es de que ellos son precisamente esos chavales maravillosos a los que estamos dejando pasar. Hay un detector infalible de la buena peña, pero de la de verdad. Lo último que quieren es ser la única buena persona que tengas en tu vida.
Al contrario de lo que dicen estos resentidos que no fueron escogidos en primaria para compartir asiento en el autobús camino de la granja escuela, evidentemente sí que reconocemos el erotismo que hay en la bondad. Ver a alguien ejecutando la dulzura me parece tan magnético como observar a un novio mientras hace algo que se le da muy bien. Ciertas formas de cuidar a los demás son un alarde de habilidad e inteligencia. Y esto siempre es sexy. Me atrapa, porque no me parece algo innato. Sé que la verdadera gente maja no es así porque le nace; sino porque lo decide. Es esa determinación lo que me agarra. Por eso no me interesa cuando la bondad se plantea como sinónimo de docilidad, porque sé que es un engaño. Hay gente llamándose buena persona que lo único que ha hecho es no enfrentarse a nadie en su vida.
Pero sin duda, el hombre bueno más terrorífico que existe es el que ha conseguido el título por ser un buen partido a ojos de tus padres. Ese chico que sabe lo que es mejor para ti y que a ratos parece tener tu tutela y a otros tu mano. El que te recomienda, porque él tiene mucha cabeza, que no te compres ese vestido porque ya has gastado mucho este mes. Suele ser el mismo que te dice que bajes la voz cuando le estás contando algo emocionada. Un hombre un poco sensible y con muchas ganas de ser un padrazo que te corta el rollo cuando quieres pedirte otra copa y seguir bailando hasta que enciendan las luces. Me aprietan más que unos vaqueros de la talla 34, por eso procuro no frecuentarlos. Deseo especialmente lejos de mí a los tíos que confunden tener estabilidad laboral con ser más estables que yo.
Dejar de liarte con gente que en el fondo te cae mal es expectorante. Ese es el consejo que hubiera necesitado en mi adolescencia. Pero la criba que me impuse hace años no afectó solo a los sinvergüenzas. La gente completamente bella y soporífera se fue también por el desagüe. Merendar con un tedioso es casi peor que hacerlo con un villano. Ya lo dijo Michi Panero, "en esta vida se puede ser de todo menos un coñazo".
Yo creo que se folla como se conversa, con la misma curiosidad. Quien charla para escucharse, tiene sexo para correrse. Y quien te hace sentir invisible en una mesa, no te hará sentir mucho más celebrada sentada encima suya. El entusiasmo se practica de muchas formas. Cómo destripamos el mundo cuando estamos de cháchara se parece bastante a cómo diseccionamos el cuerpo de un desconocido en un somier. Si te aburre hablando, te aburrirá follando. Por eso desde hace años no me acuesto con nadie con quien no me tomaría un café. Porque a la cama, como al palique, entro para divertirme.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.