Opinión
Lo que Moreno Bonilla oculta de la lucha contra el narcotráfico

Por David Bollero
Periodista
Juan Manuel Moreno Bonilla no es diferente al resto del PP. Lo ha intentado por todos los medios, incluso ocultando sus siglas en campaña, pero ya no cuela ni entre los suyos. Ya antes incluso de someterse a Vox, se le cayó la careta. Utiliza las mismas estratagemas que su compañera Isabel Díaz Ayuso para escurrir el bulto de su mala gestión, lanzando cortinas de humo y, de paso, lanzando dardos envenenados al Gobierno de España. Es lo que se oculta detrás de su insistente exigencia de reactivar OCON-Sur, la unidad de élite de la Guardia Civil para luchar contra el narcotráfico.
Nunca parece haber suficientes medios para combatir el narcotráfico, ya sea en el frente operativo de la Policía Nacional y Guardia Civil, como en el jurídico, con reformas legislativas que la fiscalía lleva años demandando. Esa es la letra mayúscula, el trazo grueso que describe un panorama en el que se pierden muchos matices y al que se aferra Moreno Bonilla con tal de lanzar puyas al Gobierno de España. El trazo fino, en cambio, desvela otras realidades.
Es evidente que son precisos más efectivos y recursos para combatir a unas mafias cada vez más sofisticadas y poderosas. Nadie en su sano juicio se atrevería a negar tal cosa. Sin embargo, eso no quiere decir que sea imprescindible reactivar OCON-Sur y mucho menos que hacerlo sea la panacea para acabar con estas mafias. A pesar de ello, la Junta de Andalucía se aferra a esa idea y obvia por el camino otras realidades mucho más incómodas.
En primer lugar, ni siquiera discute si es cierto que, como afirma el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, la OCON-Sur nunca desapareció, sencillamente, se integró de pleno en la Guardia Civil sin operar ya de manera independiente. Bien es verdad que a estas alturas, la credibilidad de Marlaska es la misma que la de Ayuso cuando habla de su ático de lujo. Con todo, es algo a considerar.
En segundo lugar, Moreno Bonilla no menciona que este otoño presumiblemente comenzará el juicio que sienta en el banquillo al exjefe de OCON-Sur por, presuntamente, colaborar con el clan de los Ariza a los que en teoría investigaba. Este teniente coronel y al menos otros dos subalternos, se habrían pegado la vida padre con los narcos a los que tendrían que haber detenido, acudiendo, incluso, a bautizos de sus hijos.
Moreno Bonilla no puede decir que sea ajeno a esta mancha de corrupción en la unidad de élite que insistentemente pide ahora reactivar porque, a diferencia de Feijóo con su amigo Marcial Dorado, ya sí hay internet, redes sociales y la madre que las parió. El presidente de la Junta deja a un lado este detalle porque resulta demasiado incómodo admitir que la expansión que tiene el narcotráfico en Andalucía es materialmente imposible sin que haya pringados agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Negar eso sería tan ingenuo como negar que faltan medios en la lucha contra el narcotráfico, pero con Vox de la mano, Moreno Bonilla jamás si quiera rozará esas aguas procelosas.
En tercer lugar, Moreno Bonilla tampoco aborda otro eje fundamental en la lucha contra las drogas y el narcotráfico: el tejido social. Si sobornar a quien te ha de investigar y detener aparece como imperativo en el manual del narcotraficante, fichar a colectivos vulnerables para el trabajo de campo también. Con esos ingredientes, el consumo de las sustancias llega solo. Pues bien, ¿han escuchado al presidente de la Junta de Andalucía poner en marcha o siquiera mencionar algún plan de acción en áreas deprimidas en las que colaborar con los narcos se ha convertido en un medio de vida? Se lo diré yo: no. Resulta mucho más sencillo y se obtiene más rédito electoral cargar las tintas únicamente en la Guardia Civil, en la acción coercitiva que en la integradora. En estos tiempos que corren, en los que la narrativa de Vox ha contagiado al PP con soluciones sencillas para problemas complejos, es más atrayente quedarse en la superficie que escarbar hacia la raíz.
En último lugar, ante esta inusitada embestida de Moreno Bonilla contra el narcotráfico hay otro fenómeno que llama poderosamente la atención. ¿Por qué jamás ha adoptado una postura tan groseramente exigente en la lucha contra la violencia de género a pesar de que Andalucía es la comunidad en la que más asesinatos machistas se producen de toda España? ¿A qué se debe que el líder del PP andaluz nunca se haya plantado así de firme contra el terrorismo machista pese a los cientos de asesinatos de mujeres que se ha cobrado? La respuesta cae por su propio peso. Frente al modo exagerado en que fía el éxito de la lucha antidroga a una Guardia Civil que no es impermeable a los sobornos, ni siquiera en sus unidades de élite, el popular destila tibieza ante una lacra que su socio de gobierno niega y al que ha entregado su gestión.
Moreno Bonilla se ha subido al tren de tomar cualquier elemento y convertirlo en arma arrojadiza contra el gobierno de Pedro Sánchez, y lo hace de un modo tan apresurado e improvisado que no se percata de si lo ha cogido por el filo, como es el caso. Ni vía andaluza ni moderado, es uno más de los barones del PP que puede llegar a rozar el esperpento en sus ataques a La Moncloa. Todo ello, además, sin olvidar que ahora que huele la sangre de Ayuso gotear desde el ático, coquetea con una presa que aún le queda grande pero, como dice el dicho, ¿cómo se come un elefante? Bocado a bocado, y si todos muerden a una vez, como poco, la pieza se debilita.

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