Opinión
Milei no tiene quien le escriba

Periodista
El 5 de octubre, a la hora del segundo café, Javier Milei reunió a sus ministros para contarles que quería echar un par de días en Madrid. Es probable que alguien le advirtiera, che, no sabés el quilombo que se armó en España, la gente está recaliente porque rajaron a una viejita de su casa y Pedro Sánchez llamó hoy mismo a elecciones con un bardo tremendo en las calles. Con toda seguridad, Milei escupió el café y clavó sus ojos alucinados en el prudentísimo asesor, pero qué pelotudo que sos, ¿no sabés que en Madrid me espera la banda, Santiago, Alberto y todos los pibes? ¿No entendés que hay que bancar la libertad, carajo, antes de que los zurdos nos hagan mierda?
Un día antes, el ministro Pablo Quirno había dibujado al presidente argentino como una suerte de amuleto electoral para las fuerzas conservadoras de América Latina: “En los últimos meses, ha habido siete elecciones en la región; todos los candidatos apoyados por Milei ganaron”. Se refería, entre otros, al pinochetista José Antonio Kast, a la hija del dictador Alberto Fujimori y al ultra Abelardo de la Espriella. Quirno ha estado últimamente apoyando a Bolsonaro Jr. en Brasil y ayer pasó por Madrid en compañía de Milei, que aprovechó el desayuno de Nueva Economía Fórum para pedir sacar a los socialistas “a patadas” del Gobierno de España.
Los jefes pateadores, sin embargo, no estaban entre el público. Alberto Núñez Feijóo, que saludó el ascenso de Milei en 2023, se había escapado a Sevilla para hablar de vivienda junto a Juan Manuel Moreno, cuyo Gobierno promociona VPO de lujo y se niega a limitar los alquileres mediante la declaración de zonas tensionadas. Tampoco estaba Santiago Abascal, consorte español del mandatario argentino, que prefirió largarse a A Coruña para exponerse a los improperios de las protestas antifascistas. Cómo estará la cosa que hasta los primeros espadas del PP y Vox le han hecho la cobra a Milei después de haberlo agasajado con sus mejores carantoñas.
En enero de 2025, en los micrófonos de Radio Libertad, Abascal puso a Milei como referente motoserrador del gasto público y la corrupción: “Estamos dispuestos a hacer exactamente las cosas como las están haciendo en Estados Unidos y como las están haciendo en Argentina”. La motosierra ya no luce tan apetecible después de que Ester Muñoz y José María Figaredo verbalizaran su disposición a privatizar las pensiones. En efecto, Milei no solo ha conseguido que la pensión mínima con su complemento pierda casi un 10 % de poder adquisitivo, sino que además ha mandado apalear a los jubilados que protestaban en las calles.
Tampoco es que Argentina haya puesto coto a la corrupción. Al contrario, el equipo de Milei colecciona los escándalos más tenebrosos, desde el enriquecimiento repentino de Manuel Adorni y los supuestos sobornos de Karina Milei hasta la investigación sobre una presunta estafa con criptomonedas que implica al propio presidente. Mientras las políticas libertarianas hundían el país en la miseria, el exportavoz del Gobierno multiplicaba su patrimonio, se compraba dos viviendas y se iba de vacaciones de lujo en jet privado. Por no hablar del caso Nucleoeléctrica, los créditos del Banco Nación al entorno de Milei o el patrimonio oculto de Andrés Vázquez y Carlos Frugoni.
El periódico argentino La Nación se pregunta por qué los líderes de la derecha española no quieren dejarse ver con el presidente. “Cada foto de Milei con Abascal es un spot gratuito para Sánchez”, responde el analista César Calderón. La semana pasada, en un acto en Zaragoza, Pedro Sánchez denunciaba la política de recortes y sacrificios de PP/Vox: “Entre las tijeras de Feijóo y el amigo de Milei, Abascal, que le gusta la motosierra… Estos, si llegan al Gobierno, firman el acta de defunción del Estado del bienestar”. Lo cierto es que los unos y los otros comparten el núcleo del programa de Milei, pero tienen dificultades para defenderlo a las claras delante de sus propios votantes.
El presidente argentino, despeluchado y dubitativo, se desgañita en el Casino de Madrid llamando “impresentable dictador” a Pedro Sánchez —aplausos tímidos— a las puertas de unas elecciones. Mientras tanto, Feijóo agita el espantajo de la okupación en Sevilla y Abascal reúne más detractores que adeptos en A Coruña. Milei habla en Madrid, deleita a la hinchada y arroja miradas furtivas al fondo de la sala con la esperanza de que a última hora se deje caer Santiago, Alberto, un pez gordo, un chabón de los grosos y no estos perejiles, cuatro de copas, que han venido a verme y no cortan ni pinchan un carajo.

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