Opinión
El ministro iba a setas
Por David Torres
Escritor
El ministro del Interior le ha pedido a los Reyes Magos un cuartel de la Guardia Civil en Fitero, el pueblo de su padre. Tanta ilusión le ha hecho el futuro regalo que se le ha pasado acudir al funeral por un policía caído en el cumplimiento del deber, un hombre que murió arrollado por el metro mientras forcejeaba con un delincuente. A los sindicatos policiales les ha molestado mucho esta ausencia del ministro y le han puesto falta, ya que algunos policías consideran que una de las funciones de un ministro es dar la cara en los momentos difíciles. Qué cosas. La policía no entiende que un ministro del Interior no puede estar en todo, y menos aun un ministro del Interior como Fernandez Díaz, que más del Interior no puede ser.
Igual que esos vascos recalcitrantes que cuando van a setas, van a setas, y cuando van a rolex, pues a rolex, Fernández Díaz iba aquel día a guardias civiles y, lamentándolo mucho, no podía perder el tiempo con un policía, por muy muerto que estuviera. Lo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado le toca al ministerio de Fernández Díaz muy de refilón, porque él es un ministro más de almas que de cuerpos y más pendiente de lo divino que de lo humano. Tan pendiente que el ministro condecoró una vez a la Virgen con una medalla al mérito policial, y también va comentando por ahí, a la primera oportunidad, que la Virgen de Fátima tuvo mucho que ver en la caída de la Unión Soviética. Lo raro de un ministro así es que no gaste sotana.
Fernández Díaz, como se ve, anda en excelentes relaciones con las altas instancias divinas y seguramente habrá enviado a Navarredondilla, Ávila, una cohorte de ángeles, dos o tres santos y alguna que otra Virgen para que lo representen debidamente. Mejor que en el entierro de un policía en un pueblo de Ávila se aparezca la Virgen que un ministro del Interior, dónde va a parar. Un ministro en un entierro oficial da para una portada de periódico, como mucho, mientras que una Virgen da para un lienzo religioso, un poema de Berceo o una talla de Berruguete.
Dios, la Virgen, los ángeles y otras criaturas celestiales tienen el don de la ubicuidad y pueden estar al mismo tiempo a setas y a rolex, en Navarredondilla y en Fitero, donde sea, aunque no se crean que son infalibles, que tampoco estuvieron muy rápidos de reflejos aquel maldito día en el metro. Sin embargo, el que no puede acudir a dos sitios a la vez, por desgracia, es el ministro, y no iba a hacer el figurón en un entierro cuando andaba tan ocupado enviándole a los Reyes Magos el plano de un nuevo cuartel. Que, por pura casualidad, ha ido a caer en Fitero, el pueblo de su padre, la residencia de su madre y en cuyo balneario se reúne habitualmente el ministro con sus otros nueve hermanos. Para colmo de alborotos, ahora también se le quejan los guardias civiles, que no ven que una nueva casa cuartel haga ninguna falta en Fitero cuando hay tantos cuarteles cayéndose a cachos por toda la geografía española y cuando ellos andan por ahí sin chalecos salvavidas y subidos a coches del año del pedo. Como si el ministro fuese a derrochar dos millones de euros en un capricho, lo mismo que Cospedal, que tira cuatro en un mirador consagrado al vino o como otros que se fabrican un aeropuerto para que correteen los nietos. En fin, que Dios les perdone.
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