Opinión
Mierda o mierda

Por Marta Nebot
Periodista
Gabriel Rufián esta vez, una vez más, dio en el clavo progresista. Media España piensa que en el procedimiento que juzga a Zapatero, sea cual sea la sentencia final, el resultado solo puede ser mierda o mierda: una mierda más grande o una mierda más chica.
Si el auto del juez Calama, si su relato bien escrito de 88 páginas de indicios contra Zapatero como “vértice” de una “organización criminal” es verdad, entonces es “una mierda” pero es que si es mentira es “una mierda aún mayor”, dijo Rufián -reconociendo que no es objetivo en este caso por el respeto que le tiene al protagonista-.
Desde que saltó la noticia de su imputación y empezaron los registros, los cacheos, las cuentas bloqueadas, la investigación pública y el estupor general, la idea de Rufián no me ha dejado tranquila. ¿Mierda grande o mierda chica? Yo tampoco pongo en cuestión que la investigación sea lícita.
Como sufridora constante del síndrome de la impostora con frecuencia me pregunto si veo bien o influyen mis miopías, como fiel insegura de mí misma y segura de que lo único seguro es la duda, intento ser la primera que me cuestiona, y esta vez -por lo mismo que Rufián- más que nunca... Me niego a negarme la posibilidad de que el expresidente no solo pueda ser culpable sino que además pueda haber actuado como un suicida cuando fue al senado a reconocer en una comisión de investigación -en las que nadie reconoce nada- su amistad con su presunto testaferro, que éste contrató a sus hijas, las cantidades cobradas y declaradas al fisco, sabiendo, como sabía, que es lo que la policía tenía en el punto de mira porque lo estaba radiando desde hace años la prensa más ultra, informada punto por punto de las pesquisas que ahora el auto ha hecho públicas.
Sin quitar ni una duda a todas las presuntas, hay que dudar también del origen de toda esta investigación porque parte de la fiscalía estadounidense y ya se sabe quién manda en las fiscalías. La sombra de Trump es muy larga; no se conoce la fecha en que la información fue compartida con España.
Y, claro, puestos a dudar otra duda principal es cuántos relatos de indicios bien redactados nunca han sido escritos; cuántas investigaciones tan trascendentales como ésta no han ocurrido. Es lícito preguntarse si M.Rajoy no era un indicio. Es inevitable cuestionar si el audio de María Dolores de Cospedal pidiéndole a Villarejo que se deshiciera de “la libretita” de Bárcenas, la contabilidad B del PP, no merece al menos un relato bien escrito y una investigación como ésta aunque sea después de trece años.
¿Por qué el caso del ministro de hacienda, Cristóbal Montoro, que presuntamente vendió leyes a buen precio, consiguió siete años de secreto de sumario absoluto? ¿Cómo es posible que algunos casos tarden tanto y otros tan poco? ¿Que algunos permanezcan tan ocultos y otros tan radiados?
¿Por qué nadie ha intentado aclarar nunca las comisiones y los negocios de Juan Carlos I, el gran comisionista? ¿Por qué nadie cuestiona o denuncia que Aznar firmara un contrato con Abengoa en 2014 para conseguir construir desaladoras en la Libia de Gadafi por seis millones de euros? No los cobró porque “el amigo de Occidente” -como él le llamaba- cayó. Los 100.000 euros que le abonaron a la firma del contrato -cuyo recibo también fue publicado- nunca fueron desmentidos ni investigados. Felipe González era consejero de lo que hoy es Naturgy mientras estaba en el consejo rector de Doñana y la compañía negociaba la instalación de un depósito de gas en ese parque natural protegido, según informaciones publicadas y no desmentidas. Ambos han mezclado en sus negocios a sus hijos y familiares. Ambos tienen en su currículum negocios sospechosos nunca investigados tanto aquí como en países complejos, por describirlos con cuidado.
Sí, el juez Calama no hizo público su relato de indicios en la campaña electoral andaluza. Sí, no ha registrado la casa de Zapatero. Sí, por ahora, no le ha clonado el teléfono a él ni a sus hijas y solo cachearon a su secretaria.
Estas consideraciones no se corresponden con la gravedad de las acusaciones, si no con la altura del acusado y el impacto en la opinión pública.
Es decir, que puede deducirse que el juez reconoce la inevitable dimensión política de una imputación de este calibre y por eso mismo no resulta comprensible, como dice el catedrático de derecho constitucional, Javier Pérez Royo, que en su auto no solo hile indicios sin pruebas sino que además saque conclusiones tan rotundas en una fase tan embrionaria.
Según esos mismos indicios ZP no solo podría ser “el vértice” de esta trama. También podría ser una víctima de su “amigo” Julio Martínez, el presunto testaferro que una vez imputado ha concedido su primera y única entrevista a OK Diario.
Así que Zapatero puede ser culpable de haber elegido a un mal “amigo”, de haber sido utilizado y esa hipótesis plausible no sale en el auto.
A estas alturas he cambiado de idea sobre cuál podría ser la mierda más gigantesca de todo esto. Después de todo lo dudado, creo que la peor es la que ya ha explotado sin remedio sobre nuestras cabezas, la que ya lo ha manchado sin remedio todo. Porque más allá de todas las dudas, con este caso se confirma la certeza -tan razonable como razonada- de que el tercer pilar de la democracia no vela por preservar su apariencia de neutralidad. En cualquier caso, pase lo que pase, ya muchos dudamos -o ni eso- sobre si hay una justicia para la derecha y otra para la izquierda, sobre si algunos jueces esta legislatura, más que nunca, se han dedicado a hacer política sin disimulo y el Consejo General del Poder Judicial no ha hecho nada por corregirlo.
Media España ya cree que no son solo algunos jueces rescoldos del franquismo, como rezaba un viejo mantra progresista. Los relatos de indicios no escritos, los secretos inauditos, las dos velocidades, la sentencia sin pruebas contra un fiscal general del Estado, los casos basados en recortes de Manos Limpios, el informe patrimonial de González Amador que sigue sin ser redactado y ahora esto.
No es mierda o mierda en el futuro, es mierda aquí y ahora, es una bomba de destrucción masiva en la fe mínima en una institución crucial, como es la judicatura. Es un ríete tú de lo que confesó Luis María Ansón sobre cómo atacaron a Felipe González para hacerle caer aunque fuera poniendo en peligro las estructuras del Estado.
Después de esta ofensiva sin tregua contra un Gobierno progresista legítimo, que empezó con el anuncio de los resultados del 23J, después de la seguidilla infinita de ataques a los pilares del sistema, después de que esta semana además se hayan archivado las causas por llamar traficante de drogas y “Begoño” a la mujer del presidente del Gobierno y porque la acosen en espacios públicos, después, después y después, hay mucha gente de izquierdas diciendo que están tan hartos de este acoso y derribo que están deseando que los cruzados de la derecha lleguen al poder para que termine este clima espantoso.
Y entonces pensaremos que la democracia es esa alternancia entre ellos gobernando con todas las instituciones y ellos cagándose en todas las instituciones cuando no gobiernan. Y entonces querrán que pensemos que ellos nunca rompen España y que la consideran tan suya como nuestra.
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