Opinión
Mi nido de rojos

Por Marta Nebot
Periodista
Ayer estuve en un buen nido de rojos. Uno grande, bien surtido, éramos más de 20, cada uno de su padre y de su madre. Hubo tiempo para todo: para lanzarse cuchillos, para lamerse las heridas -propias y las de los otros-, para "ay, qué dolor qué dolor", para "ay, qué dolor qué pena", para ya todo está perdido, para espérate un poco que todavía queda. Ya digo: para todo.
Que si a nosotros nos pasó primero y no nos hicisteis ni puto caso, que si ahora os toca a vosotros por no haberle puesto arreglo cuando les pasaba a otros, que si no tenía solución porque Europa no iba a permitirlo, que si no era previsible que llegaran tan lejos, que si no se han arrepentido de no haberlo ni intentado, que si vosotros ya no estáis del lado de todos si no solo del vuestro, que si vosotros no tenéis lado que no sea el propio, que si vosotros os inmolasteis a base de errores no forzados, que si anda que Zapatero dejando las joyas en el despacho que iban a registrar seguro, que si anda que vosotros que no paráis de pelearos y fragmentaros.
Yo me paseaba por los corrillos e iba anotando todo en mi cabeza. Tomar notas habría sido feo. Grabar sin avisar, feísimo. Al fin y al cabo, los quiero a casi todos. En resumen, me dije: se lo están diciendo todo.
La recopilación de lametones de heridas incluyó muchos "madre mía" y un saco de "me cago en la puta".
Hubo también capítulo Aznar y Felipe: ¡qué pronto salieron a pedir elecciones, qué pronto se quitaron de en medio cuando empezaron a abrir cajas fuertes y a registrar despachos!
También se habló de dónde estarán las joyas de los demás -y no solo de los expresidentes-. Miguel Sebastián, el exministro de Industria, contó el sábado en una columna de la competencia cómo se las gastan con los souvenirs en Arabia Saudí, por ejemplo. Incluyó foto del joyerío que le mandaron en una cartera de piel al avión en el que ya partía tras una visita protocolaria. Si esos eran los pedruscos solo por ir -sin llegar a acuerdos ni nada-, lo de Zapatero ya no es de contrabandista, si no de lo mismo que todos los cargos públicos que han hecho visitas a países tan estrambóticamente generosos en las últimas cuatro décadas.
La pregunta que surgía, claro, es: "¿Dónde estarán las del resto?". Seguramente mejor guardadas.
Cuenta el exministro que como no sabía qué hacer con el regalo, aunque los asesores le dijeron que aquí todo el mundo se quedaba con los souvenirs -fueran bisutería o no tanto-, puso una vitrina en el ministerio y expuso los joyones arábigos. Su ejemplo no cundió. Allí sigue la vitrina con su peluco, sus pendientacos, su pulserote y su anillaco cuajados de diamantes y esmeraldas pero muy solitarios, según la foto y el testimonio del exministro, que tampoco llamó a Ansorena para que le valorase el regalito.
Así que, dadas las circunstancias judiciales y policiales, con todos los casos sospechosos de prisas y atropellos ya avanzados: contra el fiscal general del estado, contra la mujer de Pedro Sánchez, contra su hermano; más la amenaza constante contra él en la prensa ultra desde hace más de un año, la pregunta más repetida fue: ¿Cómo es posible que Zapatero dejara sus souvenirs en el despacho? ¿Otro expresidente con complejo de Superman? ¿Estaba seguro de que no le abrirían una causa judicial porque no ha cometido ningún delito y sigue creyendo en la justicia?
También se habló mucho del árbol envenenado del que viene todo este caso. ¿Otro que va a caer por la injerencia de los yanquis, como pasó tantas veces en países latinoamericanos?
¿De verdad será posible que Estados Unidos siga poniendo y quitando presidentes, esta vez destruyendo la reputación del anterior?
¿En serio la causa contra Zapatero puede prosperar viniendo de donde viene, ahora que por fin sabemos de dónde la han sacado -de un teléfono clonado sin orden judicial por el ICE en una aduana, guardado a buen recaudo y entregado motu proprio cinco años después a la Fiscalía española, en medio de una bronca monumental entre Trump y Pedro Sánchez, con el primero amenazando públicamente al segundo de todas las maneras que se le ocurrieron-?
Lo confirmado es que hace mucho que dejamos de hablar de política y que, si seguimos así, se vote cuando se vote, la izquierda ya habrá perdido. La única opción es recuperar una izquierda transformadora, con un proyecto de país valiente y concreto, dijeron de mil maneras distintas los que se niegan a tirar la toalla.
Las esperanzas rojas del nido se sustentaron en que la gente no es idiota, porque tal vez la respuesta a tanta injerencia, a tantas prisas, a tanto "el que pueda hacer que haga", será la vuelta al NO PASARÁN, al menos no con mi voto.
Y, en cualquier caso, la inteligencia colectiva roja allí reunida se puso de acuerdo por unanimidad en que no salvar los escaños en disputa en las provincias pequeñas, en que regalárselos a la derecha para que consigan mayorías absolutas en ambas cámaras, sería completamente suicida e idiota.
Todos daban por descontado que las izquierdas lleguen a algún acuerdo de frente nacional en los territorios en los que enfrentarse solo regalará el escaño a los otros. Lo de Rufián pero seleccionando provincias, donde las opciones sean o ningún escaño para varios o uno para el que se presente en nombre de todos. Lo de Rufián, con o sin Rufián, porque es lo único lógico para, en cualquier caso, evitar lo peor: que la derecha más ultra de la historia de nuestra democracia, incluyendo a los nostálgicos del franquismo, se hagan con mayorías omnímodas en el Congreso y en el Senado que les permitan derogarlo todo, cambiar la Constitución y quedarse con el Constitucional, cuya renovación no paran de retrasar con excusas cada vez más peregrinas. La semana pasada los senadores populares volvieron a posponerla por la festividad cántabra de la Virgen de la Bien Aparecida. Supongo que les cuesta seguir encontrando excusas para mantener el bloqueo en la renovación de este tribunal trascendental que tiene la última palabra judicial, mientras se les llena la boca de justicia todo el santo día.
Al menos frenar algo el golpe político, que no puedan derogar de un plumazo, por ejemplo, el aborto o la eutanasia. Si la izquierda unida o separada les permite eso, si no son capaces de anteponer los intereses de todos a los suyos más mezquinos, entonces sí que el centroizquierda español habrá muerto para varias décadas, como algunos analistas ya ven en sus bolas de cristal de pitonisos.
Y sí, el chiste más celebrado en mi nido de rojos fue: tras el "pillado con el carrito del helado", ha venido el "pillado con el joyero encima". Será tan popular como el primero y no podremos olvidarlo.
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