Opinión
El muerto en el entierro
Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Ana Mato se ha hecho un selfie fúnebre en el entierro de Miguel Pajares. No bastaba con pagarle el vuelo en condiciones especiales desde Liberia a un sacerdote prácticamente condenado y con gravísimos riesgos para la salud pública; además había que traer de regreso a la ministra desde su lugar de veraneo para quitarle protagonismo al difunto. Venga, que no pasa nada, que yo invito. La misma mujer que no sabe cuántos deportivos guarda en el garaje estaba dirigiendo la operación sanitaria más peligrosa que se haya llevado nunca a cabo en este país desde una tumbona. Ya sabíamos dónde estaba Pajares, pero nos faltaba saber por dónde andaba Esteso.
No me parece mal empleado el dineral que ha costado el regreso de Pajares, ni el coste del tratamiento experimental, ni siquiera que en la factura del funeral haya que incluir los gastos de desplazamiento y protocolo de esta señora que no tuvo el bonito detalle de ir a visitarlo cuando todavía estaba vivo. Habría sido un puntazo, una foto de Ana Mato enfundada en una escafandra para hacerse un selfie junto a la cama donde agonizaba Pajares: la primera ministra de un país occidental junto al primer caso de ébola en Europa. Pa-ta-ta. Es toda una tradición democrática la de que los mandamases vayan a dar la cara al epicentro del desastre, pero Ana Mato ha preferido el selfie a virus pasado.
Lo que lamento de verdad son los siete millones de euros que el Gobierno de Ignacio González ha destinado al hospital de Torrejón, un centro privado en manos de Sanitas, para la construcción de un complejo de oncología. Aproximadamente el mismo presupuesto que llevaba años solicitando el hospital Príncipe de Asturias, que carece de un ala de radioterapia y que trata seis veces más enfermos de cáncer que el hospital de Torrejón. José Andrés Cambronero, jefe de Servicio de Cuidados Intensivos del Príncipe de Asturias, ha dicho que se trata de “un negocio redondo para Sanitas”. Y tan redondo, como que no sólo les regalan siete millones de euros de dinero público, sino que encima van a cobrar por la gestión de todos los pacientes de la zona que acaben allí derivados. Primero está la Seguridad Social, que subsiste a base de impuestos, y luego la Consejería de Sanidad de Madrid, que tendrá que hacerse cargo de la factura de Sanitas. Al final yo ya he perdido la cuenta de las veces que pago, pero son un montón. En fin, tampoco pasa nada, que soy muy generoso, estoy forrado y siempre invito.
Probablemente no deba opinar, que por algo me dediqué a las letras, pero me pregunto en qué estaba pensando la gente que quería hacerse millonaria y se dedicó a cosas tan peregrinas como jugar a bolsa o montar una empresa. Así que el neoliberalismo era esto. Bastaba con pedirle siete millones de euros a Ignacio González o hacerse amigo de la ministra, conseguir que te traspasen un hospital entero con sus camas, sus laboratorios, sus quirófanos y sus médicos, y luego poner la mano para llevarse el dinero muerto. Muerto: nunca mejor dicho.
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