Opinión
El milagro que multiplicó el número de judíos en España

La manipulación que ejerce Israel y el lobby judío internacional sobrepasa los límites geográficos del Medio Oriente y extiende sus tentáculos a una buena parte del mapa mundial.
Explotar y vivir de mitos ya de sobra conocidos como el de la tierra prometida o el de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra se quedan cortos frente a otras muchas falsificaciones y usurpaciones. El continuo robo de elementos culturales palestinos es un hecho a la vista de todos. El folklore, la gastronomía, la vestimenta, la danza, han sido apropiados y presentados como patrimonio israelí.
La complicidad de Occidente con este país alcanza unos extremos sorprendentes. Sus horrendos crímenes contra los palestinos se quedan impunes, una mínima crítica al gobierno israelí es considerada en más de un país europeo antisemitismo y en consecuencia una persecución y condena judicial. Su participación en eventos artísticos como eurovisión o deportivos como la vuelta ciclista son incuestionables, cuando la experiencia nos muestra que otros países como Rusia han sido excluidos de ellos por motivos de menor gravedad.
En España, algunos políticos e investigadores aprovechan cualquier ocasión para insistir sobre las raíces judeo-cristianas de la cultura e identidad española, olvidándose del enorme legado árabe y musulmán presente en cada rincón de la Península Ibérica como resultado de una convivencia y un dominio que duró más de ocho siglos. Una de las consecuencias de esta actitud fue la ley 12/2015, que concedió la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefardíes expulsados por los Reyes Católicos en el siglo XV. Sin embargo, no se ha habilitado ninguna ley para hacer lo mismo con los descendientes de los moriscos deportados por las mismas autoridades.
Otro de los milagros del judaísmo de nuestro tiempo es el gran número de juderías en ciudades y pueblos españoles donde no existe ningún indicio histórico de la presencia de judíos en estos lugares. Para que haya un barrio específico de una determinada población es necesario que exista una concentración de los miembros del grupo. Nadie duda de que estas concentraciones poblacionales tuvieron lugar en ciudades importantes como Granada, Córdoba o Girona. Otra cosa es toparse con una judería en pueblos diminutos como Albuquerque y Burguillo del Cerro, en Extremadura. El visitante o el turista que se dirige a una de estas ciudades o pueblos si se le ocurre acercarse a la oficina de turismo, la empleada o el empleado al extender el plano y después de señalar la ubicación de la oficina -"estamos aquí"-, dibuja de inmediato una flecha para indicar la supuesta judería como si fuera lo más destacado de la ciudad. Al adentrarse en el barrio, el turista descubre la excelente señalización, placas, estrellas de David, candelabros de siete brazos etc. Y para colmo, se organizan viajes turísticos con el nombre de “la ruta de las juderías”. No cabe duda de que la mano del gobierno israelí y su embajada está presente en todo esto, los cuales con sus conocidas habilidades actúan como una máquina propagandística para su país. Los ayuntamientos de esas localidades son también cómplices de estos inventos por intereses ideológicos y económicos.
En 1995 se creó la Red de Juderías de España, con sede en Córdoba. Se trata de una asociación pública de municipios que promueve la conservación y difusión del patrimonio judío en el país y cuenta actualmente con 27 miembros.
Sabemos que los judíos a lo largo de la historia de España fueron una pequeña minoría hasta su expulsión a finales del S. XV, porque la población mayoritariamente era árabe y musulmana o cristiana. Pero, aun así, no encontramos casi en ninguna ciudad o pueblo español barrios árabes o musulmanes. La morería de Madrid es quizá una excepción. La culpa recae, en primer lugar, sobre los gobiernos árabes y musulmanes y sus embajadas, que son incapaces de desempeñar el rol que se espera de ellas. Gobiernos y embajadas que están dispuestos a gastar millones de euros en celebrar fiestas, regalar coches de lujo o caballos de pura raza a políticos, reyes y presidentes. Gobiernos que están dispuestos a comprar un equipo de fútbol o a fichar a un jugador por cientos de millones de euros, pero que son incapaces de dedicar un pequeño esfuerzo y unos pocos recursos económicos a preservar el acervo cultural de sus antepasados, cuyo valor es infinitamente mayor que unas juderías inventadas en su mayoría.
Resulta relevante el caso del arabista y profesor, además de director de la Fundación Ibn Tufayl, Jorge Lirola Delgado, cuando la plataforma Maguen Sefarad con las autoridades locales estaban diseñando el plan de la judería de Almería a finales de 2024. El profesor Lirola cuestionó en sus publicaciones la existencia de una judería en esta ciudad. Incluso confirmó que las fuentes históricas árabes y cristianas no hablan de la existencia de juderías dentro de las ciudades andalusíes. La idea de las juderías no es más que un intento de judaización de Andalucía y una exageración del patrimonio judío en España a expensas del acervo cultural y arquitectónico árabe y musulmán. Esta actitud llevó a Carmelo López Carrique, presidente de la Federación Sefardí de Asociaciones del Sur de España y miembro del Foro Almería Centro, sobre la localización de la Juderías de Almería que pretende difundir la cultura sefardí, a publicar un artículo en una publicación local con el título de Negacionismo, judeofobia e hipocresía, acusando al profesor Lirola de antisemita y negacionista del Holocausto. El profesor Lirola a su vez publicó en el Diario de Almería el 2 de febrero de 2025 un artículo con el título de Falsedades históricas y manipulación con intereses espurios (Réplica a López Carrique).
La cantidad de juderías en al-Andalus no se corresponde con el número de judíos que vivieron en este país, según los historiadores de la época. La prestigiosa historiadora y arabista francesa Rachel Arié en su magnífica obra España Musulmana (Siglos VII- XV) dice lo siguiente: «Tenemos algunas indicaciones acerca del número de judíos que habitaban en la España musulmana a mediados del siglo XI. Calculando el número de habitantes según el método expuesto por Leopoldo Torres Balbas, o sea 5 o 6 personas por hogar, concluyendo que había un total de 50.000 a 55.000 judíos en la Península Ibérica, de los cuales 10.000 vivían en al-Andalus y una elevada proporción (20%) en la Granada zirí. En lo que al reino nasrí se refiere, J. Munzer afirmaba que 20.000 judíos vivían en la judería antes de la caída de Granada en 1492. Esta estimación parece errónea, ya que en esa fecha había en Granada 110 hogares judíos, es decir 550 personas. En Málaga en 1487, los cristianos hicieron prisioneros a 450 judíos de ambos sexos. Cuando los castellanos entraron en Vélez Málaga en 1487, quedaban 50 hombres y cinco viudas judíos. A estas personas habría que añadir algunas familias diseminadas por el resto del reino de Granada. Es probable que el número total de judíos en al-Andalus a finales del siglo XV, se elevara a un millar de personas aproximadamente, es decir, una proporción pequeña en relación a la población musulmana del emirato».
En conclusión, exagerar el número de juderías e inventar historias acerca de judíos andalusíes sin fundamento es otro hecho propagandístico político que domina voluntades ajenas y maneja a personas e instituciones por un claro interés de buscar glorias inexistentes. El número de judíos en al-Andalus fue lo que fue, una minoría pequeña incompatible con el gran número de juderías que se les atribuye en la actualidad. No se puede negar la existencia en esa tierra de sabios, poetas, filósofos y médicos judíos, como el destacado médico y filósofo Maimónides. Pero el número de sus aportaciones fue modesto en comparación con la de los eruditos árabes y musulmanes. Hay que atenerse a los datos y los hechos históricos y no a las invenciones interesadas y falsas. Multiplicar las juderías en España solo puede ser producto de un milagro, al igual que el de los panes y los peces.
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