Opinión
Morir de tristeza

Escritor. Autor de 'Quercus', 'Enjambre' y 'Valhondo'.
La muerte de la dibujante iraní Marjane Satrapi, autora de Persépolis, me ha recordado la muerte de don Antonio Machado en Colliure. Huyendo al exilio entre más de 500.000 republicanos españoles, que escapaban de la muerte en un éxodo masivo de cadáveres vivientes.
La familia de Satrapi emitió un comunicado sobre la causa, de una belleza estremecedora: "Marjane ha muerto de tristeza. Un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida".
Mis alumnos del instituto, tras dedicar varias sesiones al estudio del poeta, investigando su vida y su obra y aprendiendo de memoria algunos poemas, siempre acababan preguntándome: "¿Pero de qué enfermedad murió exactamente, profesor?". A lo que yo contestaba: "Murió de tristeza. Le dolía España". Tanto como esa "espina clavada que, al lograr arrancársela un día, dejó de sentir el corazón". La "España que ha de helarte el corazón". Su pena e incomprensión por esa tierra fratricida, "como la náusea de un borracho ahíto de vino malo", era tan honda, que murió de tristeza. Como Marjane Satrapi, de amor y tristeza.
Tras una vida dedicada a la escritura y a la enseñanza, siendo su mayor delito el haber escrito los mejores versos de la lengua castellana, huye de Madrid al temer por su vida, acompañado de su madre octogenaria, Ana Ruíz, su hermano José y su cuñada Matea. Tras su estancia en Valencia y ante el angustioso asedio del ejército franquista, escapan a Barcelona, después a distintas masías catalanas, a Girona, hasta lograr cruzar la frontera en el crudo invierno de 1939.
Aunque ha cumplido solo 63 años, don Antonio está, según describe Luis Capdevila, "flaco, macilento. Tiene la cara descarnada, amarillenta y angulosa." Nada que ver con esa famosa fotografía, con su sombrero de ala ancha y sus manos sobre el bastón, realizada en el café de las Salesas de Madrid, donde luce un aspecto muy saludable. Aunque el médico le hubiera recomendado adelgazar unos kilos. Los que perdería en unos meses hasta quedarse en los huesos, igual que un esqueleto.
Antes de cruzar la frontera había dicho: "Yo no debería salir de España. Sería mejor que me quedara a morir en una cuneta". Las mismas cunetas donde ya reposaban miles de españoles, Lorca el primero, con un tiro en la nuca, y que, en su mayoría, ahí siguen para vergüenza de esta España falsamente democrática.
La visión de esa sinuosa carretera entre pinares, que cruza los Pirineos en enero de 1939, con aquella marabunta de exiliados, es desgarradora: niños descalzos o con unos trapos en los pies pisando el hielo, mutilados con heridas purulentas, enfermos aullando de dolor, chiquillos llorando y suplicando pan y un abrigo, madres con su hijo muerto en brazos que no saben dónde enterrarlos; ancianas como Ana Ruíz, que en algunos tramos su hijo José Machado porta en brazos, "pesaba como un pajarillo", y que pregunta incesantemente: "¿Cuándo llegaremos a Sevilla, hijo mío?".
Cuenta el hispanista francés Jacques Issorel que los Machado, a su llegada, carecían absolutamente de todo. "Llegaron con lo puesto". Haciendo buenos sus versos: "Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar." Y sí, es verdad, allí de frente estaba el mar.
Tan ligero de equipaje, que Issorel escribe: "Un día me dijo José: Mi hermano no puede bajar. Yo le pregunto: ¿Por qué no bajan ustedes todos juntos a comer?. Y me contestó: Porque no tenemos ropa de recambio. El día en que uno lava la camisa, espera a que el otro acabe la comida y suba para bajar a su vez".
El 22 de febrero de 1939, a las 15.30 horas, muere Antonio Machado en la pensión de madame Quintana. En la misma habitación en la que está agonizando su madre, que fallecería tres días después. Esa mañana, el poeta había recibido una carta de la Universidad de Cambridge, ofreciéndole trabajo y alojamiento para él y para toda su familia.
Su hermano José, registrando los bolsillos del gabán del poeta muerto, encuentra un pequeño papel arrugado en el que Machado había escrito su último verso: "Estos días azules y este sol de la infancia".
Si don Antonio Machado volviera y contemplara la situación política que vive tanto España como el mundo, mantendría esa cara de amargura que le llevó a la tumba. Morir de tristeza. Observaría que en su tierra siguen detentando el verdadero poder los mismos de siempre, y se preguntaría: ¿mereció la pena tanto dolor y sacrificio? El verdadero poder es el económico. Ahora en manos de los hijos y nietos de los que le obligaron a exiliarse. Las grandes empresas heredadas del franquismo, con sus medios de comunicación para manipular al pueblo, el poder judicial a sus órdenes para revertir las decisiones políticas o, incluso, intentar cambiar los gobiernos: golpe mediático y judicial. Una monarquía caduca y desacreditada por los desmanes del anterior jefe del Estado (¡Inviolable según nuestra alabada Constitución!), autoexiliado en Abu Dabi, y primer ejemplo de que la justicia en España es absolutamente arbitraria y que favorece o encarcela a su conveniencia.
El rapero Pablo Hasel lleva preso casi SEIS AÑOS por cantar, igual que los jóvenes de Alsasua. Comparar cualquiera de los casos que se juzgan en la actualidad, con peticiones de cárcel escandalosas (para Begoña Gómez la acusación particular pide 24 años, sabiendo todos que es puro humo por no haber lucro), con los abusos de Juan Carlos, causa risa. Y estupor. Un Estado aconfesional en el que la Iglesia mantiene un poder inmenso, de sus colegios concertados que les pagamos a las inmatriculaciones del patrimonio de todos, como la mezquita de Córdoba, sin pagar IBI con su enorme riqueza inmobiliaria, con subvenciones millonarias, el secretismo con la pederastia, su misoginia excluyente que relega a la mujer al papel de cuidadoras y sirvientas. La prueba es la visita del papa, que ha puesto patas arriba España. Mezclando la esfera pública con la privada, dando un trato desigual a otras religiones y a los no creyentes. Tolerancia y respeto, apoyo máximo a su discurso –¡ya era hora! – contra el populismo y la ultraderecha, pero sin esta sobreactuación pública. La TVE un absoluto exceso. Con la hipocresía de muchos políticos y de miles de personas aplaudiendo sus palabras, para votar en el Congreso y en las urnas justo lo contrario. Esa imagen de centenares de prelados todos de blanco rezando, sin una sola mujer, causa escalofríos.
Antonio Machado no entendería que existan todavía partidos abiertamente franquistas, racistas, clasistas, cuyo ideario es la persecución del inmigrante, el pobre y el diferente. Partidos contrarios a la igualdad, al feminismo, que siempre votan contra el bienestar de la gente y cuyo objetivo es desmantelar lo público. En sintonía con la ola procedente de USA centrada en el dinero y en la obtención del máximo beneficio de unos pocos a costa de todos, en la deshumanización y en la utilización de la fuerza bruta. La de esos energúmenos supremacistas que gobiernan el planeta: "De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por una idea".
Igual que le sorprendería que siga habiendo numerosos infiltrados con esas mismas ideas retrógradas en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Con policías recibiendo cursos de Desokupa, por ejemplo. ¡Qué vergüenza! Pide un paso al frente a los voluntarios para acabar "como sea" con el actual gobierno socialcomunista, y puede que te lleves una sorpresa. CNI, UCO y UDEF incluidas. ¡Qué miedo dan! Difícil de asimilar que, con cuatro recortes de prensa, el conglomerado formado por Manos Limpias, Hazte Oír, Vox/PP, Abogados Cristianos y sucedáneos… hayan envenenado a la justicia –y a la sociedad– española. Recuperando el odio cainita.
La disyuntiva en la que estamos, querido don Antonio, de nuevo, es decidir entre civilización y barbarie. Entre seguir avanzando en derechos o volver al nazismo y al neofascismo que usted conoció, aunque ahora tenga otras caras.
También entiendo que estén sumidos en la misma tristeza machadiana los afiliados del PSOE, sus bases. Sorprendidos, decepcionados y hartos. ¡Tanta coincidencia! En su inmensa mayoría, personas buenas, honestas y trabajadoras, con los bolsillos de cristal. Que han visto cómo, en unos meses, sus dos secretarios de Organización entran en prisión. Justo los que deberían velar por el cumplimiento intachable de la ley. Y a ver en qué acaba lo de Leire Díez. Es inaudito: pactan con el PP la renovación del Consejo del Poder Judicial, error que jamás deberían haber cometido, sabiendo que el PP "controla por detrás" (Cosidó scripsit), y por delante, las salas del Supremo, es decir, el PP les engaña como a idiotas, y ahora, en plan Pepe Gotera, sacan a Leire Díez para realizar chapuzas. ¡Puffff!
De Zapatero hablamos otro día. Mi reflexión inicial, metiendo primero a González y a Aznar, es: ¿es que no tenían bastante con su asignación vitalicia de expresidentes? Duele que ya esté sentenciado y crucificado. Que le hayan hundido la vida, de manera irreparable, sin respetar ni un ápice la presunción de inocencia. Qué distinto trato a Rajoy con la Kitchen o a Aznar con su millón de muertos en la guerra de Irak, más los de Atocha. Para el novio de Ayuso y Montoro, la justicia es otra. Con Aldama vitoreado por platós y plazas (231 millones de fraude). A mí, de entrada, la actuación del juez Calama me merece poco respeto. Su auto, incluyendo dudosas intervenciones de agencias USA (Trump es el símbolo de la ilegalidad internacional, para fiarte de lo que te mande), es un corta y pega policial, con condena incluida. El hecho de haber permitido los registros televisados, la publicación de las fotos de esas joyas, sin valoración previa, como si fuera un vulgar robo de joyería, me parece un despropósito que desacredita totalmente a ese juez. ¿Por qué lo autorizas?
Y, por último, si hay dos rostros sumidos en la tristeza más devastadora, son los del condenado fiscal Álvaro García Ortiz y el de David Sánchez, para el que se piden seis años de cárcel, mientras son juzgados. Ambos, de complexión corpulenta, sentados en el banquillo de los acusados, en ese patíbulo de la desolación, las cejas fruncidas de incomprensión e impotencia, los ojos achicados, hundidos, en cuévanos, el rictus caído, con unas nuevas arrugas que no sabes cuándo te han salido, apretando con fuerza los labios, la espalda muy erguida, intentando mantener la dignidad que te están robando a zarpazos. Los dos escuchan al mismo sujeto. El teniente coronel Balas, que siempre aparece en el mejor momento. Antes eran los fiscales los que acusaban. La Policía y la Guardia Civil se dedicaban a obtener los datos, pero nunca las conclusiones. Ahora los fiscales piden la absolución y discuten en los interrogatorios con policías y guardias que condenan con sus juicios de valor. No aportan una prueba concluyente. Lo suyo son conjeturas, deducciones, indicios, sospechas y suposiciones, prejuicios, "se percibe, se intuye". Descartando otras hipótesis. ¿Para qué? Si con esto bastará para que el juez emita su condena. El informe de Balas contra todos los testigos.
La estrategia funciona. Son como dioses. Sus togas, sus medallones y puñetas. Les sale gratis. Pasarán a la historia. Todo bien medido y atado. Pedro Sánchez será el próximo imputado.

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