Opinión
El monstruo acechante de Andalucía

Escritora y doctora en estudios culturales
Pensaban en la Grecia clásica que del descenso a los infiernos siempre se extraía un conocimiento, pues era en esos espacios oscuros donde se producían grandes revelaciones. No sabemos si Andalucía continuará su deslizamiento hacia el infierno, con nuevas oleadas de privatizaciones (de la sanidad, de la educación) y un deterioro general del bienestar social que vuelve más vulnerable a una ciudadanía tradicionalmente vapuleada; pero se puede inferir ya la lección que deja la pasada cita electoral: Vox guarda la llave de la gobernabilidad con un 13,82% del voto y exigirá condiciones inasumibles desde la moralidad. El partido que lidera Manuel Gavira ha experimentado un estancamiento respecto a la convocatoria anterior y eso siempre es una buena noticia; sin embargo, su relevancia alcanza cotas renovadas en esta región al Sur, y sitúa a Juanma Moreno (PP), quien ha perdido la mayoría absoluta, en una encrucijada. Pese a la satisfacción demostrada desde las distintas formaciones de la izquierda institucional por el descenso del PP, en la calle éste se vive con incertidumbre: ¿y ahora, qué? ¿A qué tipo de monstruo parlamentario nos enfrentamos? Vistas las derivas en Extremadura, Castilla y León, y Aragón, todo parece indicar que vendrán actualizadas dosis de sufrimiento a una tierra que ya ha tenido bastante. Aunque la izquierda ha conquistado cuatro escaños más que en 2022, gracias mayormente a los excelentes resultados de Adelante Andalucía –que pasa de 2 a 8 representantes–, las puertas del Hades se han abierto para, probablemente, permitir el paso a políticas envenenadas.
Ayer iba caminando por mi barrio, justo antes de que se cerraran las urnas, y me dio un vuelco el corazón ante la visión de una señal en la que leí “prioridad nacional”. La señal realmente decía “prioridad peatonal”, estaba ahí para indicar una presencia discreta del coche, pero la mente me había jugado la broma macabra de anticiparme al conteo de las papeletas. Más tarde, noche cerrada y con los números finales sobre la mesa, escuchaba a un ufano Juanma Moreno afirmar: “cuántas cosas se pierden los dictadores del mundo: no hay cosa más bonita que sentir el cariño, el aprecio de tu pueblo; no hay cosa más bonita que la democracia”. Ese demócrata que aspiraba a no meterse en el “lío” de gobernar en coalición con los de Abascal, y cuya estrategia ha consistido en erigirse como el campechano aparentemente moderado que ignoraba el extremismo de la ultraderecha, volvía de nuevo a insistir en distanciarse de posturas autócratas. No obstante, pactó con Vox en 2018 y seguramente vuelva a hacerlo, asumiendo así los postulados de los fans de Trump y quienes rechazan cualquier medida que alivie o mitigue los efectos de la amenaza existencial más urgente de todos los tiempos: el cambio climático, junto a la destrucción generalizada de la biosfera. ¿En qué cederá Moreno que avive más la herida de este suelo esquilmado, frontera con el desierto, erosionado y víctima de unas inundaciones catastróficas hace sólo unos meses? Y, ¿de qué manera permeará el discurso ultra en el suyo propio, articulado con la intención de diferenciarse del ala dura del PP, la que encarna Isabel Díaz Ayuso? ¿Acabará como María Guardiola, la presidenta extremeña, desdiciéndose y tropezando en la contradicción permanente?
Aún es pronto para profetizar, pero Andalucía está hoy peor que hace unos días, por más confeti que lancen algunos. Los que celebran de forma más efusiva son Adelante Andalucía, comprensible cuando cuadruplicas tus cifras previas. Su candidato, José Ignacio García, ha logrado interpretar el descontento y lo ha transformado en un relato directo, que interpela con ejemplos concretos (“no gobernar para Asisa, Adeslas y Quirón”) desde un andalucismo apegado al territorio capaz de atraer a gentes de varias generaciones. Su atención a la juventud y la reivindicación de la alegría constituyen puntos fuertes, aunque, paradójicamente, la cuestión climática no haya jugado un rol preponderante en su campaña. Sube Adelante y no a costa de Por Andalucía, pues Antonio Maíllo salva los muebles y se queda con sus 5 diputados, pese a perder votos en una convocatoria electoral donde la participación se ha incrementado notablemente: el desgaste de Sumar en el gobierno quizá le haya perjudicado. Y luego está el descalabro de María Jesús Montero: hasta hace unas semanas la número dos de Pedro Sánchez, y ya protagonista de la caída en picado del PSOE por el pozo del sufragio andaluz. Tono de ministra, recién llegada de Madrid, sigue siendo difícil entender que no haya podido rentabilizar mejor esa gran negligencia humanitaria en torno a los cribados del cáncer de mama y el estado decadente en que se halla, en general, la sanidad por estos lares. A quien sí parece haberle pasado factura es a Moreno, por mucho que su imagen se haya visto beneficiada por la gestión del accidente de Adamuz. Ahora veremos si la mascarada de la moderación se rompe en mil añicos o conseguirá contener las garras de un monstruo que ya causa pavor. Por lo pronto, la travesía por el infierno comienza a fraguarse; de nosotros dependerá comprender su mensaje.
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